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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ 2006. BLANCA DEL REY/ FOSFORITO
Máster
Silvia Calado. Jerez, 11 de marzo de 2006
Fotos: Daniel Muñoz
Gala de clausura. Blanca del Rey: baile.
Pedro Montoya, Pedro Sanz: cante. Curro de Jerez, Felipe Maya:
guitarra/ Fosforito: cante. Manuel Silveria:
guitarra. 10º Festival de Jerez 2006. Teatro Villamarta.
Jerez (Cádiz, España), 11 de marzo de 2006.
21 horas
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Blanca del Rey
(Foto: Daniel Muñoz) |
Una década. Festival de Jerez ha cumplido su décimo
aniversario. Dieciséis intensas jornadas que para varios
cientos de personas han sido un verdadero máster en
baile flamenco, tanto por las propuestas ofrecidas en los
distintos escenarios y los cursos de formación con
los mejores maestros del género, como por los encuentros
y la vivencia que sólo un festival así de abarcable
puede garantizar. A la espera del balance oficial de asistencia,
ya es una obviedad que este año el festival se ha hecho,
si cabía, algo más grande... en cantidad, en
calidad y en variedad. Y la jornada de clausura, aún
cuando muchos cursillistas ya han emprendido el viaje de regreso
-como atestiguaban los huecos en el patio de butacas-, no
podía ser si no un lujo, un homenaje a los maestros
que son pilares de este arte. La guitarra: Rafael
Riqueni ofreció un memorable concierto en la sala
La Compañía. El baile: Blanca del Rey conmovió
con su soleá del mantón y su enorme sentimiento.
El cante: Fosforito se esforzó en sacar de sí
aquello que le ha hecho merecedor de la quinta Llave de Oro
de la historia del flamenco.
Blanca del Rey
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Blanca
del Rey bajo una luz cenital. Sólo brazos. Sólo
manos. Sólo palmas al aire. Unas pinceladitas de leve
zapateado. Todo en silencio. Cuando el cante habla, contestan
las castañuelas. Seguiriya con bata de cola. Colocación
y templanza. Los estilizados brazos se elevan al cielo. El
cuerpo se recoge. La bailaora crea climas mutantes. Delicadeza
exquisita en el moverse. La pieza logra un halo de confesión.
La soleá del mantón será la catarsis.
Blanca del Rey acaba de perder a su marido, Manuel del Rey,
gerente del tablao más antiguo de España, El
Corral de la Morería, justo cuando celebran las bodas
de oro de la señera sala. Y ese sentimiento se traslució
en su espectacular baile. Un duelo cuerpo a cuerpo entre la
mujer y ese elemento volátil que es el mantón
de Manila. Una labor de amansamiento, un reto de control
de lo incontrolable. Un algo lírico. Un todo estético.
El mantón es Blanca. Blanca es el mantón. Mirarlos
es hipnótico. Apenas hay tierra. Todo es aire. Flecos
que dibujan la música, matizando las letras, los remates,
los quejíos. Cuando finalmente mujer y mantón
se detienen, se escuchan sus llantos.
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Fosforito
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Fosforito
es un monumento vivo al último siglo de historia del
cante flamenco. Sólo su presencia es digna de aplauso,
como demostró el recibimiento que le rindieron los
aficionados. Antes de que recibiera la siempre polémica
Llave de Oro del cante, llevaba años retirado de la
profesión. Por tanto, sobra explicar que ofrecer hoy
un recital es todo un esfuerzo y una lucha contra las imposiciones
del paso del tiempo. La inteligencia del cantaor, al que Jerez
ya otorgó en 1968 el Premio Nacional de Cante instituido
por la Cátedra de Flamencología, se hizo palpable
en el mero hecho de elegir a su lado una guitarra de altura.
Manuel Silveria tiene todo lo necesario en una sonanta de
su tiempo. Y no fueron pocos los oles que le dedicó
el respetable. El elegante maestro cantaor luchó contra
los elementos para poner en pie un recital en el que repasó
soleá, alegrías, petenera, tientos, mineras,
bulerías... Un repertorio enciclopédico en el
cada letra fue dicha como un consejo de sabio. La estampa
gallarda, el eco de lo que fue, la evidente sapiencia... dejaron
las dificultades en un lejano segundo término. Gracias,
maestro.
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