FESTIVAL DE JEREZ 2009
JUAN DIEGO, ÁNGEL MUÑOZ & ADELA CAMPALLO, ‘INSPIRACIÓN’
Otra comunicación
Silvia Calado. Jerez, 28 de febrero de 2009
‘Inspiración’. Juan Diego: guitarra, música. Ángel Muñoz, Adela Campallo: baile, coreografía. Londro, Eva Durán: cante. Enrique Rodríguez: trompeta. Jorge Gómez: guitarra acústica. Juan Peña ‘Chispa’: percusión. Macano, Bo: palmas. Tomasito: artista invitado (voz, baile). Antonio Valiente: iluminación. Chipi Cacheda: sonido. 13º Festival de Jerez. Teatro Villamarta. Jerez de la Frontera (Cádiz, España), 27 de febrero de 2009. 21 horas

Adela Campallo y Juan Diego
(Foto Javier Fernández) |
|
En apenas dos jornadas, el escaparate que es el Festival de Jerez ya ha mostrado dos modos diametralmente opuestos de afrontar el baile flamenco. El primero tomó el prisma teatral. El segundo, la actitud de un concierto musical. Y esta era, precisamente, la ‘innovación’ que proponía ‘Inspiración’. Juan Diego planteaba las composiciones musicales en formato banda. Y Ángel Muñoz y Adela Campallo habrían de coreografiarlas e interpretarlas tal cual.
La empresa resultó ser más difícil de lo esperado, pues los bailaores hubieron de sacrificar muchas de sus armas para poner el movimiento al servicio de la música. Más si cabe, cuando la música en cuestión no parte de planteamientos comerciales, sino de respiraciones, inspiraciones y expiraciones, de sensibilidades y sutilezas no siempre fáciles de compartir. Quizás por ello, algunas piezas dejaron un cierto regusto de desvaimiento seguramente evitables con un planteamiento tradicional. Pero eso hubiera sido lo fácil. Lo difícil era que en escasísimos minutos, los bailaores lograran traspasar los límites de la escena, además de aportar sus arreglos plásticos y percusivos a las piezas.
En ese sentido, los dos bailes de pareja (ese formato tan en desuso) resultaron deliciosos. Y no sólo por el equilibrado tándem que forman. Juntos bailaron la seguiriya ‘Musgo’ y la bulería ‘Malika’, piezas en las que exploraron la tridimensionalidad del diálogo danzado. Ya en solitario, la bailaora pidió espacio por soleá, que acometió en toda su extensión y con todas sus dobleces, combinando contención y temperamento. El bailaor en sus solos, por rumba y por alegrías, siguió fiel a la idea del baile-para-toque, aplicándose en condensar sus pulcras y enérgicas maneras ‘al servicio de’.
Y es que el baile era sólo un ingrediente más en este concierto -sonorizado e iluminado con acierto- que adelantaba el contenido del que será el segundo disco en solitario del guitarrista jerezano. Por lo oído anoche, profundiza en esas maneras propias que ya apuntó en ‘Luminaria’. Viene de Jerez y pasa por la anterior generación tocaora, pero va hacia sí mismo y hacia el mundo. Y en ese camino, da a la guitarra una perspectiva ancha, sincera y desacomplejada. Quizás por eso puede pasar con naturalidad de la personal intimidad de ‘Steve’ a perderse entre su grupo como un jazzman cualquiera. Por cierto que supo escoger con tino a cada uno de sus acompañantes. Sin ser instrumentos habituales al flamenco, tanto las guitarras acústica y eléctrica de Jorge Gómez como la trompeta y fliscornio de Enrique Rodríguez, supieron encontrar su lugar justo en la narración aportando, sobre todo el segundo, instantes de sofisticada jondura.
Eva Durán, Tomasito y Juan Diego
(Foto Javier Fernández)
|
Lo mismo lograron los cantaores Londro y
Eva Durán, ambos más que solventes en todas las tesituras: dulces en la guajira, profesionales en los lereles y profundos en estilos más comprometidos como martinetes o soleares. Las palmas de Macano y Bo, y las sencillas bases rítmicas de Chispa completaron el grupo. Casi. Pues no se cerró del todo hasta que
Tomasito no irrumpió en escena tornando cualquier déficit de electricidad en superávit. Agitó banderas como ‘El fino’, hizo reír a la audiencia con su espontaneidad, presentó a cada miembro de la compañía y fue maestro de ceremonias en la jam-fiesta de este espectáculo que, aún con los desajustes propios del estreno, demostró que otras formas de comunicarse son posibles y que, de vez en cuando, vale exigir al oído tanto como a la vista.
María José Franco, ‘Bailando para mí’
Sala Compañía, 24 horas

María José Franco
(Foto Javier Fernández) |
|
Bailar, bailar y bailar. Sin tregua, sin complicaciones, sin dejarse nada en la recámara. Así de directa se mostró María José Franco a medianoche en la Sala Compañía con el estreno de ‘Bailando para mí’. La bailaora gaditana dejó atrás las complejidades de ‘De grana y oro’, para centrarse sólo en la retroalimentación entre el baile, el cante, el toque, el compás… y un violín. Con el atrás a destajo, la artista fue encadenando un baile tras otro, mostrándose a las claras como una bailaora de pies a cabeza, del tacón a las muñecas. Y es que lo mismo se emplea a fondo en una compleja partitura de pies por farruca con pantalón y a dos guitarras, que dibuja con su estilizado cuerpo el espíritu de palos como la seguiriya, que se pone un mantón por alas, que alterna con la desbordante masculinidad de Juan Ogalla, que extrema la sensualidad por tangos o que salpica salinidad por alegrías. Y, además, tuvo la pericia de engarzar con sumo cuidado y mejor gusto cada cuenta de ese reluciente collar. María José Franco no sólo es, sino que está… y crece.
Más información
Entrevista a María José Franco, bailaora
|
|