|
JOSÉ MERCÉ PRESENTA ‘LO
QUE NO SE DA’ EN EL TEATRO REAL DE MADRID
Entre amigos
Àlex D’Averc. Madrid, 27
de febrero de 2006
José
Mercé volvía al Teatro Real de Madrid.
Ya había manifestado cuánto le agrada tal escenario.
Además era la noche de estreno de la gira de su último
disco ‘Lo que no se da’. El público madrileño
le devolvió la deferencia con un lleno rotundo en un
desapacible lunes de febrero. El jerezano quiso agradar con
una propuesta heterogénea, aún no acabada de
engrasar, pero que tuvo en esa frescura y espontaneidad su
mejor baza.
Porque a José se le ve cómodo y desinhibido
con su nuevo trabajo, como si hubiese encontrado una fórmula
con la que trabajar muy a gusto. Empezó algo vacilante
con su martinete y toná ‘Amapolas de papel’,
cuyo acompañamiento musical crea una textura muy especial,
pero que al cantarse sin amplificar oculta la voz en demasía.
En adelante, el recital cogió cuajo. Dijo su soleá
‘Pienso’ con dulzura, doblando con gusto el tercio.
Y encaró la malagueña con ganas de lucimiento,
gustándose en las filigranas con las que pasaba de
la expansión al recogimiento. La parte de raigambre
más flamenca se cerró con unas alegrías
de aire cabaretero, con un acompañamiento musical exuberante
y que reparten el protagonismo entre el cantaor, el piano
de Diego Magallanes, los vientos de Juan Parrilla y la guitarra
de Moraíto.
Esa última siempre impecable, con su limpieza de sonido
y su depuración formal que tanto equilibra el cante
de su compañero y tanto ayuda a que parezca más
esencial. Y además obtuvo premio, con un tema instrumental
que bien apoyado al bajo y al violín se ganó
el primer aplauso entregado del público.
José Mercé
(Foto: Daniel Muñoz) |
|
| |
|
Se trata además del punto de inflexión escogido
por Mercé para ir desgranando su repertorio más
pop, aquel en el que se invierten los términos y los
cauces más libres de la canción melódica
se imponen a los patrones más codificados del cante
flamenco. Aunque ‘Fresas’, el primero de los temas
que aborda en esa clave, sea tal vez el más fallido
de todos ellos. No son ajenos a esa sensación unos
arreglos demasiado ampulosos y una letra un tanto almibarada.
La versión de ‘Mammy Blue’, coreada por
el respetable, y unas bulerías a las que Moraíto
da mucho color, hicieron que se recuperase el pulso, antes
de que se escucharan las sevillanas ‘Como una veleta’.
Con un ajustado acompañamiento de piano, y con un José
Mercé muy medido y elegante, fueron una de las sorpresas
más gratas de la noche y una revisión vivificante
de un género tan propenso a la autocomplacencia.
Otro tema instrumental, con regusto de ‘jam’
improvisada, con los músicos muy a su aire y con un
eficaz diálogo entre el violín y la flauta travesera,
sirvió para marcar el comienzo del tercer y último
tiempo del concierto. Cayeron dos temas más del álbum
que fueron recibidos con aplausos, pese a que cierto amaneramiento
en los estribillos y monotonía en los coros hicieran
que algún aficionado extemporáneo reclamara
“más flamenco” desde la platea. Quizás
quedara más satisfecho con el decir límpido,
afinado, rico en matices con el cual el león de Jerez
traduce el ‘What a wonderful world’ de Louis Armstrong.
Un brillante canal de comunicación entre el jazz melódico
y el cante más accesible, antes de que Mercé
buscara la complicidad final del público presentando
a su gente, pidiendo disculpas por los errores “que
son también muy importantes” y dándole
la ocasión de corear ‘Al alba’. Remató
dándose unos pasos por bulerías e hizo el bis
de rigor con un ‘Mammy Blue’ más suelto
y mejor que el primero que interpretó. La gente se
mostró generosa con los aciertos y fue indulgente con
los desajustes razonables de todo nuevo espectáculo
y con los temas más desmayados del nuevo disco, que
también los hay. Es una de las ventajas que tiene estar
entre amigos. Y Mercé, eso también es mérito,
tiene arte para hacerlos y para mantenerlos.
|