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FESTIVAL DE JEREZ 2003
Sara Baras: Mariana Pineda (Teatro Villamarta)
El niño crece
Silvia Calado Olivo. Jerez, 11 de marzo de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Y bajó el telón. El niño de siete años, que tan
rápido crece, se fue a dormir. El Festival de Jerez 2003 cierra con un
balance más que positivo, según datos ofrecidos en la última
cita de la Bodega de San Ginés por su director. Paco López explicó
que en las noventa y cuatro actividades programadas han participado 19.540 espectadores,
lo que supone un incremento del veintidós por ciento respecto a la edición
anterior. Lejos de lecturas triunfalistas, López dejó clara cuáles
son las debilidades de este encuentro especializado en baile flamenco y danza
española. Por una parte, subrayó el escollo financiero pues, salvo
el Ayuntamiento de Jerez -patrono de la Fundación Teatro Villamarta, entidad
organizadora del certamen-, ninguna Administración pública ha hecho
aportación alguna al presupuesto, que podría rondar los 750.000
euros; y aún es pequeña la participación de empresas privadas
(Unicaja, Ono, Consejo Regulador del Vino de Jerez y González Byass). Por
otra, también se refirió al "mayor esfuerzo en comunicación
que habrá que hacer en el futuro, a pesar de que ya son 45 los medios acreditados,
de los cuales un 17 por ciento son internacionales; y a una deseable mayor implicación
de la ciudad con el festival, no sólo por parte de la ciudadanía,
sino también de las instituciones responsables de la promoción turística.
Sobre el contenido del festival jerezano, Paco López dejó claro
que "partimos de una realidad: el mundo de la danza flamenca no da de sí
para ofrecer trece espectáculos anuales de calidad, pues no lo permite
la demanda internacional". A ello se suma el propósito de "desarrollar
un proyecto para mayorías, desde el punto de vista de que el público
estará más o menos instruido, pero nunca se equivoca". Y, según
este razonamiento, como ningún día se ha equivocado, pues noche
tras noche el teatro ha acabado tocando las palmas por bulerías, la programación
ha sido de lo más atinada en su diversidad.

Sara Baras
También sucedió en la velada de clausura... Sara Baras acabó
poniendo el Teatro Villamarta en pie con 'Mariana Pineda', una macroproducción
que, si bien pasa de puntillas por el drama lorquiano y, más aún,
por sus implicaciones políticas, muestra un coordinado esfuerzo colectivo
de puesta en escena. En primer plano se sitúan tanto la genial música
compuesta por Manolo Sanlúcar que conduce fluidamente la obra con guitarras,
percusión, cuerdas y vientos; como la escenografía y la iluminación,
que generan, con el juego de celosías y espejos, cuadros de bellísima
estética en diferentes capas. Ya más en segundo plano queda el guión,
que hace la historia del todo incomprensible a pesar de que el referente es popular;
y el trabajo tanto coreográfico como interpretativo de Sara Baras, en exceso
liviano y parco en recursos. Tampoco el cuerpo de baile, en especial la facción
masculina colaboradora (José Serrano, Luis Ortega y Miguel Cañas),
aporta demasiado brillo al conjunto. Agradable, digerible, apolíneo, profesional
y bonito, diríase. Ecuación perfecta para dejar un saborcito suave
y ligeramente dulzón en el retrogusto a la caída del telón.
El niño de siete años ya está soñando con ser mayor.
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