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Aros y fondo secando

 


Barnizado

 


Lijado

 


Cuando los aros también han tomado forma en sus correspondientes moldes, las piezas van encajando. El aro se junta con el mástil, cierra el fondo y la tapa se une en un molde. En este proceso es fundamental que todo vaya a eje, pues si no corresponden exactamente las medidas, la guitarra se desplaza y acaba desajustándose. Asegurado el equilibrio, se abordan los refuerzos de los arcos, tiras finas que se moldean hasta que todo quede unido y libre de los pegamentos naturales que se emplean en el pegado. Los aros, normalmente contrachapados, vienen curvados o se moldean en una curvadora de aros donde, con el hierro al rojo vivo, se somete a una temperatura muy elevada durante unos minutos. El proceso es delicado porque hay maderas muy frágiles como el ciprés y algunas maderas incluso se tienen que humedecer, sobre todo, si es palo santo de India, para evitar que se rompan. En algunos casos, la curvatura se da a mano, pero sólo excepcionalmente.


Moldes para curvar los aros

La labor de elaboración de las tapas armónicas guarda gran parte del secreto de cómo sonará el futuro instrumento. El varetaje interno de la guitarra flamenca se coloca en paralelo al eje de la guitarra, con menos apertura que en la clásica en la disposición del abanico, siguiendo la escuela decimonónica del almeriense Antonio de Torres. La flamenca suele llevar siete varetas, igual con refuerzo en la parte inferior. La inclinación de las varetas, de la que dependen los graves y agudos, pueden cambiar dependiendo de cómo trabaje el músico.


Varetaje

Toda la preparación de la tapa armónica se realiza a mano, incluido la preparación de esas tiras de madera, que deben estar muy lisas y lo menos angulosas posible, pues el sonido precisa encontrar pocos obstáculos para entrar y salir. Como comenta un artesano del taller, la tapa actúa como la piel de un tambor, estirando las cuerdas. Y cuanta más madera cruzada, menos volumen tendrá la guitarra. El flamenco requiere una caja estrecha -característica que hace el sonido más agudo- y volumen, efecto que se consigue cruzando las varetas armónicas en paralelo a la veta. Este elemento, aunque en principio se usaba a modo de refuerzo, ecualiza la guitarra.

El armazón debe estar completo para dar inicio al trabajo de fileteado de tapa y fondo. Esta tarea es delicada porque hay maderas que se astillan. Es hora de fresarlo todo a su medida para incrustar los adornos: se preparan los filetes a mano, se fijan y se dejan secar. Cerrada esta fase, se pasa a la preparación del diapasón, siempre de ébano carbonero, madera importada desde África que, por control gubernamental de los países de origen, viene ya cortada. Esta pieza se clasifica en varias categorías, dependiendo de los años de la madera, cuyo secado, una vez en el taller, puede ser de hasta cuarenta días. Dar forma exacta al mástil, desgruesar los sobrantes, hacer la forma curva de la boca, hacer las ranuras de los trastes -de estrellado holandés-, cortarlos, encajarlos a martillo y nivelarlos con una pieza de aluminio son algunas de las tareas de esta fase.


Fijación del diapasón

Antes de pasar al barnizado, aún hay que colocar el puente que da altura a las cuerdas, que suele ser de madera de palosanto de India o de Río. El acabado de esta pieza, que se compra ya hecha, se trabaja según el modelo, pero siempre lleva una pieza de metacrilato y, haciendo juego, un adorno a modo de filete formado por hilo negro, blanco y palosanto. Y también hay que "desbastar" y lijar todos los acabados a mano, con distintos grosores de lija, además de dar curvatura del mástil.

Una sala de vacío acoge la fase de barnizado, donde se trabaja por grupos de cuatro para cada modelo. Previamente, la guitarra ya montada recibe una imprimación de tapaporos cuya intensidad depende de la porosidad de la madera. Una vez seca, se vuelve a lijar entera hasta que quede la capa óptima y se somete al barnizado, con o sin tinte. En esta sala, aislada de toda mota de polvo, la guitarra permanece aproximadamente una semana... y algo más en invierno por la baja temperatura. Una precaución: el ébano del diapasón se tapa, pues no puede entrarle barniz.


Sala de vacío

Cuando la guitarra sale de este necesario aislamiento, se colocan las cuerdas y la pieza de huesos cuya altura determina que se trastee. En la guitarra flamenca el cordaje va más pegado y se emplea un ajuste estándar, en la flamenca, la escala 6/60. Ya sólo quedan detalles como el clavijero, la cejuela, la silleta... y el exhaustivo control de calidad por el que pasa todo instrumento elaborado en este taller.


Control final de sonido

Han pasado treinta días laborables de trabajo, igual dos meses si se trataba de un encargo especial... y la guitarra ya está lista para ser templada. Entre las manos del tocaor aún seguirá viva, recordando aquel árbol que fue y que le ha dado su personalidad, pues igual que ningún árbol es igual a otro, ninguna guitarra es igual a otra... y menos, desde el momento en el que empiece a cantar sus falsetas derramando jondura.

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