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FESTIVAL DE JEREZ 2003
Mayte Martín y Belén Maya: Flamenco de Cámara (Teatro Villamarta)
Mayteybelén. La simbiosis
Silvia Calado Olivo. Jerez, 8 de marzo de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Que nadie se asuste. Que nadie piense que viene un nuevo inventito fusionador.
Calma, pensad metafóricamente. Id un poco más allá de la
palabra, mirad su envés, pues 'Flamenco de Cámara' es tan sólo
un título evocador, que clama por la sobriedad y la sencillez, que confirma
el destierro de la ornamentación, de todo lo contingente. Esa es la apuesta
de Mayte Martín y Belén Maya, esa fue en 'Mayte + Belén'
y esa es en este montaje cuyo estreno tuvo el privilegio de acoger el Teatro Villamarta.
Como el éxito del pasado año en el festival les cogió por
sorpresa, en esta ocasión reconocían sentir una mayor responsabilidad...
de ahí, quizás, la perfección con la que acometieron la puesta
en escena de este nuevo ejercicio de simbiosis.

Mayte Martín y Belén Maya
La salida fue escalofriante. Belén Maya con bata de cola blanca. Mayte
Martín la esperaba de pie en medio de la banda de luz, dejándose
enrollar por la suave ola de volantes. Soleá. Silencio. Espirales. Homenaje
a La Toná (Belén sabe por qué). Quedó la cantaora
acompañada de la guitarra de Juan Ramón Caro por guajiras. Iba y
venía columpiándose, de dentro a afuera. Canto cante almibarado
y salpicón. Y siguieron ambos jugueteando con el garrotín, al que
ennoblece el valor de lo inusual. Pajarillo, ella. Lo antiguo revitalizado. La
base engrandecida. Ya con toda la compañía reunida (José
Luis Montón a la guitarra, Olvido Lanza al violín y Susana Medina
y Ana Cali a las palmas), el cante se puso a conversar con el movimiento por tientos,
a inspirarlo. Belén Maya desplegó todos los matices de su particular
forma de entender la danza flamenca, una de las escasas individualidades del momento.
El escorzo, el brazo, el hombro, el extremo comedimiento en el uso del pie (sólo
cuando debe enfatizar), la cabeza siempre firme -timón-, la sensualidad
sin erotismo, la música, ese mover cada nota...

Belén Maya
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Mayte Martín y Belén Maya
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José Luis Montón se quedó a solas con su bajañí
para dar tregua sin introducir fisuras en el hilo conductor del montaje. Y para
ello tomó una de las redondas composiciones de 'Manantial' (Warner, 2002),
el disco en el que departe con el violinista armenio Ara Malikian. Y llegó
el clímax, aquí, en el centro de la obra. Y fue por alegrías,
como un año atrás. Belén Maya eligió el amarillo para
su segunda bata de cola. Describir lo ocurrido es complicado, pues no sólo
hubo un excepcional baile de cola, un excepcional cante por cantiñas y
un excepcional acompañamiento musical -subrayada quede la introducción
del violín en el silencio-, sino lo que muchos de los asistentes tildaron
de "buen rollo". La complicidad entre Mayte y Belén rompió
en risas... y todo el auditorio participó de ello. Belén, ahora
extrovertida, provocaba a Mayte... quería jugar con la bata, volverla a
suspender en el aire, recogérsela tal vez con la punta de los dedos, quería
enroscársela al cuerpo. "¡Ay, caray, caray, caray!". Comienza
el descenso para cerrar el círculo con el mismo tono con el que empezó.
Así Mayte cantó por seguiriyas, recordando ese hacer preciosista
denostado. La potencia cuaja con la delicadeza. La emoción con la emoción.
La sobriedad, in crescendo. Sólo lo necesario, también en la iluminación.
Y vuelve la compañía con aire minero, por taranto para atar principio
y fin. Respeto, tiento, introspección. Ella y ella.
Ssssshhhhhhh. Por cierto que la jornada, ya la décima, comenzó
con una tertulia sobre la bibliografía flamenca, se desperezó de
la siesta con un acústico de la cantaora granadina Carmen Carmona en el
Museo Taurino, escenario que el día anterior ocupó Elu de Jerez,
y se retiró con el multiinstrumentista sevillano Diego Amador en Los Apóstoles.
El café cantante clausuraba así su festival de estreno, con esperanza
de continuidad.
revista@flamenco-world.com
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