FESTIVAL DE JEREZ 2008. RAFAELA CARRASCO, 'CONCIERTO GUSTO'
La estratega
Silvia Calado. Jerez, 1 de marzo de 2008
Teatro Villamarta. Eva Yerbabuena, 'Santo y seña'. Reseña, fotos, vídeo
'ConCierto gusto'. Rafaela Carrasco : baile, coreografía, dirección. Antonio Campos, El Pulga: cante. Jesús Torres, Canito, Juan Requena: guitarra. Nacho Arimany: percusión. 12º Festival de Jerez 2008. Sala Compañía. Jerez (Cádiz, España), 1 de marzo de 2008. 24 horas

Rafaela Carrasco (Foto Daniel Muñoz)
No se estrenó en el Teatro Villamarta, pero así debía haber sido. A Rafaela Carrasco le vino terriblemente estrecha la Sala Compañía para vestir de largo su nueva creación, 'ConCierto gusto'. Y es que en la bailaora y coreógrafa sevillana, formato íntimo no quiere decir formato pequeño. No sólo a la compañía, sino sobre todo al público se le quedó corta la sala. De hecho, fue una de las propuestas que primero colgó el 'localidades agotadas'. Aún cuando, para más dificultad, era la noche de Eva Yerbabuena en el Teatro Villamarta. ¡Cuántas emociones en tan poco tiempo!
Rafaela Carrasco quería volver a destapar su vis flamenca. Nunca la perdió, pero en su anterior montaje 'Del amor y otras cosas' optó más por lo contemporáneo. Ahora tiene el gusto de bailar por granaínas, soleares, mineras o fandangos, sin más motivo que el que le ofrecen sus músicos. Pero teniendo en cuenta la relevancia que en su danza tiene lo que suena, no son músicos cualquiera. Las guitarras de Jesús Torres , Canito (vaya solo, por cierto) y Juan Requena, los cantes de Antonio Campos y El Pulga, y la percusión de Nacho Arimany se entretejen con los movimientos y la música corporal de la bailaora en una obra que sí, es que es un concierto... Un buen concierto en el que ella les va proponiendo, uno a uno, desafíos.

Rafaela Carrasco y Nacho Arimany (Foto Daniel Muñoz)
Así que no se trata de acompañar, sino de dialogar, de proponer, de tú a tú, con arrrojo, con entrega. Y de qué manera. La granaína con mantón, danzando todas las sutilezas de la guitarra de Torres, captando todos los estremecimientos del cante de Campos. La conversación percutida entre ella con pantalón y Arimany utilizando los latidos de la naturaleza, incluyendo calabaza africana, semillas de la tierra... y el suelo del escenario. Y cómo los junta a todos después de dejarlos hacer y acompañarlos a las palmas, para después sacar toda su intensidad por soleá. Anda que los fandangos, que hace a los cantaores cantarlos a distintos compases para ella, en medio, bailarlos con bata de cola según esa manera sólo suya de hacerlo. Baila bien... y piensa bien.
Y además de la calidad musical y dancística, deslumbra la calidad escénica de la propuesta (a pesar de las dificultades técnicas de la sala). Cómo con tanta sutileza y tanta elegancia, se presenta, se desarrolla y se despide cada pieza. Hay finales alucinantes. Uno deja extinguirse la última nota de la guitarra. Otro acaba en la iteración de un giro sonoro. El escenario es como un tablero de ajedrez. Y cada número, una jugada, una combinación de fichas estratégicamente situadas. La reina manda.

Rafaela Carrasco (Foto Daniel Muñoz)
|