|
FESTIVAL DE JEREZ 2003
Javier Latorre y Compañía de Danza: Rinconete y Cortadillo (Teatro
Villamarta)
Guadiana: recital de cante (Museo Taurino)
Trío Jorge Pardo + Carles Benavent + Tino di Geraldo (Bodega Los Apóstoles)
Transfrontera
Silvia Calado Olivo. Jerez, 6 de marzo de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Con lo autosuficiente que esta ciudad suele ser, que casi cuenta en las páginas
de su prensa local el porcentaje de jerezanos que a este festival concurren, fue
interesante que una jornada entera fuera protagonizada por foráneos...
y no sólo de allende las fronteras del pueblo, sino de las de Despeñaperros.
Guadiana -Badajoz- por la tarde en el acústico del Museo Taurino; la compañía
de Javier Latorre -Valencia- en el Teatro Villamarta; y el trío que forman
Jorge Pardo -Madrid-, Tino di Geraldo -Asturias- y Carles Benavent -Barcelona-
diversificaban el mapa de este arte. Haciendo la salvedad del recital de cante,
el resto de convocados tejieron un tapiz flamenco de calidad, de talento, de contemporaneidad.
Y quede el acento en este último aspecto pues, como señaló
Manolo Sanlúcar en la tertulia matinal dedicada a la composición
de música para baile, "el flamenco es tan enorme que todavía
está a gatas". Qué importa, pues, lo patrio, lo genealógico,
lo excluyente.

Compañía de Javier Latorre
Arrancó el cartel del día con Guadiana toreando la ausencia de
amplificación entre metafóricas escenas de lidia. El cantaor pacense,
en todo momento auto apremiado por el reloj, eligió un repertorio variado
y tradicional, alejado de la legibilidad de su último disco, 'Brillo de
luna' (Nuevos Medios, 2002). Con la poca ayuda que la guitarra de Camarón
de Pitita le prestó en el acompañamiento, tuvo complicado salir
airoso de los retos vocales que se imponía. Tanto la taranta como la malagueña
de Chacón se le atragantaron, si bien defendió saga por tientos
tangos, estilo en el que desplegó toda la musicalidad de su garganta.
El eco de los fandangos finales del cantaor de la dinastía Porrina condujo,
casi sin respiro, hasta el escenario grande del festival. Javier Latorre y Compañía
de Danza presentaban 'Rinconete y Cortadillo', la adaptación de la cómica
y crítica novela ejemplar del autor de 'El Quijote'. Como ya hemos comentado
en anteriores reseñas sobre este montaje (ver enlaces), la obra hace confluir
baile flamenco, cante, música contemporánea-barroca-flamenca, teatro,
arte plástico y humor, mucho humor, con una creatividad aplastante; por
ello es que nada es innecesario, todo tiene un porqué, todo ensambla con
todo. Por subrayar aspectos en una tercera lectura, aparte del buen hacer de José
Valencia en el papel de Monipodio en sustitución de Enrique el Extremeño,
de nuevo el trabajo coreográfico de Latorre, el interpretativo de la compañía
en general y esa cuidada estética que compone estampas de pincel barroco.
Ah... y la ironía. ¡Ah, la ironía!

Guadiana
|

Trío Jorge Pardo
|
Con la sonrisa puesta, como ocurre con rarezas como 'Dime' de Javier Barón,
la procesión de aficionados llegó hasta la bodega de González
Byass, justo enfrente del Alcázar de perfiles noctámbulos. Jorge
Pardo, saxo y flauta, Tino di Geraldo, batería, y Carles Benavent, bajo
eléctrico, "contentos de estar en este sitio lleno de solera",
revolvieron el contenido de los toneles con su trenzado musical. De paso por el
flamenco, de acá para allá con el jazz, el blues o el rock, acometieron
composiciones de unos y otros como 'Eterno', como 'Viva Cai', tanguillos, tangos,
bulerías... El grupo, ejemplo de compenetración, masajeó
a la audiencia, la tensó, la emocionó, la zamarreó y, sobre
todo, la colmó de placer. "Tenemos tanta música que tememos
aburrir". Nada de eso, Jorge. Dadnos más... Y hasta bis hubo: una
revisión del 'Amor Brujo' de Manuel de Falla que animaba tanto a descoyuntar
cráneos, como a pinzar las sensibilidades. Tarareando "igual que este
fuego fatuo, igualito..." se fue la jornada, apagándose con el rocío
que humedecía la recién descubierta estatua de Lola Flores.
revista@flamenco-world.com
|