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FESTIVAL FLAMENCO DE JEREZ 2006. MERCHE
ESMERALDA/ MANOLO MARÍN/ RAFAEL CAMPALLO/ ADELA CAMPALLO
Apoteosis del baile
Silvia Calado. Jerez, 27 de febrero de
2006
Fotos: Daniel Muñoz
Merche Esmeralda, Manolo Marín, Rafael
Campallo, Adela Campallo: baile. Javier Patino, Juan
Campallo, Luis Miguel Manzano: guitarra. Juan José
Amador, Jesús Méndez, Charo Manzano: cante.
José Carrasco: percusión. 10º Festival
de Jerez 2006. Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz, España),
27 de febrero de 2006. 21 horas
Son contadas las ocasiones en las que existe unanimidad.
Y ante la gala que une en un escenario a Merche
Esmeralda, Manolo Marín, Rafael Campallo y Adela
Campallo, la hay. Público y crítica disfrutaron
por igual ante esta inusual muestra de baile flamenco mayúsculo,
ensartado en una gala sin más aderezo que una atinada
iluminación, un impecable sonido y un correcto atrás.
Titulada Gala de Andalucía y con algún añadido
al elenco artístico, ha hecho ya las delicias de la
audiencia neoyorquina y londinense como plato fuerte de Flamenco
Festival USA y Flamenco Festival London 2006. Y ha sido todo
un acierto compartirla con Jerez. Ni atrezzo ni argumento.
Dos parejas. Dos generaciones. Sevilla. Y la inconmensurable
soleá con bata de cola de Merche Esmeralda.

Rafael Campallo y Adela Campallo
(Foto: Daniel Muñoz)
Martinete para la presentación. Un foco cenital para
cada uno. Cuatro pinceladas para exponer cuatro personalidades.
Y un cierre a una, con lo que los une. A continuación,
dueto. Adela
Campallo bate sus alas, con preciosa estampa de impecable
cabeza y vestido de color claro cuajado de diminutos volantes.
Rafael Campallo sale a hermanarse con ella y su elegante moverse.
Paso a dos cara a cara. Fluidez. Saber estar en un dúo
ni romántico ni empalagoso. Evidente complicidad, ante
la voz en off de La Macanita y toque de Niño de Pura.
Sólo se plantan ante el público para rematar.
Prescindible solo de cajón. Javier Patino esboza las
alegrías a la guitarra. Y vuelve a escena Rafael
Campallo. Limpio, preciso, coqueto... y con esa pizca
de chulería que hace del baile un acto compartido de
la escena para afuera. Un ole para esos remates sibaritas
de apenas un giro de cabeza, tras la mayor locura virtuosa.
El ojo del huracán está situado aquí
en medio de la gala. Merche Esmeralda, entronizada en una
silla de nea. Canta a sus pies Charo Manzano por soleá.
Un estremecimiento recorre la sala cuando inicia el despegue.
Despacito. Despacito. Va enredando de brazos su cabeza enhiesta,
haciendo mil filigranas con las manos. Impresionante. Qué
belleza de mujer. Qué belleza de movimiento serpentino
y reposado. Ella y la bata de cola negra de lunares blancos
son toda una, como mandan los cánones sevillanos. No
se mueve la cola, la cola levita. Sólo ella besa el
suelo con el extremo arco de su espalda. Delicatessen. Y,
por bulerías, quiere regalar guasa y solera, flamenco
cercano y abrupto, del que se va alejando con el paso del
tiempo. “Arte y majestad”, como dice la cantaora.
Adela Campallo tenía el difícil papel de afrontar
al público tras la intervención de la maestra.
Pero, gracias a la diferencia, logró salir airosa de
la prueba. Cante rancio jerezano. Jesús Méndez
por seguiriyas. La bailaora sevillana reposa su braceo, su
lenguaje de caderas, su bella figura. Y a la hora de tomar
tierra, de percutir y de ser vehemente, cierra el círculo
de bailaora completa y en pleno proceso de maduración.
Merche Esmeralda
(Foto: Daniel Muñoz) |
Manolo Marín
(Foto: Daniel Muñoz) |
El maestro Manolo
Marín, que ha forjado a toda una hornada de bailaores
en su escuela de Triana, hace aparición al calor de
una sólida ovación. Ofrece unos apuntes por
tientos, unas cuantas lecciones de arte sin edad. Poso, reposo,
sabiduría. Al son de los tangos, acude Merche Esmeralda.
Y juntos disfrutan y hacen disfrutar por tangos sensuales
y sabrosos cocinados a fuego lento en la orilla trianera del
Guadalquivir. Ella manda, comiéndose la escena, helicoidal,
encogiendo su altura para equipararse al compañero
y ponerse aún más canastera. El teatro hierve.
Y aún queda el fin de fiesta, coreografiado como el
martinete inicial, pues así lo quiso el maestro Marín
para alejarse del típico festival ‘casual’.
Ya es el momento de las ‘patás’ individuales.
Adela abre y remata sacando a su hermano. Manolo Marín
recuerda a Enrique el Cojo. Y Merche Esmeralda cierra sacando
lustre al flamenco más pícaro y callejero. Las
dos parejas se recogen entre aplausos. Absolutamente todo
el teatro se pone en pie unánimemente. Noche de confirmación.
¡Viva el flamenco!
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Del baile teatral al baile temperamental
Fuensanta la
Moneta (Foto: Daniel Muñoz)
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Y
no fue lo único que ocurrió. La
jornada comenzó a eso del mediodía
con el encuentro en la Bodega de San Ginés
con los artistas que actúan mañana
y la tertulia sobre la danza teatro flamenca que
protagonizaron el teórico José Luis
Navarro, el letrista y guionista Juan José
Téllez y el coreógrafo y bailaor
Javier
Latorre. Departieron, desde la experiencia
y el estudio, sobre las vicisitudes de esta faceta
que inauguró ‘Quejío’
de Salvador Távora, subrayándose
carencias, sobre todo por parte del coreógrafo:
“Hay que tener ganas, información,
formación, equipo y seriedad, que es lo
que no suele funcionar”. También
Téllez lanzó una interesante reclamación:
“¿Por qué no se reponen los
espectáculos flamencos?”. Con esa
pregunta en el aire concluyó el debate,
al que sólo pasadas unas horas sucedía
en la agenda el recital de Fuensanta
la Moneta en el Teatro de Guadalcacín.
El empeño de las alumnas de los cursos
parece no haber hecho de la distancia a la que
está la pedanía un handicap. Con
la sala llena -unas doscientas butacas- la bailaora
granadina tuvo ocasión de exponer tres
solos de baile, acompañada por tres cantaores
y dos guitarristas, poco implicados en la historia.
La Moneta necesitó pasar por la soleá
y el fandango abandolao como precalentamiento,
para llegar en plenitud a la seguiriya. Fue entonces
cuando brotó su genio felino, su estampa
a lo Manuela Carrasco, ese bailar temperamental
que puede hacer sólo con los ojos. |
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Son de la Frontera
(Foto: Daniel Muñoz)
Son
de la Frontera rememora a Diego del Gastor en
la Bodega de los Apóstoles. El
grupo de Morón de la Frontera cerró
la cuarta jornada del Festival de Jerez 2006 con
el repertorio, ya enriquecido por las giras, de
su álbum debut ‘Son
de la Frontera’. Raúl Rodríguez
al tres cubano, Paco de Amparo a la guitarra,
Pepe Torres al baile, Moi de Morón y David
Sánchez al cante, y Manuel Flores al compás
se nutrieron del cálido ambiente del templo
donde reposa el vino para exponer su particular
homenaje al toque intemporal de Diego del Gastor
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