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FESTIVAL DE JEREZ 2005. MERCEDES RUIZ / BELÉN MAYA+RAFAELA
CARRASCO
Dentro. Fuera
Silvia Calado. Jerez, 5 de marzo de 2005
‘Gestos de mujer’. Mercedes
Ruiz, Marco Flores: baile. Londro, David Palomar: cante.
Santiago Lara, Francisco Lara: guitarra. Juanmi Guzmán:
contrabajo. Paquito González, Pedro Navarro: percusión.
Javi Navarro: palmas. Teatro Villamarta. 21 horas. ‘Fuera
de los límites’. Belén Maya y Rafaela
Carrasco: baile y coreografía. Ramón Oller:
escenografía. Sala Compañía. 19 horas.
Festival de Jerez 2005. Jerez (Cádiz, España),
5 de marzo de 2005

Belén Maya (Foto:
Daniel Muñoz)
Hay quien ejerce el baile flamenco dentro de los límites
establecidos por la tradición y hay quien -son los
menos- deciden traspasarlos. La novena jornada del Festival
de Jerez 2005 conjugó lo uno con lo otro, demostrando
la validez de ambas opciones, siempre que se haga con calidad.
Mercedes Ruiz mostró en el Teatro Villamarta su segundo
montaje en solitario ‘Gestos de mujer’, una medida
y segura sucesión de bailes flamencos que encandiló,
y con motivos, a la audiencia. Por experimentales, Belén
Maya y Rafaela
Carrasco tuvieron que presentar ‘Fuera de los límites’
por la tarde en la Sala Compañía, un bello ejercicio
de libertad y diálogo que sitúa al baile flamenco
en otra galaxia.
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Mercedes Ruiz
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Mercedes Ruiz es una bailaora en ascenso. Desde que hace
un par de años se emancipó de Eva Yerbabuena
y comenzó carrera propia, se la ve madurar a paso firme.
Entre ‘Dibujos en el aire’ y ‘Gestos de
mujer’ hay ya un abismo. El nuevo espectáculo
es sencillo y de lento rodar pero tiene conciencia escénica.
Vestuario, estructura, transiciones, iluminación...
están cuidados, puestos con intención de enmarcar
con sentido el quehacer de la bailaora. Elegante, clásica,
virtuosa, equilibrada... son adjetivos que le van. Así
se mostró en la presentación por rondeña
y verdiales donde ya departió con su bailaor invitado
Marco Flores. La audiencia, por ser una de Jerez y otro de
Arcos, venía premetida en el bolsillo, pero no faltaron
méritos para levantar una y otra vez el aplauso. Aunque
ambos son intérpretes que compensan cuerpo y pies,
la dosis de acrobacia que pueden permitirse resulta arrasadora.
Tras el intermedio musical, llegaron las alegrías,
que la bailaora acometió a la antigua usanza, paradita,
dulce, vestida con bata de cola blanca. Intermedio musical
para introducir un taranto que acaba siendo un sensual baile
por tangos, con el compás marcado por toda música.
A continuación, vino el martinete del bailaor, hecho
con limpieza y planta. Ovación para él. Y así,
en caliente, desembocaron en el romance final. Por supuesto,
hubo fin de fiesta por bulerías y clamor popular.

Rafaela Carrasco
(Foto: Daniel Muñoz)
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La de Belén Maya y Rafaela Carrasco es una historia
bien distinta. Ellas son de las que vuelan, de las que no
conocen fronteras. Por esa valentía artística
hay que alabarlas pero también por ser las únicas
que en estos momentos dejan de lado el individualismo para
compartir, cincuenta a cincuenta, un proyecto. Indiferente
no dejan. La escena es un pequeño planeta de velas,
flores-dardo y claveles gigantes en el que exponen sus respectivas
almas, baile a través. Con una selección musical
de lo más variado -de la guitarra de Andrés
Segovia a las voces balcánicas de Goran Bregovik, pasando
por Gerardo Núñez, Juan Valderrama y tablas
indias, entre otros mil sonidos- interpretan coreografías
propias confeccionadas a base de flamenco, de contemporáneo,
de mundo y de libertad. Los primeros números son de
un profundo abismal. Suena el silencio, la quietud en equilibrio.
El poema bailado de Rafaela, la seguiriya con bata verde y
pies descalzos de Belén. El cuadrado de luz de Rafaela,
el baile de ninfa con bata violeta de Belén. La malagueña
de Rafaela, el desnudo de cuerpo y alma de Belén. Llanto
bailado. La tabla india en los pies de Rafaela, la sonrisa
bailada de Belén. Todo ello desemboca en el paso a
dos ‘Lara y Croft’, un genial divertimento que
hasta integra técnicas de boxeo tailandés. Descarga
corporal. Ellas ríen. Y el público, contagiado,
casi que las envidia por darse el placer de ser tan libres.
Guiris

Macarena Ramírez
(Foto: Daniel Muñoz)

Estrella la Maltesa
(Foto: Daniel Muñoz)
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Cientos de personas provenientes de
todo el mundo convierten a Jerez cada año por
estas fechas en una colorida torre de babel. Vienen
de Japón, de Taiwán, de Estados Unidos,
de Sudamérica, de Alemania, de Italia, de la
Europa del Este. Y todas tienen en común un desorbitado
amor por el arte flamenco. Y allá que va el diario
local del pueblo en una columna anónima a insultar
de nuevo a los ‘guiris’, no vayan a creerse
que el flamenco es suyo, no vayan a pensar que comiendo
fideos con gambas unos cuantos días pueden bailar
por soleá. Que le falta razón es evidente,
pero es que hay pruebas. Y aquí entra en escena
Estrella la Maltesa. Stelle vino hace dos años
a Jerez a un curso básico del festival en un
vuelo procedente de Malta. Resulta que se enamoró
del baile flamenco y de una guitarra. Y se quedó.
Habla no ya español, sino jerezano, para morirse.
Pero es que hay que verla bailar por soleá, como
la vieron a medianoche muchas decenas de personas en
la abarrotada tetería La Jaima, acompañada
a la guitarra, al cante y a las palmas por lo más
granado de la nueva generación de flamencos jerezanos.
Luis de Pacote, Eva Rubichi, Luis de la Tota, Santiago
Moreno y Antonio Malena hijo, para más señas.
Estrella la Maltesa bailó con tiento, con genio,
con muchos nervios, con respeto a las formas clásicas
jerezanas pero, sobre todo, bailó con amor al
arte flamenco, eso que le falta a los anónimos
escribientes del periódico del pueblo. Para que
se queden tranquilos, antes de bailar la ‘guiri’,
bailó por alegrías Macarena Ramírez,
una niña de Chiclana -también alumna de
María del Mar Moreno- para quitarse el sombrero,
para ir reservándole hueco en la primera fila
y para dejar bien sentado que basta ya de espadas en
alto, que esto no se acaba... sólo se universaliza.
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