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Jerez en tierras mineras
Tercera gala flamenca. Jerez invade La Unión
con una propuesta de lo más variopinta. Abriendo una
brecha, un sendero hacia las nuevas tendencias. Desde lo más
ortodoxo a lo más electrizante. Dando muestras de que
la autenticidad de esta tierra también se deja querer
por otras influencias, por otras inquietudes. Abre Fernando
de la Morena, que vino sustituyendo al recientemente desaparecido
Antonio Núñez ‘Chocolate’. Ninguno
de los artistas jerezanos que se subieron al escenario tuvieron
el detalle de acordarse de este gran maestro del cante. El
cantaor santiaguero gustó por soleá, pese a
tener la responsabilidad de romper el hielo. Con ese estilo
tan peculiar de decir el cante, ofreció una tanda de
fandangos. Hablando cada tercio con esa particularidad que
lo caracteriza. En honor a la tierra donde cantaba, resolvió
por taranto. “Algo que suena a fatiga, a mina”,
aseveró el artista. Fernando de la Morena debutaba
en la “Catedral del cante”, por lo que quiso destapar
el tarro de las esencias. Siguió litigando por seguiriyas
con una entrega absoluta. Cerró por bulerías
marca de la casa.

Fernando de la Morena.
Las Minas 2005 (Foto: José Albadalejo)
De Santiago a la Plazuela. Terna de Juan Moneo Lara ‘El
Torta’. Tuétano de la bulería. De
vivencia telúrica. De cante visceral. El Torta pelea
constantemente con el difícil cante de la vida. Lo
muestra su soleá, lo destapa una seguiriya ardiente.
Son los avatares, los sufrimientos de la existencia viva de
la garganta del cantaor de La Plazuela. Tensa su cuerpo en
el taranto. Expulsa la rabia contenida en las bulerías.
Juan sigue presente. Allanado el terreno, el mercado aguarda
la presencia de Capullo de Jerez. Otro cantaor singular y
genuino. Tira de su repertorio. Soleá por bulerías,
fandangos, tangos y bulerías… porque “la
vida es una rutina”. Capullo sabe cómo meterse
al público en el bolsillo. Por bulerías, sonaron
los cabales del Sernita y una pincelada por taranto.
Segunda parte. Nuevas tendencias. El gurú del compás,
Diego Carrasco, y el ritmo electrizante de Tomasito. Carrasco
hizo soñar con el vuelo del pájaro, con su ‘Oliva
y naranja’ pidiendo ‘Gritos de libertad’,
para meterse en Lebrija. ‘Ea, la ea, la ea’. “El
viejo mundo y el nuevo mundo”, porque si “entre
tú y yo existe la química, combinémonos”.
Son las dos de la mañana. El sonido se electrifica.
Suena la batería. Llega Tomasito y su forma de entender
el arte. “Nos vamos a quedar los que estamos a gustito”,
manifestó el genuino artista jerezano. “Torrotrón”,
este se acabó.

Diego Carrasco. Las Minas 2005
(Foto: José Albadalejo)
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