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FESTIVAL DE JEREZ 2003
Eva la Yerbabuena: La voz del silencio (Teatro Villamarta)
Éxtasis
Silvia Calado Olivo. Jerez, 2 de marzo de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Si una virtud tiene 'La voz del silencio' es conducir a Eva la Yerbabuena en
volandas hacia un estado de éxtasis que la hace ser sólo sustancia,
sin dejar de ser corpórea. La bailaora granadina, como en trance, acaba
bailando por el escenario (o levitando, quién sabe) una soleá que,
como fin, desdibuja el medio. Y, en tal coyuntura, termina no ya transmitiendo,
sino atrapando el sentir del receptor que, irremediablemente, ha de sentirse afortunado
por haber participado de esta ceremonia de comunicación artística.
Lágrimas han corrido por estas letras, negando cualquier atisbo de objetividad.
Avisado queda el lector. Humanos somos.
  
Eva la Yerbabuena
Pero intentemos tomar distancia... Eva la Yerbabuena mostró en Jerez
un espectáculo positivamente revisado a partir del estreno en la Bienal
de Flamenco de Sevilla. Despojado de ornamentos contingentes como el recitador
de poemas, aprovechadas con mayor decisión las posibilidades expresivas
del cuerpo de baile, se facilita la ingesta. Y ello no quiere decir que la teatralización
de la obra se haya zafado de recursos de efectos predecibles de tan ajados. Ni
tampoco que no haya elementos que hilen con contundencia la historia de esa mujer
que se debate con su destino atrapada en el estado de coma. La música firmada
por Paco Jarana -que tiene la cualidad, además de la extrema belleza y
brillante ejecución de manos de Antonio Coronel (percusión), Salvador
Gutiérrez (guitarra) e Ignacio Vidaechea (saxo-flauta), de invitar a no
querer distinguir entre uno u otro palo... fluye y ya está-, el guión
y la escenografía de Hansel Cereza -con motivos espectaculares para lo
que acostumbra a ofrecer el flamenco de formato teatral-; la iluminación
firmada por Ziggy Durán; el cante de Segundo Falcón, Enrique Soto
y Pepe de Pura; y hasta el original vestuario de Francis Montesinos crean el ambiente,
la tensión y la intención óptimas para un baile que tantas
veces es danza por mor del bailarín contemporáneo Patrick de Bana,
que acomete con la protagonista una desgarrada y bella escena de sometimiento
y liberación; de Edu Lozano; y de la propia Eva. Conmoción, esa
fue la causa. Y la incontenible ovación, la consecuencia.
Que este y todos los montajes programados en el festival lleguen a exhibirse
cada noche en Teatro Villamarta exige que todo un engranaje económico se
haya puesto previamente en marcha. Y sobre este asunto había abierto quien
suscribe un coloquio esa misma mañana en la Bodega de San Ginés,
a raíz de la presentación de un estudio titulado 'El negocio del
quejío' que, a pesar de ser becado por la Bienal de Sevilla, esta institución
ha decidido dejar inédito. Tras la introducción de Fernando Onrubia,
delegado del diario económico 'Expansión' en Andalucía, expusimos
la realidad actual del tejido económico encargado de la producción
y distribución del flamenco que, en síntesis, lucha por despojarse
del lastre de la desorganización que la supervivencia y el duende han instituido;
y que tiende a la gestión profesional, lo cual entraña no menos
retos. El tema provocó uno de los debates más participativos de
los hasta ahora incluidos en 'Las tertulias de la bodega'. Ello dejó entre
los instigadores la sensación de que, por fortuna, algo está cambiando.
Y eso lo dice la autora de una obra, de momento, silenciada por el duende.
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