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FESTIVAL DE JEREZ 2003
Compañía Antonio el Pipa: De la tierra (Teatro Villamarta)
Cante sobre baile
Silvia Calado Olivo. Jerez, 5 de marzo de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Solapar a Antonio el Pipa sobre un escenario es casi imposible, casi. A no
ser que él mismo are el terreno para que se dé tal circunstancia.
Y así lo hizo para estrenar este año en el Teatro Villamarta, pertrechándose
en un dúo cantaor de altura y autóctono. La grandeza de Fernando
Terremoto y El Torta, unida al holgado espacio que a cada uno se le concedió,
hizo casi olvidar el marco, un espectáculo de yuxtaposiciones deshilvanadas
al que el bailaor jerezano, director artístico y coreógrafo, había
bautizado como 'De la tierra'.

Antonio el Pipa y Tía Juana
Apareció la silueta en sombra de El Pipa por seguiriyas, acompañado
al cante por Fernando Terremoto, a un lado, bajo luz cenital. La voz entera, hecha,
rotunda. Las manos, los brazos, la pose, la presencia. "¡Ole lo puro!",
grita el respetable que acude a cada uno de sus estrenos en el "coso"
jerezano como si se tratara de ceremonia litúrgica, de ineludible acto
social que aquí otorga condición de ciudadano. El Pipa se quiere
y, por eso, se da a querer. Y en ello se regocija, a veces incluso olvidando el
baile, ese baile suyo de pies para arriba. Tres cantaores dilataron el número
'Quebranto', soleares por bulerías a cargo de Manuel Tañé,
José Valencia y la terriblemente cavernosa Juana la del Pipa, acompañados
al toque por Pascual de Lorca y Juan Moneo. Bajo el epígrafe 'Inquietudes'
el bailaor vino, vestido de corto, de la mano de El Torta -recibido con aplausos
ya en la primera frase-, por alegrías. El cante, directo y certero, horneado.
El baile, blando, evidente. El público, desleído. 'Heredero' era
otro número de cante, esta vez protagonizado por Terremoto hijo, quien
se templó con añejo preciosismo por malagueñas y se epilogó
alante con unos fandangos a pulmón limpio. "¡Viva la dinastía!".
El Pipa volvía a bailar, también volvían la cantaora y
la soleá. Tía y sobrino, ambos de negro, se retaron en un duelo
de cante y baile, que derivó hacia la bulería... y allí encontró
el baile donde destilar sabor. El protagonismo volvió a desplazarse, ahora
hacia El Torta, quien retomó la bulería del terruño, antes
de salir a pie de escenario para, rodeado de doble cañón de luz,
darse del todo por tonás (a pesar de las limitaciones de la microfonía).
'Sones de fragua'. Tras el telón, todo estaba preparado para la fiesta
en semicírculo. Todos fueron tomando la palabra con vueltecita, por supuesto.
Todos fueron ovacionados, incluso el chiquillo orondo. Y El Pipa dejándose
hacer sombra.
Por una enseñanza reglada
Durante dos horas y media, sin descanso, se había prolongado la velada
del Teatro Villamarta. A esa hora, la berza (típico potaje de legumbres
y chacinas de Andalucía la baja) con la que la organización cargó
las pilas a la prensa aquí destacada, estaba ya más que digerida.
La peña de guardia, la de Don Antonio Chacón, podría brindarse
a la reposición... y a la reflexión sobre, por supuesto, el baile,
ese tema que está en continuo análisis en este festival. Hacía
ya unas cuantas horas que en la Bodega de San Ginés Javier Latorre había
presentado su 'Rinconete y Cortadillo', versión de la novela cervantina
ante la que su creador pide "que nadie se corte a la hora de reírse".
Habló el valenciano del equipo que lo ha acompañado en esta aventura
y también de sí mismo. Al ser preguntado por una eventual aparición
sobre las tablas contestó que no tiene "ninguna asignatura pendiente
con el escenario. Ahora me interesa crear, enseñar, escribir... abordar
otros aspectos de mi profesión. No rechazo un papel acorde con mis condiciones
físicas, pero no voy a bailar a saco".
Precisamente, sobre un aspecto como la enseñanza departieron Victoria
Eugenia y Rocío Coral, moderadas por la antropóloga Cristina Cruces.
De las palabras de ambas docentes, una de clásico español y la otra
de flamenco, se desprendió una conclusión fundamental: la necesidad
de que se institucionalice una enseñanza reglada del flamenco. De paso,
se rozaron temas interesantes como la falta de formación continúa
pues, según explicó la hija de Matilde Coral, "no hay mucho
profesional estudiando"; la homogeneización del baile entre el hombre
y la mujer; las trabas culturales que impiden que los chicos estudien baile, lo
que llevó a la maestra Victoria Eugenia a decir que "debería
ser obligatorio que todo el mundo aprendiera a bailar en el colegio"; el
creciente interés por el aprendizaje del baile flamenco fuera de las fronteras
españolas; que ser profesional de la interpretación no capacita
necesariamente para la didáctica; y, por supuesto, la defensa de los preceptos
de la escuela sevillana. Tema había hasta el amanecer...
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