|
VI FESTIVAL DE JEREZ. PROGRAMA
DE CURSOS
(REFLEXIONES DE ALUMNOS Y PROFESORES)
Una alternativa al esperanto
Silvia Calado Olivo. Jerez, marzo de 2002
"Ahora puedo bailar con un poco de corazón". Esta es la
frase con la que Chi Yuan Lin, autobautizado Paco Lin, concluye su paso por el
programa de cursos del VI Festival de Jerez, que ha congregado a más de
cuatrocientos alumnos de 25 países. Aunque traía cierta base de
Taiwan, las más de setenta horas que en estas dos semanas ha dedicado a
formarse con Manolete, Lola Greco, El Güito e Inmaculada Aguilar le han ayudado
a "tener un mayor control del cuerpo" y a contagiarse de "pasión",
esa que entrevió en Antonio Gades al toparse, allá en la isla asiática,
con 'Carmen', la película de Carlos Saura.

Instantánea de una clase de
María del Mar Moreno (Foto: Daniel Muñoz)
La historia de Paco Lin tampoco dista mucho de la de Cristina -en Alemania,
Kirsten- que derivó su formación hacia la Filología Hispánica
para conocer qué era eso del flamenco, qué era eso que, hace ya
una década, un amigo alemán hacía brotar de una guitarra.
Aunque siente que "el flamenco puede estar aprendiéndose durante toda
una vida", tampoco es cuestión de perder el tiempo. De ahí
que haya aprovechado la oferta de cursos del certamen para formarse con Manolete,
de quien destaca su virtud para "cuidar a los alumnos... si se daba cuenta
de que no cogías algo, volvía atrás, pues es importante la
sensación de que puedes llegar". Paralelamente, investiga sobre qué
es eso que tiene el flamenco para superar obstáculos culturales... incluidos
los lingüísticos.
Curiosamente, profesores y alumnos coinciden en que, como apunta Belén
Maya, "la barrera idiomática no ha supuesto ningún problema".
Sólo había que pasar por una clase para comprobarlo. María
del Mar Moreno, que es filóloga, pero de francés, se las apañaba
preguntando "¿cómo se dice caballos en inglés?".
Al apuntar alguien la respuesta, la profesora indicaba veloz: "Como horses,
no... dancing, dancing". Y el baile hacía el resto, pues "el
flamenco se hace entender por la fuerza que en sí mismo tiene". Y
por la pasión y el fuego y la expresión y la raigambre... "todo
eso es lo que engancha".
Para la mayoría, la mezcla cultural e idiomática ha sido casi
lo más enriquecedor de la experiencia. Ingrid, maltesa que ya pronuncia
Jerez aspirando jota y suprimiendo zeta, explica que "es bonita la mezcla
de gente de todo el mundo atraída por el flamenco pero, además,
el intercambio de direcciones y e-mails". Quizás es que haya un lenguaje
común en esa "danza del alma" en la que, de forma catártica,
"todo el sentimiento personal se saca fuera". Y eso lo dice una maltesa
que, además, se declara enamorada del cante y el toque. Por ello, no es
de extrañar que Carlos, un abogado madrileño, haga hueco en su agenda
para, desde hace dos años, venir "a uno de los mejores sitios donde
se puede aprender flamenco, pues el ambiente aquí es excepcional".
También busca ese hueco Kaori, una oficinista japonesa con miras a hacer
de su afición una profesión. De momento, se conforma con "practicar
y enseñar a chiquititos", como dice en su español de batalla.
Y, para llevarlo a cabo, se lleva algo de la maestría de Matilde Coral,
de quien le fascina "su elegancia, su estilo de enseñanza y su personalidad".

Acto de entrega de diplomas (Foto: Daniel Muñoz)
"Todos podemos"
Tampoco es que llueva a gusto de todos. De todos los alumnos, Pilar es casi
la más escéptica. La alumna argentina, hastiada de lunares y deformación
allende al Atlántico, califica de "for export" la oferta del
certamen, si bien reconoce que "gracias a Internet y a Bill Gates se nos
abrió la posibilidad de acceder al flamenco". En Jerez dice haber
vivido "cosas tan raras como ver bailar a veinte taiwanesas" lo que,
a su vez, le ha transmitido la democrática "sensación de que
todos podemos".
El balance del claustro de profesores ha sido de aprobado general. José
Granero, el maestro, comenta que, de sus alumnos, "ha habido un núcleo
que ha funcionado y disfrutado". También es cierto que otros "se
van cayendo, pues vienen a algo de lo que hay que ser muy consciente de estar
preparado". Y eso es, a su entender, "no sólo técnica,
sino desarrollo personal en la danza". Por su parte, María del Mar
Moreno casi no daba crédito a la capacidad y a las ganas de su grupo: "En
apenas tres días, ya tenían montadas unas bulerías".
En los contras, también ha habido acuerdo. Desde Antonio el Pipa a Belén
Maya, pasando por Granero y Matilde, todos han notado la diferencia de niveles.
De hecho, ya están planteando cómo solucionar el obstáculo
de cara al próximo curso.
Y es que quedan ganas de repetir, por ambas partes. Se mascaba en el ambiente
de la Bodega de San Ginés durante la ceremonia de entrega de diplomas,
por supuesto, regada con vino de la tierra. Alumnos fotografiándose con
maestros, intercambios de direcciones y rostros ya de prematura nostalgia. El
deseo de Angelita Vargas parecía cumplido: "Espero que se lleven un
poquito de esa sensibilidad que tiene el arte flamenco". Con una pataíta
por bulerías lo demostraron.
|