FESTIVAL DE JEREZ 2009. FUENSANTA LA MONETA, ‘DE ENTRE
LA LUNA Y LOS HOMBRES’
Bailan, sienten y (hasta) piensan
Silvia Calado. Jerez, 5 de marzo de 2009
‘De entre la luna y los hombres’.
Fuensanta la Moneta: baile, coreografía.
Eva Durán: cante, adaptación de textos. Miguel
Iglesias: música, guitarra. Paco Iglesias: guitarra.
José Carrasco: percusión. Eléctrico,
Torombo: palmas. Jaime el Parrón: cantaor en off.
Ramón Aparicio: actor en off. Ángeles Mora,
Teresa Gómez: textos. Hansel Cereza: dirección.
Raúl Comba: guión. 13º Festival de Jerez.
Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz, España),
5 de marzo de 2009. 21 horas

Fuensanta la Moneta
(Foto Daniel Muñoz) |
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“Que bailen y que no piensen”,
dijo el extranjero. Acababa de ver a la Fuensanta
la Moneta que quiere crecer, desahogar sus inquietudes
y hasta puede que equivocarse. Ya sabe ella y lo saben quienes
vienen siguiéndola, lo bravíos, sólidos
e intensos que son sus cara a cara con el cante, el toque
y el público en las distancias cortas. Pero cuando
ganó en ‘Desplante’ hace algunos años,
ya dejó claro que no iba a quedarse meneando la coleta
en una cueva. Y en vez de empezar a montar compañía
propia, se camufló entre el cuerpo de baile de Javier
Latorre. Tras aquel gesto, fue poco a poco moviendo con
su nombre el tradicional montaje de medio formato, sin argumentos
ni historias. Del que ha hecho dos versiones con las que
conquistar plaza tras plaza en las últimas temporadas.
Una de ellas fue, precisamente, el Teatro de Guadalcacín,
fugaz escenario de este festival. Pero aparte de bailar,
también quería sentir y hasta pensar. Y puede
que, siendo prácticos, responder a la demanda de
obra de los programadores.

Fuensanta la Moneta
(Foto Daniel Muñoz) |
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Y con el mecenazgo de Málaga en
Flamenco 2007 le llegó la oportunidad. ‘De
entre la luna y los hombres’ -que en unos días
recalará nada menos que en el Teatro de la Zarzuela
de Madrid- supone para la bailaora granadina el salirse
de la peligrosa casilla de bailaora-y-punto. Aunque ello
entrañe visibles retos, riesgos y dificultades. Que,
por cierto, sabe asumir, resolver y hasta superar. La empresa
no es fácil, por cuanto ha de desempeñar roles
de mujer que se definen no por rasgos, sino por abstracciones
poéticas. Y están expresadas por medio de
los versos de Ángeles Mora y Teresa Gómez,
magistralmente adaptados a distintos estilos de cante por
Eva
Durán. La cantaora malagueña comparte
el peso de la obra, por cuanto hace de voz de la conciencia
de la protagonista… y con unas interpretaciones bellísimas.
Aún van más allá de las palabras esos
intangibles. Además de en la banda sonora compuesta
por Miguel Iglesias -quien al fin trasciende el acompañamiento-,
está en el abrumador trabajo escenográfico
de Hansel Cereza. El artista, fundador de La Fura, ha creado
un espacio surreal que amplifica las metáforas del
guión. Y se basa en esa imagen tan andaluza de las
sábanas oreándose al sol, a lo que suma el
uso de texturas proyectadas de fondo y un ensoñador
vídeodanza en el que la bailaora se enfrenta a sus
otros yo. Quizás la pega es que este sobredimensionar
el espacio, usando toda la altura de la caja, empequeñece
a la solista, que ha de redoblar esfuerzos para crecerse
y concentrar la atención del espectador. Aunque ese
peligro sólo se roza en algún momento, pues
La Moneta se basta para ser centro. Tiene en este espectáculo
la novedosa capacidad de ser muchas más bailaoras
de las que hasta ahora ha sido. La sensualidad, la dulzura,
el dolor, la fuerza, la violencia y la debilidad se conjugan
en sus movimientos, en sus potentísimos ojos y en
el difícil acto de caminar por la tabla, asumiendo
los dramas y satisfacciones de esas otras mujeres por las
que aquí se preocupa. Abandolaos, guajira, farruca,
soleá, bulerías y seguiriyas son las formas
que aquí toma, casi sin respiro, su danza…
y también su pensamiento.
Carmelilla
Montoya
Sala Compañía,
24 horas
Carmelilla Montoya
(Foto Daniel Muñoz)
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La bailaora
sevillana Carmelilla Montoya acudió
al ciclo ‘Con nombre propio’ de
la Sala Compañía rodeada por
un potente atrás en el que destacaban
las voces de La Tana y Mari Vizárraga.
La sustancia y la levedad, la tradición
y la gracia se dieron la mano en la actuación
de esta artista que lo es desde que de niña
formara parte de los espectáculos de
la ya mítica Familia Montoya.
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