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Rafaela Carrasco
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FESTIVAL DE JEREZ 2005. RAFAELA CARRASCO:
UNA MIRADA DEL FLAMENCO

Valiente

Silvia Calado. Jerez, 2 de marzo de 2005

‘Una mirada del flamenco’. Compañía Rafaela Carrasco. Rafaela Carrasco: dirección, baile, coreografía. Rocío Montoya, Concha Jareño, Daniel Doña, Manuel Liñán, Marco Flores: cuerpo de baile. Antonio Campos, Manuel Picuo: cante. Fernando de la Rúa, Jesús Torres: guitarra, música. José Luis López: violonchelo, música. Sudhi Rajagopal: tabla. Pablo Suárez: piano. Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz, España), 2 de marzo de 2005. 21 horas


Rafaela Carrasco (Foto: Daniel Muñoz)
 
   

A Rafaela Carrasco hay que contradecirla. Afirma que no se siente una bailaora con personalidad, pero lo cierto es que cada vez que sube a un escenario es más marcada su impronta, más definido su mundo. ‘Una mirada del flamenco’, el segundo espectáculo de su compañía, es un ejercicio de riesgo, una propuesta valiente en torno al baile (y la coreografía del) flamenco que se mira dentro mirando fuera.

Las luces son las protagonistas de la primera pieza, las bulerías ‘Encuentros’. Bajo un foco cenital hace aparición Rafaela Carrasco, baila en silencio con la sola música que emite su cuerpo. Un bailaor. Dos. Tres. Todos. Los focos se encienden y se apagan para hacerlos ver. Tabla y piano para la protagonista. Expresión personal, baile suyo. El juego de entradas y salidas, de luces y oscuros se vuelve trepidante. Baile de contactos. Te cojo aquí. Te coloco allí. Con dulzura. Con exquisitez. Contemporáneo y libre. La malagueña ya la conocía el público jerezano. La bailó en la pasada edición dentro del montaje ‘Un, dos, tres, faaa...’ de Mario Maya. Y fue unánime la aprobación recibida. Un año después, sólo la cambia el cante, que no alcanza las cotas de calidad y jondura que David Lagos le imprimió entonces. Quizás el defecto del espectáculo sea el desequilibrio entre un baile sobresaliente y un cante que apenas logra el aprobado. Volviendo a la malagueña... vaya oda al gusto, a la desnudez, a lo mínimo y, por encima de todo, a la sensibilidad.

‘Falduca’ es el número más rupturista, al menos, explícitamente. Ya se puso Joaquín Cortés una bata de cola, pero nunca antes el hombre había bailado con bata de cola. Rafaela Carrasco ha ideado un baile a tres por farruca para hombres con bata de cola. Y, ciertamente, no es un adorno. La técnica, impecable... aún más sobria la ejecución que de costumbre. Líneas rectas, limpieza de movimientos, rictus como de samurai. Grato shock. Grata valentía. La audiencia no se resiste a aplaudir en el primer hueco.

La bailaora sevillana vuelve sola a prologar el taranto. Y lo hace dialogando con la tabla india de Sudhi Rajagopal. Étnica. Selvática. Musical. Libre. Dos mujeres pasan a bailar el palo levantino que corta tangencialmente con tangos. Luego son tres hombres los que se incorporan. Coreografía a cinco... o a tres. La brillante capacidad de Rafaela Carrasco para mover al grupo queda demostrada. Dinamismo. Estética. Variedad propia del inquieto. El cante y la guitarra vuelven a hacer perder fuelle al conjunto. Puente hacia el martinete. La bailaora se mueve en la horizontal de la tabla, ante una hilera de palmas. Precisión. Belleza. Repliegue. Vuelo. El ambiente se mantiene sobrio, tenues las luces. El cuerpo de baile toma el relevo, al son que marcan piano y chelo. Originalidad en pasos y poses. El suelo apenas se roza. Los brazos son aspas. Silencios.


Foto: Daniel Muñoz

Foto: Daniel Muñoz

La soleá contribuye a mantener ese recogido clima que a muchos inquieta en la sala. Rafaela Carrasco aparece ataviada con bata de cola negra. Bailaora, bata y cola, dispuestas a departir con tres hombres, tres caracteres. Suelo. Vuelo. Genial el dúo con Manuel Liñán, que le da la cola, que la salta, que la lanza de un puntapié. La extrema sensibilidad de la bailaora llega a conmover. Delicia bailada para paladar fino. Y público en pie.

Diálogo, cante y guitarra

 

El Chato
(Foto: Daniel Muñoz)
   

A pesar de la incesante lluvia, la vida del festival no cesa de la mañana a la madrugada. Cuatrocientos alumnos toman clases con el mejor claustro de profesores de baile flamenco nunca reunido, en salas repartidas por toda la ciudad. A mediodía, la cita es con la palabra en la Bodega de San Ginés, donde nunca faltan el vino y el debate. El miércoles 2 de marzo compareció José Mercé, que presenta en el Teatro Villamarta su nuevo disco ‘Confí de fuá’. Al grupo integrista que se le echó encima por decir que está “engrandeciendo el flamenco”, le dio lecciones de educación y tolerancia. “Respeto a todo el mundo, cada uno tiene sitio en el mundo del flamenco. Y cuando todos nos pongamos de acuerdo, apaga y vámonos”. Para ser más que consecuente con sus palabras, se quedó a escuchar al cantaor malagueño El Chato que presentaba, acompañado a la guitarra por Pedro Sierra, su nuevo disco ‘La danza de los gitanos’ que próximamente saldrá al mercado. Jaleado por el ‘superventas’ jerezano, cantó soleá y bulerías. Tras la pausa del almuerzo -oda a los fideos con langostinos del Arco de Santiago- y el ratito de siesta, en la Sala Compañía hubo cita con la guitarra. Abrió el ciclo ‘Bordón y cuenta nueva’ José Antonio Rodríguez, flanqueado por percusión, chelo y bajo, ofreció un repaso por su amplio repertorio de composiciones, creaciones límpidas cimentadas en palos como la soleá, la seguiriya o la bulería, un balsámico preámbulo a lo que un par de horas después pudo verse en el coso principal.

revista@flamenco-world.com

 

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