SANGRE NUEVA. JÓVENES FLAMENCOS 2009
El brillo de una cantaora
S.C./ Flamenco-world.com. Madrid, 30 de octubre de
2009
Desde esta revista estamos avisando del
relevo. Los artistas que vienen ahora empujando son ya los
nacidos en la década de los ochenta. Y un buen puñado
de ellos, de cantaores, bailaores, tocaores e instrumentistas
de veintitantos fueron los protagonistas del ciclo Sangre
Nueva 2009 que, a lo largo de seis noches repartidas en
dos fines de semana, se ha desarrollado en el Teatro Español
de Madrid.
Una de esas veladas fue la que protagonizó
Rocío
Márquez, una cantaora que se esfuerza
en ser consecuente con el premio que la avala, la Lámpara
Minera. La onubense llegó vestida de blanco al coqueto
teatro de la Plaza de Santa Ana. Chaquetilla corta, dorada
melena suelta, volantes tan ondulados como su propia voz.
Quizás abuse del rizo, de la filigrana, del floreo,
pero no sólo es que técnicamente sea intachable
y aplique su barroquismo con elegancia, sino que le da en
todo el gusto al público. Tanto, que la sala la llegó
a sorprender aplaudiéndole en pie las cantiñas.
Así cómo se iba a negar a cantar lo que le
pidieran. Que minera, pues minera. Que fandangos, pues fandangos.
Con ese guiño a Huelva de pie, delante y sin micro,
remató una faena no sólo triunfal, sino también
salpicada de frescura y variedad. Y no sólo por los
estilos cantados y los referentes que la inspiran, sino
también por los detalles de aportación propia.
Tan sólo un final diferente o un silencio inesperado
son señas inequívocas de una intención
por personalizar. Y eso da interés a su propuesta.
Aún habrá que madurar, desbarroquizar y pulir
personalidad, quizás habrá que sentarse junto
a una guitarra de más peso, pero ya es de esas pocas
flamencas de veintitantos que brillan con luz propia.
Fue su noche, pero compartida. Antes de
su recital, la joven pianista sevillana Laura de los Ángeles
interpretó varias de las piezas de su álbum
‘Callejón del agua’. Arropada por palmas,
cajón y piropos maternos, ofreció bulerías,
tangos y alegrías influidas tanto del cante tradicional
como del toque, así como de predecesores suyos como
Dorantes. Y al final, ya con menos novedad en la sangre,
fue el más veterano bailaor David Morales quien cerró
la noche con una suite de solos al son de martinetes o soleares.
David
Morales
(Foto Daniel Muñoz)
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