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FESTIVAL DE JEREZ 2005. EVA YERBABUENA: A CUATRO VOCES
Inteligencia artística
Silvia Calado. Jerez, 4 de marzo de 2005
‘A cuatro voces’. Eva
Yerbabuena Ballet Flamenco. Baile: Eva Yerbabuena, Mercedes
de Córdoba, María Moreno, Sonia Poveda, Asunción
Pérez Choni, Luis Miguel González, Juan Manuel
Zurano, Eduardo Guerrero, Amador Rojas, Alejandro Rodríguez.
Cante: Enrique Soto, Rafael de Utrera, Pepe de Pura, Jeromo
Segura. Guitarra: Paco Jarana, Manuel de la Luz. Saxo, flauta:
Ignacio Vidachea. Percusión: Antonio Coronel. Coreografía:
Eva Yerbabuena. Música: Paco Jarana. Letras: Horatius
García. Dirección escénica: Eva Yerbabuena.
Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz, España), 4
de marzo de 2005. 21 horas
Eva Yerbabuena (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Eva Yerbabuena trae al Festival de Jerez el espectáculo
‘A cuatro voces’, ya madurado desde su estreno
en la pasada Bienal de Sevilla. La obra ha ganado en coherencia
con el cambio del final (la soleá por la alegría)
y ha aliviado la densidad de la versión de estreno.
Y queda más dinámica, más fluida, más
esencial. La emotividad no encuentra apenas obstáculos
en el proceso de recepción. Y viene dada tanto por
la estratosférica idiosincrasia interpretativa de Eva
Yerbabuena, como por los conceptos abordados en este trabajo,
inspirados por la poesía de Miguel Hernández,
Vicente Aleixandre, Federico García Lorca y Blas de
Otero. Cuatro voces y tantas percepciones de la existencia.
Y es que, como avisa el poeta, “este espectáculo
es la vida como yo la haría”.
La primera voz es la de Miguel Hernández. Eva Yerbabuena
acomete la coreografía ‘Hembra’, con piano
de Debussy... y silencio. El espíritu del movimiento,
apenas. La serrana y la seguiriya dan pie a las primeras coreografías
de grupo... enlutado. Percusión. Fragmentos. Y a un
lado, vestido de blanco, Pepe de Pura al cante. Escenas estéticas,
tensas, intensas. Dramatismo absoluto cuando bailaora y cantaor
caen de rodillas. Pathos. Inteligencia artística.
Del trance alivia la segunda voz, la de Vicente Aleixandre.
‘Velintonia, 3’. Ronda de fandangos. Baile a cuatro
hombres. Eva Yerbabuena se incorpora vestida de carmín.
Soleá por bulerías. Caen hojas de otoño.
Viene Federico. La niña juega en la cama de flores.
El poeta está quieto. Eva Yerbabuena está quieta.
Paco Jarana interpreta la música del poema ‘Asesinato’
compuesta por Juan Carlos Romero. Rafael de Utrera lo canta,
como lo cantara Enrique Morente. Los barrenderos amontonan
las hojas a los pies del verso. Negras. Blancas. Partida de
ajedrez. Tientos tangos. La guitarra de Paco
Jarana es, como poco, bellísima. Ritmo trepidante
para baile a cámara lenta. Duelo. Baile y ‘nobaile’.
Y ella se queda sola, por bulerías. Ya no quedan adjetivos
para el baile de esta mujer que busca agonizar. Crucifixión.
Muerte. Y vuelta a la vida: la nana. Un cante ‘alante’,
primer final. Un baile ‘alante’, final. Eva Yerbabuena
se epiloga por soleá, entre cuatro flancos de cante.
Magna soleá. Magna ella. La profundidad. El abismo.
Y la elevación, al tiempo. “Este es mi sitio,
mi terreno. Y no lo cambio por ninguno”. Sea.
Y Rafael el Negro
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José Luis Ortiz Nuevo,
Manolete, Matilde Coral, Rafael el Negro y Chano Lobato
(Foto: Daniel Muñoz) |
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La Bodega de los Apóstoles tenía pasada la
medianoche reservada una sorpresa, de esas que hacen historia.
Rafael el Negro subió al escenario a bailar por bulerías
en el fin de fiesta del espectáculo ‘Historias
de arte’ de su mujer Matilde
Coral y del cantaor Chano Lobato. Hacía muchos
años que no sucedía, hacía muchos años
que el bailaor no regalaba un poquito de su prestancia, de
su baile esencial. Impresionante aquella estampa sin tiempo
que remató el ‘show’ de arte bailado, cantado
y hablado que desde hace un par de temporadas vienen representando
sobre los escenarios estos dos maestros del flamenco. Cuentan
sus chascarrillos, hablan de las fatigas pasadas, de la vida
flamenca de antes que, como bien dijo Matilde Coral, se diferencia
de la de hora en el hambre. Y entre charla y charla, Chano
Lobato canta alegrías, tanguillos, bulerías...
que, si le cogen con ganas, son bailados por la maestra sevillana.
Anoche tuvo su momento por alegrías, poquito y bueno,
con el mantón de manila color coral revoloteándole
sobre el eterno moño. Qué forma más placentera
de poner el broche a una jornada en la que el frío
fue combatido con mareas de sensibilidad.
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