FESTIVAL DE JEREZ 2009. MIGUEL ÁNGEL BERNA, ÚRSULA
LÓPEZ & RAFAEL CAMPALLO, ‘FLAMENCO SE ESCRIBE
CON JOTA’
Albero y cierzo
Silvia Calado. Jerez, 9 de marzo de 2009
‘Flamenco se escribe con jota’.
Bailador: Miguel Ángel Berna. Bailaores:
Rafael Campallo, Úrsula López.
Músicos flamencos: Juan José Amador y Miguel
Rosendo (cante), Javier Patino y Jesús Torres (guitarra).
Músicos aragoneses: Lorena Palacios (cantadora de
jota), Guillermo Gimeno (guitarra española), Alberto
Artigas (bandurria), Josué Barres (percusión).
13º Festival de Jerez. Teatro Villamarta. Jerez (Cádiz,
España), 9 de marzo de 2009. 21 horas

Rafael Campallo,
Miguel Ángel Berna y Úrsula López
(Foto Daniel Muñoz) |
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Un alucinante telón de Antonio Saura
enmarcaba y engrandecía la escena. Rafael Campallo,
Miguel Ángel Berna y Úrsula López escucharon
con paciencia el farragoso montaje sonoro de cantaores y
cantadores de otra época, de flamencos y joteros.
A la izquierda, los músicos andaluces. A la derecha,
los aragoneses. Al son del martinete, Juan
José Amador pregona moras. Y bailaor y bailador
se encuentran. Cada uno en su tesitura, pero ligados por
un hilo musical compartido genéticamente. Albero
de Sevilla. Cierzo de Zaragoza.

Rafael Campallo y
Úrsula López (Foto Daniel Muñoz) |
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Y entonces, asistimos al retorno de Rafael
Campallo. Tras varias temporadas totalmente ignorado
por las programaciones de flamenco, el bailaor sevillano
regresa envuelto en un nuevo halo de calma. Segurísimo
de su discurso, lanzó su desafío al público,
con una soleá elegante, espaciada, salpicada de detalles
y cómplice con las gargantas del atrás. Y
el público le presenta sus respetos. Tras un oscuro
poco sutil, aparece en escena Úrsula
López con la belleza realzada por un mantón
coral y por una falseta de Jesús Torres. Ella es
armonía. Y su danza lo mismo explica lo jondo, que
ilustra la voz cristalina de la dulce jotera o que dialoga
con Berna en un paso a dos de conseguido encuentro por mor
del tres y del doce, y de la compatible plástica
corporal de la pareja. Apenas un motivo musical de los tocaores
tiene la bailaora cordobesa para cambiar el chip y el vestuario,
y emplearse en defender el difícil papel de los tientos
solistas. Aunque merece la pena ver cómo es capaz
de resolver algunos tercios con apenas una sutil pose.

Miguel Ángel
Berna y Úrsula López (Foto Daniel
Muñoz) |
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El golpe de efecto del montaje -que aún
está por cuajar- es la ‘Rasmia’
de Miguel Ángel Berna. Quienes tuvieron oportunidad
de ver la obra completa la pasada edición en la Sala
Compañía, estaban ya sobre aviso. Pero por
el griterío del patio de butacas, a la mayoría
les cogió por sorpresa su danza en suspensión,
su fogueo palillero, la velocidad que le hace desaparecer
los pies, los encadenados de giros, la tensión de
su narrativa... Pero, por encima de todos esos espectaculares
factores, está su empeño en que la danza y
la música de su tierra trascienda la momificación
del folclore, y se sitúe en ese espacio del arte
que la música popular andaluza logró hace
al menos dos siglos. Por fortuna, va sumando aliados en
su hazaña. Allí estaba viéndolo el
cineasta Carlos Saura (según dicen, anda estos días
por aquí buscando talentos), quien inmortalizara
su arte en ‘Iberia’.
Y a los parientes jondos, desde ahora, ya los tiene de su
parte. Juntos lo celebraron por alegrías… de
esas que en tiempos de la invasión napoleónica
los cantaores le escucharon a los cantadores.
Pastora
Galván, ‘Pastora’
Sala Compañía,
24 horas
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Pastora
Galván (Fotos Daniel Muñoz) |
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La bailaora
que ha nacido tras pasar por la centrifugadora
de ‘La Francesa’ es fascinante.
La de antes, bueno, tenía flamencura,
fuerza y cadera. Como tantas otras. Pero esta
nueva Pastora
Galván está dotada de ese
algo tan imposible: ser única. Ya ha
tomado distancia de sí misma y también
incluso del ‘israelismo’, para defender
planteamientos cada vez más propios.
Y no es que se complique la vida, sino más
bien al contrario; parte de una sencillez antigua
y hasta casera. Ahí están esas
bulerías que parecen sacadas de la mesa
camilla del Titi de Triana. Descalza, culona,
fresca y una pizquita vulgar: una bestia. Y
La Tobala metiendo palos en candela... Luego
se vuelve sofisticada y punzante en la seguiriya,
a la que dota de pasos, mudanzas y una manera
de construir hasta ahora inéditos. Bobote
le marca el compás sobre la mesa. David
Lagos le presta su cante sabio. La bata de cola
blanca refleja una cegadora luz por alegrías,
revoleándola con redaños y un
innovador clasicismo. El mismo que aplica a
los tangos, traca final de un espectáculo
que cierra -a la hora justa y ganas de más-
trazando una espiral inacabable. Y un epílogo:
ella cantó y Bobote le bailó.
Ole.
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