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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ 2006. ISABEL BAYÓN / LUIS
EL ZAMBO
Teatro. Flamenco
Silvia Calado. Jerez, 1 de marzo de 2006
Fotos: Daniel Muñoz
‘La mujer y el pelele’. Conchita: Isabel
Bayón (baile y coreografía). Don Mateo:
Juan Montilla. Morenito: Tomasito (artista invitado, cante
y baile). Ciego: Juan José Amador (cante). Guitarra:
Paco Arriaga, Jesús Torres. Cante: Miguel Ortega. Percusión:
Juan Ruiz. Dirección: Pepa Gamboa. Dramaturgia y romances:
Antonio Álamo. 10º Festival de Jerez 2006. Teatro
Villamarta. Jerez (Cádiz, España), 1 de marzo
de 2006. 21 horas
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Isabel Bayón (Foto:
Daniel Muñoz) |
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Hace casi dos años que en la Bienal de Sevilla 2004
Isabel
Bayón se atrevió a encarnar a la mujer
fatal convirtiéndose en Conchita, la protagonista de
‘La mujer y el pelele’. Y el Festival de Jerez
2006 la ha rescatado con acierto. La bailaora sevillana demostró
encajar a la perfección en el personaje ideado por
el escritor francés Pierre Louÿs hace ya más
de un siglo y reconvertido en comedia costumbrista aflamencada
por la directora Pepa Gamboa. No sólo contaba con la
bailaora perfecta, a la que de siempre va aparejado el adjetivo
‘sensual’, sino con un versátil equipo
artístico con personajes tan completos como Juan
José Amador y Tomasito,
capaces de interpretar, bailar, cantar, tocar la guitarra.
Y todo ello con sentido del humor, ingrediente que no siempre
acude a los escenarios cuando de flamenco se trata. Mucho
se critica que la teatralización del flamenco nunca
acaba de fructificar, pero en este caso el teatro es teatro
y el flamenco es flamenco, y calza con total naturalidad al
ser la protagonista bailaora fuera y dentro de la obra.
El actor Juan Montilla va guiando al espectador con sus monólogos
por su imposible historia con la malvada Conchita, un handicap
que se plasmó en la respuesta del público, no
tan efusiva como en días anteriores, pues al ser mayoritariamente
extranjero, se interponía claramente la barrera idiomática.
Pero había mucha más comunicación no
verbal que verbal en la obra. No era difícil captar
los guiños cómicos de los gags de toda la vida,
ni mucho menos el sabor del baile, del cante, del toque y
de Tomasito. Isabel Bayón resolvió todos los
registros: desde las sevillanas a las seguiriyas, desde la
bambera a los tanguillos, dese la caña a los tangos.
La bailaora sevillana estuvo profunda, serena, curva, dulce
y hasta caricaturesca, embaucando a cada movimiento de hombros,
de manos, de brazos, de cadera, de pies, de mirada. Juan José
Amador brindó momentos sublimes de cante, especialmente,
por seguiriyas, aunque no fueron banales ni siquiera sus cantares
de ciego, de juglar que a tropezones narraba pasajes de la
historia. Tomasito trajo la luz al escenario cuando la acción
se trasladó a un tablao de Cádiz. Encarnando
a Morenito, cantó y bailó por tanguillos y bulerías,
mientras hacía el papel de pícaro amante.

Isabel Bayón y Tomasito
(Foto: Daniel Muñoz)
Y el cuadro, cuyas entradas, salidas y recolocaciones estaban
medidas al detalle para no entorpecer la narración,
destacó en calidad y saber estar, sobre todo, en lo
que a cante y toque se refiere. Por cierto que el detallismo
de este trabajo llega hasta las letras cantadas, no ya sólo
por los romances, sino por la selección de coplas adecuadas
para cada situación. “A quién le voy a
cantar yo mi pena”. Suena esa letra por seguiriyas enfatizando
el sufrimiento de Mateo. Y como remate sucede que en los últimos
minutos se incorpora Chano Lobato a la obra. Canta en el audiovisual
que se va proyectando fragmentado a lo largo del drama. Canta
a Isabel Bayón cuando era niña, cuando aún
su inocencia no imaginaba las argucias de Conchita por conquistar
la cartera del manteado pelele.
| Luis el Zambo, cante en palacio
Luis el Zambo
y Alberto Iglesias (Foto: Daniel Muñoz)
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El cante vuelve al Palacio de
Villavicencio. En estado natural, sin enchufes.
Inauguró el ciclo un tótem de la
tierra, Luis
el Zambo. A pesar de la inconsistencia y el
nulo diálogo con la guitarra de Alberto
San Miguel, el cantaor jerezano supo complacer
al público que abarrotaba la sala. Y lo
hizo dosificando una selección de cantes
de la tierra que hundían sus raíces,
como poco, en Antonio Chacón. Calentó
la garganta con unos tientos-tangos, buscándose
a continuación por los caminos del sentimiento
en la malagueña. “Soleá por
bulería o bulería por soleá,
que es lo mismo”. Y un matiz importante:
“Esta es una hora muy temprana para cantar”.
Cante con presencia, duplicado por la sombra del
cantaor. Toreó con el reloj y la guitarra
en la seguiriya, que fue aplaudida tramo a tramo,
al igual que los fandangos dedicados al Niño
Gloria. Como no podía ser de otra forma,
se despidió por bulerías dejando
su ancho eco retozando por los muros del antiguo
Alcázar.
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| Descanso en el Villamarta
El jueves 2 de marzo el Teatro
Villamarta se toma un descanso. Tiempo necesario
para poner a punto el montaje de Sara Baras ‘Sabores’.
Pero el festival no cesa. El flamenco continúa
durante toda la jornada en los escenarios paralelos:
el bailaor Daniel Navarro actúa por la
tarde en el Teatro de Guadalcacín con ‘Mira,
asómate’, la bailaora Hiniesta Cortés
baila por la noche en la Sala La Compañía
con el montaje ‘Errante’ y ya de madrugada
la cantante de copla María José
Santiago se atreverá con un recital flamenco
en la Bodega de Los Apóstoles. A esta programación,
se suma la casi veintena de cursos que se desarrolla
cada jornada en distintos estudios repartidos
por Jerez, a cargo de maestros como Matilde Coral,
Javier Latorre, Antonio el Pipa, Manolo Marín
y María del Mar Moreno, entre otros muchos.
Y tampoco conviene dejar de lado la cita de cada
mediodía en la Bodega de San Miguel, donde
se celebran encuentros con los artistas, tertulias
y presentaciones como la del libro ‘Una
historia del flamenco’ de José Manuel
Gamboa que tuvo lugar el pasado miércoles.
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