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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ
2004
Andrés Marín. Tomatito
Creación
Silvia Calado. Jerez, 9 de marzo de 2004
Photos: Daniel Muñoz
Ficha artística. Primera parte. 'Más allá
del tiempo'. Andrés Marín: baile, coreografía, dirección
artística y musical. Mercedes Ruiz, Leonor Leal: baile. David Lagos, Encarna
Anillo, Londro: cante. Canito, Juan Requena: guitarra y dirección musical.
Juanmi Guzmán: contrabajo. Rafael Álvarez: acordeón. Rafael
Fernández: viola. Javier Trigos: clarinete. Javier Requena: percusión.
Segunda Parte. Tomatito: guitarra. Potito: cante. Bandolero: percusión.
Diego Amador: bajo y mandola. Bernardo Parrilla: violín. Joselito Fernández:
baile. Teatro Villamarta. Jerez de la Frontera (Cádiz, España),
9 de marzo de 2004. 21 horas.
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Andrés Marín

Mercedes Ruiz
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Vuelve el baile. Vuelve la creación. Andrés
Marín vino a cubrir con un ya madurado 'Más allá del
tiempo' el hueco que ha dejado estos días el ballet argumental. El bailaor
sevillano expuso su personal propuesta dando, de paso, una alegría a quienes
echaban de menos no ya la creación, sino el baile. El montaje dio -en el
baile, en la música y en la puesta en escena- lecciones de profesionalidad,
de detallismo y de originalidad, valor que escasea. "Estar loco y no sentir".
Estar 'loco por sentir'. Con este mensaje se presentó el bailaor sevillano
en el escenario, acometiendo palos tan raramente bailados como la malagueña,
la granaína y la media granaína. Inquieta y conmueve su modo de
pararse en el escenario, sorprenden sus extraños movimientos, la atonalidad
de su danza, tan estética, tan única, tan precisa. Ya se apreció
en esta primera escena el valor añadido de la música, compuesta
por los guitarristas Canito y Juan Requena, hecha para que cada nota (y cada silencio)
diga algo, para que cada instrumento provoque algo, y para que el baile dialogue
con ella... cuando habla y cuando calla. Nada se derrocha en esta obra, diríase
que minimalista.
Conteniendo la mirada en territorios fandangueros del oriente andaluz, Mercedes
Ruiz y Leonor Leal bailaron a dos los verdiales 'Ronda y Málaga', destacándose
la primera por una danza interiorizada, madura, bella, perfumada de 'yerbabuena'.
La soleá por bulerías 'Emilia' trajo de nuevo la mesura y contención
de Andrés Marín que, sin ser de digestión fácil, fue
entendida por el público. Metálico, rectilíneo. Y el cante,
acicate interno. Encarna Anillo, iluminada desde el lateral sólo de rostro,
regaló una preciosa saeta (cuyo silencio rompió un maleducado teléfono
móvil). La voz aterciopelada, sentida. Aplausos para ella. Un clarinete
y un violín se colocan de pie ante un telón blanco, tocando la elegía
de Stravinsky. El bailaor lo cruza de lado a lado portando un mantón blanco
y arrastrando las botas grises, como un paso de misterio. El mantón se
lo deja a Mercedes Ruiz para que, con una bata blanca de semi cola, baile por
peteneras. Canito toca delante la guitarra, con la cantaora en pie a su lado.
El número es un poema. La seguiriya la hace el bailaor más despojada
de adornos, si cabía, percutiendo y callando con la precisión de
un cuchillo afilado. Un acordeón espera a la bailaora, vestida ahora de
rojo, y bailando por tientos. Cuando el ritmo se acelera, los tres bailaores se
encuentran sin darse por aludidos y cierran esa huida del tiempo presente, del
tiempo del reloj que supone este primer espectáculo en solitario de Andrés
Marín, tan apreciado en los escenarios galos. El próximo está
ya fraguándose. Ovación y público en pie.
'Bonus track'. Tras el descanso, Tomatito y grupo ofrecieron el recital que
mueven por los escenarios desde hace varios años. El toque claro y expresivo
del guitarrista almeriense deleitó a la asistencia, cuya fibra fue tocada
por el repertorio extraído de 'Paseo de los castaños', su último
disco. Bulerías, taranta, rumba, más bulerías, 'La vacilona'...
Y es que este vivo recital es siempre valor seguro. Esta guitarra es ora potente,
ora balsámica. Y en comunión con el bajo y la percusión crece,
se alimenta y alimenta. Lo compacto de la banda, lo rodado de las piezas, hace
que el recital camine fluidamente. Todo un placer. Vuelta al ruedo.

Tomatito
De Japón a Jerez
La sala La Compañía hablaba japonés esa tarde. Los bailarines
nipones Mami y Hiro pusieron en escena 'Sonezaki', un ballet teatral que narra
la historia tradicional japonesa de un doble suicidio por amor, usando el flamenco
como uno de sus recursos expresivos. La obra, dirigida por el famoso compositor
Ryudo Uzaki y producido por la letrista pop Yoko Aki, puso el toque de exotismo
foráneo, aliviando de la sobredosis de flamenco. Una lectura de la obra
desde este lado de la barrera es que el flamenco se está incorporando,
como un lenguaje más a la creación escénica internacional,
al igual que un guitarrista flamenco emplea un giro jazzístico o rockero.
De hecho, Mami y Hiro no renuncian a la idiosincrasia nipona, ni tampoco intentan
imitar a un bailaor o a un cantaor flamenco. El zapateado se contrapone a la delicada
figura, el recogerse se enfrenta al extrovertido plante, el zapateado es un modo
de enfatizar los sentimientos... Y las canciones sobrevuelan los ritmos flamencos
-alegrías, rumbas, bulerías- pero no se encajan en su estructura.
También es de apreciar lo elevado de la producción, la calidad de
la puesta en escena, el vestuario. Fue una suerte tener aquí otro punto
de vista que conocer. A propósito de la globalización...
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