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FESTIVAL DE JEREZ 2003
María del Mar Moreno: Septiembre (Teatro Villamarta)
El crítico, a prueba
Silvia Calado Olivo. Jerez, 28 de febrero de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
El crítico volvía a encontrarse con el problema. ¿Juzgaba
el espectáculo como teatro o como flamenco? Estaba claro que la intención,
como apuntaba el crítico Julio Bravo (ABC) en su exposición
sobre este dilema en 'La tertulia de la bodega' horas antes, era comunicativa.
Había dramaturgia, incluso dramatis personae. Si juzgaba 'Septiembre',
la primera apuesta argumental de la bailaora María del Mar Moreno, como
teatro tenía que decir que la obra, supuestamente planteada como una tragedia
griega, cojeaba. Aspectos como la estructura, el ritmo, la narración, la
puesta en escena o la simbología fallaban, quizás pecaban de inmadurez.

María del Mar Moreno y Antonio Malena
Si juzgaba 'Septiembre', uno de los seis estrenos de este festival, como flamenco...
el análisis tenía que ser necesariamente diferente. Parafraseando
al también crítico Joaquim Noguero (La Vanguardia), dependiendo
de las aptitudes de cada cual, el juicio podría ser "gramático
o lexicológico"... o una mixtura. María del Mar Moreno, dotes
interpretativas al margen, bailó y lo hizo con calidad. Asida a la tradición,
compensó cuerpo y percusión, silencio y musicalidad. Tino y tiento,
arrebato y sentimiento. Juan Ogalla y María Bermúdez, en sus respectivos
números, también dejaron buen sabor de boca, mejor el primero que
la segunda. Antonio Malena cantó con solvencia, sorprendiendo el atrevimiento
a acometer la petenera, desafiando al mal bajío que tiene a este
estilo condenado a un absurdo ostracismo. Tampoco decepcionó el coro de
luises (Luis de Pacote, Luis Moneo, Luis de la Tota): ni por bulerías
ni guiando al golpe la soleá. El detalle es que decían letras inéditas
compuestas ex profeso para la ocasión. "Contigo en la soledad, hojas
de otoño cayeron". Un apunte: María del Mar Moreno cantó.
Cantó una nana, ella que se confiesa cantaora frustrada, y dio la talla.
La música (José Zarzana al piano, Domingo Rubichi y Santiago Moreno
al toque, Enrique Orellana al violín) allá tras el velo, fue contenida
y correcta tanto limitada a hacer base, como cuando mostraba intención
de dar apoyatura a una historia que resultó ser introspectiva, oscura,
incluso lúgubre, como al borde de la muerte. Al crítico le faltaba
aún un punto de vista: la reacción del público. Se reventó
a aplaudir, así sucedió. A compás y sin compás, mientras
seguían cayendo las hojas secas. Pero el crítico, que es ser complejo,
quería más respuestas: ¿A qué o a quién aplaudía?
Mascullando la cuestión quiso seguir el camino marcado en el programa.
La jornada -por cierto, Día de Andalucía- había sido larga.
Los caballos de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre (tristemente domesticados),
la tertulia, el cantaor gaditano Juan Villar por la tarde en el Museo Taurino,
el teatro... Y ahora la peña. Once de ellas participan en el festival.
Y le tocaba a La Bulería. Si como habían apuntado los directivos
de la federación local en la Bodega de San Ginés, abrían
sus puertas "como espacio de relax tras la finalización de la jornada,
como lugar donde vivir el flamenco distendida y participativamente", no había
motivos para negarse. Que consiguiera o no abrirse paso entre la multitud que
abarrotaba el local es ya otro cantar...

Tertulia de la crítica de danza
revista@flamenco-world.com
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