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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ
2004
Ángeles Gabaldón. Miguel Poveda.
De denuncias, cantes y otras flamenquerías
Silvia Calado. Jerez, 5 de marzo de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Ficha artística. Primera parte. 'Inmigración'.
Compañía Ángeles Gabaldón. Ángeles Gabaldón,
Marco Vargas, Fani Fuster, Felipe Mato, Lourdes Recio, Nicolia Morris, François
Soumah, Chloé Dauphin: baile. Manuel Lombo, Jallal Chekara: cante. Daniel
Méndez, Óscar Lago, Keko Baldomero: guitarra. Antonio Montiel: percusión.
Javier Latorre, Ángeles Gabaldón, Marco Vargas: coreografía.
Daniel Méndez, Jallal Chekara, Keko Baldomero, Manuel Pérez, Pata
Negra: música. Juan José Téllez: letras. Fernando Álvarez-Caballos:
guión y dirección. Yvan Schreck: vídeos. Segunda parte. Miguel
Poveda: cante. Chicuelo: guitarra. Macano, Luis Cantarote, Juan Grande: palmas.
Teatro Villamarta. Jerez de la Frontera (Cádiz, España), 5 de marzo
de 2004. 21 horas.
Nicolia Morris en 'Inmigración'
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Jornada hiperactiva. Desde el mediodía hasta la madrugada, flamenco,
flamenco y más flamenco. Comenzando por el escenario central del festival,
compartían cartel la compañía de Ángeles
Gabaldón y el cantaor Miguel Poveda. La bailaora sevillana venía
enferma y sacó fuerzas de donde no había para sacar adelante la
función. A ello se sumaron numerosos percances técnicos -de sonido,
de luz y de vídeo-, de los que el elenco artístico, haciendo gala
de una impecable profesionalidad, supo salir airoso. El público no escatimó
en aplausos para esta joven compañía que debuta con un alegato contra
el tráfico ilegal de personas y contra el racismo, llamado 'Inmigración'.
El montaje, que se
estrenó de modo online en Flamenco-world.com -que logró reunir
ante la pantalla a más de cincuenta mil espectadores de todo el mundo-,
logra casar la denuncia con el baile flamenco teatralizado, con la música
que bebe de una orilla y otra del estrecho de Gibraltar, de forma transfronteriza
y multimedia. Como dijeron su director y su productor, tuvo todo el sentido del
mundo traerlo al Festival de Jerez, pues "los cientos de alumnos extranjeros
que aquí se congregan pueden ver una puerta abierta a realizar su sueño:
llegar a formar parte de una compañía profesional".
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Miguel Poveda

Capullo de Jerez
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Sin embargo, sí fue la noche de Miguel
Poveda. Confesó venir "atacao" a Jerez, pero nadie lo hubiera
dicho. El cantaor catalán nos tiene acostumbrados a recitales impecables,
exquisitos, en los que convence, a propios y extraños, con argumentos de
una aplastante solidez. Domina todos los registros con gusto, con inteligencia.
Sabe llevar al oyente de dentro a afuera, de lo delicado a lo fuerte, de lo íntimo
a lo valiente, pasando por todos los territorios, por todos los maestros y por
sí mismo. Con Chicuelo a la guitarra, esta vez concentrado y atento al
viaje, inició el concierto repasando un largo repertorio de alegrías,
que interpretó con sabor añejo, de Cádiz a Jerez, de Camarón
a Alberti. Al remeterse por malagueñas, descendió a lo profundo
de su garganta, haciendo fino encaje en cada tercio, interrumpido con aplausos
antes de la rondeña. Siguió por el Este, con la cartagenera, antes
de derretir al respetable con la ronda de tonás 'a capella', que engarzó
la guitarra con la seguiriya. Los palmeros vinieron a dar elegante compás
a los últimos embites: los tientos tangos y, por supuesto, las bulerías,
homenaje final a la tierra que Luis el Zambo le "ha hecho amar y respetar".
El cante de Jerez pudo oírse un rato antes en estado puro en el Museo
Taurino, donde El
Capullo de Jerez inauguraba el ciclo 'Gloria pura', al que también
están invitados José de la Tomasa y Fernando de la Morena. El Capullo,
uno de los pocos que ha colgado en este festival el cartel de "agotadas las
localidades", intimó con la audiencia, sin que mediara microfonía.
Y de esa cercanía, imposible fuera del escenario, disfrutaron fuera y dentro
del escenario. El cantaor, acompañado a la guitarra por Niño Jero,
vino a "darles lo mío, poquito y bueno". Se buscó, se
alargó, se degustó, con su voz rozada y autóctona, complementándose
con ese toque rancio y 'heavy' que lo respaldaba. Soleá, bulerías,
seguiriya, fandangos "marca de la casa"... Todo un placer.
Peñas. Marginalidad
En la bodega tomaron la palabra las peñas, que abren sus puertas de
par en par durante el festival, para que "las personas que vienen a beberse
el flamenco, pasen noches magníficas entre nosotros". Además,
como apuntó el guitarrista Fernando Romero, "se le da la oportunidad
a los artistas noveles". Todos los presentes coincidieron en destacar que
estos locales de afición se convierten en "espacios de convivencia
entre jerezanos y extranjeros, donde nadie se encuentra extraño".
Y, como señaló la profesora Ana María López, "allí
pueden completar su aprendizaje observando". La invitación a apretarse
en cualquiera de estas concurridas peñas quedó hecha. Mientras el
cuerpo aguante...
Y es que el día es intenso. El debate que se planteó en la tertulia
fue de lo más interesante. El tema 'Marginalidad y flamenco' fue abordado
desde varios puntos de vista por Cristina Cruces, antropóloga; Luis Bononato,
miembro del programa de desintoxicación Proyecto Hombre; y Paco Cordero,
coordinador del programa formativo 'Artes escénicas en flamenco' puesto
en marcha en el barrio sevillano de Las Tres Mil. Los ponentes tocaron asuntos
como la "marginalidad buscada como parte del atractivo del flamenco";
"el gitanismo como valor de mercado"; el problema de la drogadicción
en el flamenco a causa de situaciones de soledad o como forma de integración
en el grupo; la educación como vía para la integración; el
flamenco como modo de inserción laboral... Y estos temas dieron pie a una
conversación entre contertulios y audiencia -moderada por la directora
de contenidos de Flamenco-world.com- que se quedó corta y, seguro, continuó
en la reflexión personal de cada uno.
revista@flamenco-world.com
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