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FESTIVAL DE JEREZ 2003
Farruquito / Diego Carrasco (Teatro Villamarta)
Energía
Silvia Calado Olivo. Jerez, 10 de marzo de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Ni se crea ni se destruye. La energía se transforma. De María
del Mar Moreno a Farruquito, de Farruquito a Diego Carrasco... Las palabras que
la bailaora jerezana profirió acerca del baile de su tierra iban de ella
cargadas. Fue en la Bodega de San Ginés, a última hora de la mañana,
cuando se sentó a decir que el estilo jerezano de baile, no tanto escuela,
está supeditado al cante, de ahí que su despegue esté siendo
tardío. Con el mismo brío confirmó que Jerez tiene demasiado
peso sobre quien busca evolucionar: "Muero con mi gente de Jerez, pero eso
no significa que yo no vea que el mundo es más grande". Y entonces
irrumpió la otra invitada, Angelita Gómez, la primera bailaora que
montó academia en la ciudad. Y dio otras claves: "El baile de Jerez
es de adentro, se baila con el corazón, con el alma, con redaños,
porque no hace falta mucha técnica, sino compás". Ahora bien,
"el artista nace, pero hay que hacerlo y si cae en manos que no saben modelarlo,
sale defectuoso". La energía fluía de un extremo a otro de
la bodega en lo que se convirtió en uno de los más bullentes coloquios
de los convocados...

Farruquito
Y, rápidamente, buscó quien pudiera seguir transformándola.
La energía quiso manar de Farruquito, que se presentaba en el Teatro Villamarta
con un concentrado de su habitual espectáculo, acompañado por su
hermano Farruco, por su tía Pilar y por los pequeños de la saga.
El bailaor sevillano, al que aguardaba un público inusualmente ruidoso,
hizo aparición un cuarto de hora tarde. Entró con Farruco, ambos
como salidos de chiqueros, plantándose en medio de la tabla por seguiriyas.
La sabiduría concentrada en pocos años. La energía que se
sabe contener en el levantar un brazo, la que se sabe dar en el vertiginosos remate.
Se retan, se contestan, se dejan hacer el uno al otro. Y el público les
devuelve gritos, silbidos, aplausos... José Valencia (al que casi hay que
proclamar cantaor oficial del festival), Antonio Villar y Jorge el Canastero se
quedaron cantando, con Román Vicenti y Raúl el Perla al toque, por
bulerías. Y las vino a bailar Pilar, hija del maestro Farruco, sabrosa
en su difícil orondez. (Por cierto, flaco favor hace a una figura un atrás
que se comporta a estilo compadre: ese ir y venir innecesario, esos litros de
agua...). Juan Fernández, Farruquito, volvió por soleá, el
estilo que está dejando huella en este teatro. Viene caminando con calma,
las manos a la espalda haciéndose pitos. La respiración, contenida.
¿Cuándo romperá? Cuando el cante se lo permita, pues es escuchante
y ser musical. Y cómo anda, cómo se planta, cómo se posa,
la chaqueta asida, el puño apretado, cómo se estira tocando el cielo.
Ya se quita la chaqueta, ya se saca la camisa. El impulso, la rabia, la energía.
La soleá se hace bulería sin interrupción para dar voz a
esos niños, cancerberos todos de una dinastía sin peligro de extinción.
Esos que son ya más que chiquillos graciosos. Clamor.
Y si alguien podía tomar el testigo energético era, sin duda,
Diego Carrasco, la única excepción de este festival a la danza.
Cantaor, cantante, tocaor, compositor, compás en esencia, Jerez todo. Con
una actitud entre rockera de barrio y flamenca de calle, abrió el telón
con los "cristales de luz negra", dejando que la banda tomara cuerpo
desde ya: Diego de Morao, a la guitarra flamenca; Jorge Vidal, a la eléctrica;
Ignacio Cintado, al bajo; Nono, a la batería; Luis Carrasco y Juan Grande,
a las percusiones; y Joaquina y Carmen Amaya, Ana María González
y Lucía Montoya, a los coros y palmas. Guitarra en ristre y suficiente
espacio para la medio pataíta, para el paseo, para el roneo, para el (encantador)
caos... ¿quién dijo que la energía es ordenada? Y con ese
cante fragmentado por bulerías se acordó, en este día de
los pescaeros, de Fernanda y muchísimo de su madre Luisa. "No
lo va a saber si momá"... cantado por él no sé cuántas
veces a lo largo de la noche y hasta por Moraíto, al que invitó
al micrófono. Y la 'Nana de colores' cantada por todas Las Peligro y el
niño de Diego, al que el padre conmina a apuntar la 'Mariposilla verde'.
El punto álgido de la noche fue 'Libertad', unos tangos que, aparte de
avanzar el próximo disco, clamaron contra la guerra. "Cuántas
muertes, Dios mío, tendrá que haber, para que el hombre algún
día se ponga en pie, y grite al viento pidiendo su libertad". Diego
Carrasco siguió chapurreando compás, invitando a sus acompañantes
a solear, hablándole a su madre, a Jerez... y a todos los inquilinos allí
reunidos, muchos de los cuales se sintieron -a pesar de las recomendaciones- incómodos
en tal condición y desertaron, todo hay que decirlo, no poco indignados.
Y tanto más, cuanto más se soltaba. 'Yo, marinero'. 'Química'.
La versión por bulerías del internacional 'Aserejé' espantó
a todo el reacio, que allí quedaba, a participar del derroche de energía
y a complacer a los compinches que entendían los guiños. Energía...
se mostró libre, natural, dadivosa. "¿Quién soy yo?
Vuestro".

Diego Carrasco y Moraíto
revista@flamenco-world.com
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