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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ 2006. ISRAEL GALVÁN
Al otro lado del silencio
Silvia Calado. Jerez, 9 de marzo de 2006
Fotos: Daniel Muñoz
‘Tabula rasa’. Israel Galván:
baile. Inés Bacán: cante. Diego Amador: piano.
10º Festival de Jerez 2006. Sala La Compañía.
Jerez (Cádiz, España), 9 de marzo de 2006. 24
horas
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Israel Galván
(Foto: Daniel Muñoz) |
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“Odia tanto el baile que ha querido mofarse del arte
y le ha salido una pintura abstracta, surrealista, un Picasso,
un Dalí”. Palabras de la maestra Matilde Coral
referidas a Israel Galván. Mediaron unas doce horas
de reflexión desde que las dijo, hasta que comenzara
la función. Después de ‘Tabula rasa’,
tal teoría se mostraba limitada. Pero tampoco cabía
establecer otra alternativa. Las mentes humanas a veces no
pueden explicar determinados fenómenos.
Pasemos a los hechos. Vértice del fondo. Diego Amador
al piano. Toca varias piezas de ‘Piano jondo’.
Las desmorona. Soleá. Bulerías. Seguiriyas.
Tangos. Fundido a negro. Vértice izquierdo. Sentada
en una sencilla mesa. Inés Bacán canta. Cante
en crudo. La palma seca contra la madera. El lamento en mayúsculas
que clama al cielo, desde el altar. El minutero da casi sesenta
vueltas. Vértice derecho. Israel Galván.
La historia del flamenco cambia en los siguientes cuarenta
minutos. Israel Galván baila lo que el silencio ha
recogido del piano y del cante. Israel Galván baila
lo que el silencio ha recogido del piano y del cante. Israel
Galván baila lo que el silencio ha recogido del piano
y del cante.
Baila el silencio. Médium. Traduce a movimiento algo
que sólo está en su interior, que sólo
él puede oír, que sólo él siente.
Comunicación telúrica. Algo lo posee. No puede
ser un simple mofarse del arte. Doscientas criaturas están
en estado de shock. Un shock que rompe algo que provoca risa
nerviosa: hace un ‘riá’ con los dedos contra
sus dientes. Se sienta en la banqueta del pianista. El alma
del pianista se le mete dentro. Sumerge los pies en resina.
Se sienta en la silla de la cantaora. El alma de la cantaora
se le mete dentro. Traduce a movimiento. Y entre el movimiento
que le dicta el silencio, esquirlas de baile flamenco en apariencia
inconexo, pero indiscutiblemente canónico. Rompe las
estructuras musicales. Nadie lo hizo antes, ¿no? El
triángulo se cierra. La nana es sueño y muerte.
Descalzo. Serás un hombre como todos los hombres. Jura
que serás bailaor.

Inés Bacán (Foto:
Daniel Muñoz)
| Lección magistral

Matilde Coral
(Foto: Daniel Muñoz)

Aída
Gómez
(Foto: Daniel Muñoz)
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Una tertulia sobre el baile de
mujer. Matilde
Coral y Victoria Eugenia son veteranas maestras
que asisten cada noche al Teatro Villamarta. Espectadoras
de excepción cuyo análisis sobre
el estado del baile femenino fue todo un lujo
para los asistentes al encuentro del mediodía.
Casi más que cualquier clase práctica.
Y esto va por las cursillistas, que apenas acuden
a esta cita diaria. Las maestras, moderadas -en
lo posible- por Silvia Calado, directora de contenidos
de Flamenco-world.com, destacaron momentos de
los vividos estos días, como las actuaciones
de Merche Esmeralda y la de Manuela Carrasco.
Matilde Coral atisba un momento de calma en las
formas femeninas: “Parece que la mujer vuelve
a querer ser mujer”. Victoria Eugenia subrayó
que “la mujer tiene muchos más recursos
en el baile para utilizar, lo del hombre nos sobra”.
Después el asunto se diluyó y se
habló del arte, de baile flamenco en general,
de la creación de Israel Galván,
de batas de cola, del público, del trabajo
de bailarín, del feísmo... Lección
magistral digna de no caer en el olvido. La tarde
prosiguió con el doble recital sin microfonía
en el Palacio de Villavicencio de El
Pitingo y de Macarena Moneo. Y del recogimiento
del flamenco sin intermediarios, a la parafernalia
de un montaje de alto presupuesto en el Teatro
Villamarta. Otra versión más de
‘Carmen’, la de la bailarina Aida
Gómez. Justo hace un año que sobre
este escenario presentó su visión
sobre la tópica y ajada obra el bailaor
Antonio Canales. Si él optó por
un guión preciso, apenas los elementos,
las acciones y los personajes justos para expresar
los sentimientos que encierra la novela con el
baile como herramienta, la bailarina quiso todo
lo contrario. No escatimó en cantidad de
personajes ni en movimientos por la escena, pero
su propuesta adoleció de guión,
de orden coreográfico y hasta de baile.
El flamenco se quedó en un mero adorno
en medio de un batiburrillo de danzas que apenas
se apuntaron, que quedaron en gestualidad. Sssssshhhhhh.
¿Carmen? ¿Qué Carmen? Todo
quedó en mera anécdota pasada la
medianoche... la medianoche en la que la historia
del flamenco cambió.
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