|
De lo jondo del árbol
Silvia Calado Olivo
Fotos: Daniel Muñoz
Ébano, pino, abeto, palosanto... Fueron árbol y ahora son
guitarra. Y siguen vivos aún entre los dedos del tocaor. De factores como
dónde y cómo crecieron, de la temperatura o de la humedad a la que
fueron sometidos una vez madera, depende el sonido flamenco de la guitarra en
la que después derivan. Y, por supuesto, de la rigurosidad de un proceso
de fabricación artesanal que se prolonga a lo largo de treinta días.
Guitarras Giralda, fundada en 1998, abre las puertas de su taller para mostrar,
paso a paso, la metamorfosis.

Una vez crecido el árbol y tratadas las maderas, el primer trabajo que
se realiza en el taller es el almacenaje. Este paso requiere tanta atención
como la afinación misma del instrumento pues, como materia prima sujeta
a los cambios climáticos, precisa condiciones óptimas de humedad,
temperatura y ventilación. Y de ello dependerá el nivel de la guitarra
a la que se destinen: estudio, concierto...

Madera para diapasones
En el proceso de selección se presta atención al grado de secado
pues, si no es óptimo, es preciso almacenar. Ocurre, especialmente, con
maderas de extrema dureza como el ébano, que se emplea en los diapasones
de las guitarras flamencas. La fase de clasificación, en la que también
se desechan nudos e imperfecciones, se completa con la separación de las
maderas en función de la parte de la guitarra a la que vayan: el ébano
para los diapasones, el cedro de Honduras para el mango y parte de la pala, pino,
abeto y cedro para para las tapas, ciprés para los aros y el fondo, palosanto
para el puente... De dichas piezas, aros y fondos deben ser emparejados.
Todos los materiales han de ser regruesados y rebajados en la siguiente fase,
en la que también se preparan las chapas finas de arce y palosanto con
las que se harán los filetes de adorno o remate de las guitarras flamencas.
También es el momento de preparar piezas como el mástil: se regruesa,
se alisa, se le dan medidas... y, según las vetas, se destinarán
a instrumentos de mayor o menor categoría. Es decir, cuanto más
juntas las vetas y cuanto más seca la madera, mejor calidad. En el taller
de Guitarras Giralda, el mástil suele componerse de tres partes, aunque
se puede hacer de una pieza. Sus artesanos le colocan el zoque, con una parte
vista, y la culata, la parte interior, va pegada al fondo.

Ensamblaje del mástil
Otra de las piezas en las que se trabaja en este momento es la pala, que va
unida a bisel. Y, aunque depende de los modelos, para darle más categoría,
suele llevar un refuerzo central. También es la hora de preparar el mastil
con dos piezas unidas por un filete central de ébano que da más
estabilidad y evita que, como la madera sigue viva, con la presión de las
cuerdas se pueda arquear.
El noventa por ciento del trabajo que se realiza en este taller es artesanal.
Sólo se hacen con maquinaria tareas que no afectan al sonido como, por
ejemplo, los orificios del clavijero -que, eso sí, después se rematan
a mano- o los dos taladros de la pala, justo la pieza por cuyo diseño se
identifica el fabricante.
Una vez montada la pala, los artesanos comienzan a trabajar el fondo. Las dos
partes de la cara trasera del instrumento se hermanan de forma simétrica,
siguiendo la veta natural de la madera, con un filete transversal negro que las
une. Una máquina de invención propia se ha encargado previamente
de dar forma al fondo, que ahora a mano se remata para dejarlo un par de días
fijándose. El proceso de composición de las tapas es similar: se
ensamblan las dos partes y se dejan secar. Con una máquina se hace la boca
a cuyo alrededor hay que rebajar a mano para incrustar la roseta. Esta pieza se
hace a mano con piezas minúsculas de madera haciendo geometrías
cuyo dibujo también es seña de identidad del fabricante. Guitarras
Giralda tiene un modelo único elaborado por un artesano valenciano. La
roseta se encaja y se lija a mano.

Colocación de la roseta
Sigue...
revista@flamenco-world.com
|