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FESTIVAL DE JEREZ 2005. BALLET NACIONAL DE ESPAÑA:
‘EL LOCO’
Un grito de libertad
Silvia Calado. Jerez, 25 de febrero de
2005
Ballet Nacional de España:
‘El Loco’. Idea original, libreto y dirección
de escena: Paco López. Coreografía: Javier Latorre.
Música: Manuel de Falla, Mauricio Sotelo, Cañizares.
Félix el Loco: Christian Lozano. Tamara Karsavina,
La Molinera, La Dama Blanca: Tamara López. Massine,
El Molinero, Espectro: Óscar Jiménez. Diaghilev,
El Corregidor, Espectro: Francisco J. Velasco. El Bailaor
Antiguo, Espectro: Primitivo Daza. Cuerpo de baile: Ballet
Nacional de España. Teatro Villamarta, 21 horas. Gerardo
Núñez: ‘Andando el tiempo’.
Gerardo Núñez (guitarra), Pablo Martín
(contrabajo), Cepillo (percusión). Bodega Los Apóstoles,
24 horas.
Ballet Nacional de España
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Con una explícita reivindicación de libertad
artística, dio comienzo el Festival de Jerez 2005.
María
del Mar Moreno, Israel Galván, Gerardo Núñez
y Mercedes Ruiz la expusieron, cada uno a su manera, en la
tertulia de la Bodega de San Ginés. María del
Mar Moreno, directora artística y protagonista de Jerez
Puro, destacó que su espectáculo “da
libertad artística a cada persona que participa”,
sea Moraíto Chico, Juana la del Pipa o Antonio Malena,
con quien comparte la dirección de la obra. La bailaora
pidió, además, “respeto para lo que cada
uno siente”. Israel Galván -que presenta en la
Sala La Compañía ‘La edad de oro’
con Fernando Terremoto y Alfredo Lagos- suscribió tal
planteamiento, lanzando al aire ideas tales como que “no
se puede sacrificar la personalidad del intérprete
porque el sistema tenga que ser de una forma determinada”.
Mercedes Ruiz también coincidió con sus compañeros
bailaores, defendiendo que “hacemos flamenco desde donde
lo sentimos, así que ¿quién puede medir
su pureza?”. Gerardo Núñez desmitificó,
precisamente, conceptos como ‘pureza’ o ‘duende’
antes de concluir que “el flamenco es un arte vivo,
que se nutre de todo aquello que le gusta al artista”.
Y así lo demostró en el concierto que ya de
madrugada ofreció en el acogedor marco de la Bodega
de Los Apóstoles. El repertorio de su nuevo disco ‘Andando
el tiempo’, que repasó flanqueado por contrabajo
y cajón, lo muestra como músico volador... a
una altura que quizás aquí en su tierra pase
desapercibida, pero no en el circuito internacional de jazz
y world music.
Un alto componente de libertad tiene ‘El Loco’,
el espectáculo que el Ballet Nacional de España
dedica a una figura histórica, pero poco atendida,
del flamenco: Félix
el Loco. Con el abrumador despliegue de medios propio
de la compañía pública, se cuenta la
dramática historia del bailaor sevillano que enloqueció
en Londres. Hasta allí fue desde un café cantante
de Sevilla contratado por Diaghilev para montar la farruca
de El Molinero para la versión que de ‘El sombrero
de tres picos’ harían sus ballets rusos. Y allí
supo que no sería él, sino Massine, quien interpretara
la pieza. La obra del BNE desarrolla toda la historia en torno
a la pérdida de cordura que provoca el aislamiento
y la exclusión del protagonista en un entorno hostil
y extraño. Guión, coreografía, interpretación,
música, escenografía, vestuario... están
hilados de forma impecable para dar sentido a una historia
en la que la realidad está muchas veces tamizada por
la locura.
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Gerardo Núñez
Trío
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Así queda reflejado especialmente en la convergencia
de la música de Mauricio Sotelo y el baile de Félix
el Loco, interpretado magníficamente por Christian
Lozano. Otras partes, las realistas, se ciñen a lo
flamenco, como en el número del café cantante;
o al baile clásico, como en el número de la
academia londinense...; o a esa caricatura españoloide
de la versión que de la obra de Manuel de Falla hizo
la célebre compañía rusa. No falta la
ironía hacia los amaneramientos del ballet y a la ‘folclorización’
de lo español, mientras se suceden los homenajes a
las bases del baile flamenco (lástima de los músicos
de plantilla). Esther Jurado protagoniza una preciosa cantiña
a lo Pastora, otra pareja rinde tributo a Rosario y Antonio,
mientras que el homenaje a Antonio
Gades, vía farruca, es permanente. Todo ello encaja
con costuras invisibles en la obra, cuyo dinamismo se sacrifica
ya hacia el final en pro del devenir de la herida mental del
protagonista. El público se rindió ante esta
obra que viene a dar nueva vida al repertorio propio del BNE,
que no conocía obras de tanta enjundia desde la reposición
de ‘Fuenteovejuna’.
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