FESTIVAL DE JEREZ 2009. ROCÍO MOLINA, ‘ORO VIEJO’
Confirmado: el reloj se equivoca
Silvia Calado. Jerez, 7 de marzo de 2009
‘Oro viejo’. Rocío Molina: baile, coreografía, dirección artística y musical. Laura Rozalén: colaboración especial baile. David Coria, Moisés Navarro: baile. Paco Cruz, Rafael Rodríguez: guitarras. Sergio Martínez: percusión. Bobote, Eléctrico: palmas. Rosario la Tremendita: cante. David Picazo: dirección de escena. 13º Festival de Jerez. Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz, España), 7 de marzo de 2009. 21 horas

Rocío Molina
(Foto Daniel Muñoz) |
|
Mientras estas líneas esperaban ser escritas, el anciano dijo: “Aquí estamos haciendo algo por la vida… que la muerte viene sola”. No está la frase en ‘Oro viejo’ de Rocío Molina, pero podría estarlo. Ha pasado una noche entera con su madrugada desde que, al son de una inconmensurable ovación, bajó el telón del Teatro Villamarta, y acabo de darme cuenta de que la reflexión de la bailaora es ahora de todos. Y aquí estamos sentados en el banco del parque o en la mesa del desayuno, escuchando frases de esa incuestionabilidad, empezando a comprender que, efectivamente, “el reloj medía el tiempo exterior equivocadamente”.
Por eso no sabemos cuánto duró el espectáculo. Nunca lo sabremos. Lo único que tendremos claro será el recuerdo de cómo esta genio del baile -recuerden, de veinticuatro años- hizo enloquecer al público con ese bailar suyo que roza la temeridad. No sabría explicar por qué da esa especie de miedo-asombro-vértigo-fascinación-gozo. Pero de lo que sí queda la absoluta certeza es de que estamos presenciando algo grande, muy grande. Y dan ganas de hacer algo para que el mundo entero lo sepa.
Ya aparte de que, para colmo, su mensaje quede y cale, es que su manera de bailar tiene referentes… al otro lado de la galaxia. Nunca se vio bailar así. Danzó la palabra temblona del viejo en un claroscuro. Cambió su carne por porcelana en una milonga de señorita decimonónica… insolente, grácil, divina, de apariencia frágil, de fondo titánico. Alta joyería esta pieza. Lió la grande con ‘La Catalina’, a golpe de sombrero de paja, de cadera, de guasa, de puñalada. Sin más historias que las palmas de Bobote y Eléctrico, y la voz que tenía que ser, la de Rosario la Tremendita. Acabó con la pieza percusiva creada online por Sergio Martínez titulada ‘Tortura’, un escalofriante modo de hablar del dolor con un léxico corporal que lleva el flamenco hacia la vanguardia y hacia dentro de sí misma.

Rocío Molina y Laura Rozalén
(Foto Daniel Muñoz) |
|
Eso respecto a los solos. Pues hay cuartetos, tríos y dúos de impresión, perfectos todos en lo formal y también en la expresión. Que fue cómica en el pasodoble, en ‘Limeña’ y en ‘Dónde va María’. Que fue dramática en la malagueña en la que los dos bailaores la asisten al filo de cada pérdida de equilibrio. Que fue romántica en el dueto con Laura Rozalén al son orquestal de ‘María de la O’. Y que fue de antes y de ahora en el mano a mano alterno por polo de las dos. Ni que decir tiene que hace falta mucha calidad en la compañía para conseguir tanto matiz y tanta belleza. David Coria y Moisés Navarro ponen su brillo propio al servicio del guión, técnicamente perfectos y sobradísimos en cualquier tesitura interpretativa. Y Laura Rozalén es ese punto y aparte, esa excepcionalidad física en un mundo que se resiste a admitir lo diverso. Qué delicia su flashback, su saber trasportarnos a otro tiempo. Ese del que procede la guitarra-reliquia de Rafael Rodríguez, más cuando contrasta con la ductilidad y la frescura de Juan Cruz. Y ya está. No hace falta nada más, quizás sí más suerte en lo técnico (o más-mejores medios en este teatro, comenzamos a sospechar), para hacer un espectáculo que captura, hiere, ilumina y entretiene al público desde el primer al último minuto… vaya al compás que vaya el reloj de cada uno.