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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ 2006. JOAQUÍN
GRILO
Una década de
baile flamenco
Silvia Calado. Jerez, 24 de febrero de
2006
Fotos: Daniel Muñoz
‘A solas’. Joaquín Grilo:
baile, dirección, coreografía. Esther Jurado:
baile. Diego Amador (Piano, cante): artista invitado. Daniel
Méndez, Paco Iglesias: guitarra. Carmen Grilo, José
Valencia: cante. Pablo Martín: contrabajo. Alexis Lefevre:
violín. Antonio Montiel: percusión. Daniel Méndez:
mandolina. Joaquín Flores, Bo: palmas. 10º Festival
Flamenco de Jerez 2006. Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz,
España), 24 de febrero de 2006. 21 horas
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Joaquín Grilo (Foto:
Daniel Muñoz) |
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Una década. Festival de Jerez está de aniversario.
Y lo celebra con una extensa programación de dieciséis
jornadas en la que tienen cabida todas las expresiones del
baile actual. Actuaciones de gran formato, recitales íntimos,
propuestas alternativas, cursos formativos, tertulias... irán
dando forma a un cartel imprescindible en la agenda flamenca
anual. Y eso lo saben no sólo los jerezanos, sino otros
varios cientos de personas procedentes de todas las latitudes
que ya plagan la ciudad. Sólo había que asomarse
a la plaza del teatro por la tarde para comprobar el éxito
de la convocatoria: en ningún momento dejó de
haber cola ante la taquilla.
La inauguración de esta décima edición
fue encomendada a Joaquín Grilo, una de las joyas de
la corona del flamenco jerezano... y del flamenco. Y eligió
el estreno de un espectáculo argumental titulado ‘A
solas’. No es infrecuente en este mundo del baile flamenco
teatral que sea necesario leer el prospecto para entender
la trama, basada en la novela ‘El guardián de
la luz’ de Sergio Bambaren. En la práctica, básicamente,
logró transmitir la idea de la nostalgia del pasado
-llámese éxito, lozanía, amor- y la inevitable
llegada de la muerte. Y en ese contexto conceptual, en el
que se escapaban personajes y acciones, Joaquín Grilo
encajó más ‘flashes’ de bailes que
bailes completos con los que cautivó, sin condiciones,
al público. Tuvo momentos sublimes como la sucesión
de ‘patás’ por bulerías y las alegrías,
demostraciones no sólo de técnica, arte y solvencia,
sino de un carisma tal que a veces desemboca en algo que podría
llamarse autoparodia. Y no es porque anoche decidiera hacer
de bailaor anciano en la primera pieza de la obra. No es fácil
de explicar ese momento en el que algo lo posee, en el que
entra como en trance, en el que alguien tira de los hilos...
o los deja caer.
Joaquín Grilo (Foto:
Daniel Muñoz) |
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El bailaor, vestido de traje de chaqueta dorado, ejerció
también como músico, arreglando con la percusión
de sus pies la pieza al piano de su invitado, Diego
Amador. Y es que, en general, es un espectáculo
con plena presencia de la música, con composiciones
dulces y fluidas de guitarra, percusión y violín.
Mantienen un color uniforme, a tono con los numerosos pasajes
de ensoñación protagonizados por la bailarina
Esther Jurado a solas (a subrayar, el solo de contrabajo que
le regaló Pablo
Martín para que se deslizara por la escena) o formando
pareja con el protagonista. También tuvo un papel principal
el cante. Y, de hecho, según está indicado en
el libreto, Carmen Grilo interpretaba el papel de ‘El
alma del amor’ y José Valencia el de ‘Espectro
(Fantasma del artista)’. Roles aparte, la cantaora puso
al servicio de varios números que precisaban de un
clima nostálgico, su cante barroco y meloso. Mientras
que a José Valencia le correspondió ser autoritario
y derramar, sin reparos, su torrente de voz.
El pasado tiene la clave
El ambiente ya se fue cocinando desde
primera hora de la tarde. La Bodega de San Ginés
acogió el encuentro con los artistas que actúan
el sábado día 25 de febrero: Manuela
Carrasco en el Teatro Villamarta, Ángel Muñoz
con Cañizares en la Sala La Compañía
y Belén Maya con José Luis Rodríguez
en el Teatro de Guadalcacín, nuevo escenario
oficial del festival. Tras presentar sus respectivas
propuestas, entraron en un interesante diálogo
a partir de una sentencia de la maestra Manuela Carrasco:
“Yo soy antigua y me gusta recordar el flamenco
como se hacía antes”. Belén Maya
apostilló que “antes se bailaba con presencia
y ahora claudicamos ante la dictadura de la técnica.
Y no sé qué nos obliga, no tenemos la
personalidad para rebelarnos”. Ángel
Muñoz señaló que “la
técnica es una herramienta que se necesita, pero
si estamos más preocupados de la técnica
que de bailar, no llegamos a ningún sitio. Prefiero
olvidarme de lo que he montado si en un momento dado
siento que tengo que quedarme parado. Que nunca se quede
atrás el arte”. Con esta reflexión
en el aire, el fotógrafo Paco Sánchez
presentó el libro ‘El color del baile flamenco’,
próximamente a la venta. Cuentan que acabó
la noche al calor de la fragua en el café cantante
de la Bodega de Los Apóstoles, con Nano de Jerez,
Juan Villar, Gordo de Jerez y Fernando de la Morena,
entre otros artistas que quisieron recordar cómo
el yunque y el fuelle alentaron la fundición
del cante jondo.

Ángel Muñoz,
Cañizares y Nantha Khumar
(Foto: Daniel Muñoz)
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