|
<< Anterior
Cante. Sevilla. Mujer
| |

Esperanza Fernández con José Antonio
Rodríguez
|
| |
|
| |

Remedios Amaya
|
| |
|
El punto de madurez que le falta a la cantaora nazarí fue puesto noches
atrás por dos mujeres sevillanas que ya pasean con reposo por las alturas:
Esperanza Fernández y Remedios Amaya. Compensando las limitaciones de las
cantaoras 'teloneras' Encarnación Fernández y María Vargas,
ambas complacieron al respetable -el viernes 8 de agosto- a base de solvencia,
temperamento, carácter y saber hacer. Esperanza Fernández combinó
fiesta y recogimiento, equilibrando soleares de Alcalá con cantiñas
de Pinini, seguiriyas con bulerías, tientos con tangos, en un triángulo
con vértices en Triana, Alcalá y Lebrija. Acunado entre algodones
por el toque de José Antonio Rodríguez, el cante estremeció
las estructuras metálicas del templo. Belleza en las seis cuerdas, belleza
en la tostada garganta. Complicidad entre unas y otra. Y entendimiento con el
público, que la aupó cuando se remetía y cuando exteriorizaba,
baile incluido, la suya jondura.
Remedios Amaya puso la balanza más de lado de la extroversión
que de la introversión, aún cuando tuvo la deferencia de comenzar
el recital por cartageneras. Preciosa voz y precioso modo de aplicarla. La estampa
imponente, excepcional el instrumento. La hermosura vocal recrecida con el toque
de Juan Diego, atento a calzar cada nota y cada armonía. La jarana se demoró
poco. La flor se abre. Llegaron los jaleos extremeños. Llegaron Las Peligro
y la hija Samara a los coros. Llegó la reina de lo festero. El camino ha
de ser despejado para sus pies descalzos y su cantebaile. Tangos, bulerías.
El disco 'Sonsonete' que se desmenuza, Camarón que se manifiesta. "Al
alba, tú te fuiste al alba...". Ecos que La Unión, ciudad de
esqueleto minero, fundió esa madrugada con el fresco de madre marina en
los veladores de los aledaños del mercado, como en un espejismo viviente.
Matilde Coral, Chano Lobato, Juan Habichuela, Estrella Morente, Miguel Poveda,
Remedios Amaya, Esperanza Fernández... Impecable. La calidad del programa
de galas flamencas del festival murciano iba alcanzando cotas elevadísimas...
hasta aquel patinazo de la ópera flamenca. Nadie parecía saber nada
del grupo Xeb-Alhamar ni de la obra 'Sueños de libertad', que se iba a
representar el domingo día 10 de agosto. El descubrimiento indignó.
Y muchos enfocaron el agravio hacia la asociación cultural de la localidad
malagueña de Estepona -cuyo ayuntamiento, por cierto, es patrocinador del
festival- que acomete la obra, creada y dirigida por el ex alcalde del municipio,
Manuel Sánchez Bracho, y con música del guitarrista local Paco Javier
Jimeno. La crítica habría de dirigirse quizás a la organización,
que cometió el desatino de insertar una función de aficionados en
un cartel de profesionales de primera fila. Más para capilla, que para
catedral. Y ello redundó negativamente en la taquilla, en la caja de la
Peña La Palmera, en el ambiente nocturno del pueblo -totalmente festivo
hasta entonces- y en el ánimo de los asistentes.
Oda a la genialidad

Gerardo Núñez
|
|
| |
|

'Bodas de sangre'
|
|
| |
|
Recuperarlos fue tan sencillo como esperar a la noche siguiente... la de Estrella
Morente; para terminar la terapia con la doble velada de cierre de las actuaciones
previas al concurso, que compartieron Gerardo Núñez Trío
y la Compañía Andaluza de Danza. El guitarrista jerezano se abrió
paso con un fragmento de 'Yerma' que comenzó en solitario y remató
por bulerías ya pertrechado por la percusión de Cepillo y el contrabajo
de Pablo Martín. De uno a tres sin costuras. Del trío fueron manando
composiciones plagadas de guiños, cautivadoras 'per se', que se hicieron
entender entre un público a priori poco predispuesto al silencio. Un poco
de virtuosismo, un tanto de ataque y un pelín de ritmo, esa fue la fórmula
usada por el músico para la hipnosis, que llegó al extremo de hacer
brotar jaleos dirigidos al descalzo bajista. Del álbum 'Calima' fue escogiendo
casi todo el repertorio, que sobrevoló el 3x4 deteniéndose en soleá
por bulerías, soleá, bulerías... y temas de ensoñación
como 'Trafalgar'. La creación, el avance, el juego, el silencio, el 'crescendo'.
Todos a una.
Tras el descanso, oda a Antonio Gades. La ausencia del bailaor y coreógrafo
alicantino, a quien Las Minas homenajeaba en esta edición, fue suplida,
en primer lugar, por la representación de su obra maestra 'Bodas de Sangre'
por parte de la Compañía Andaluza de Danza. Salvando las distancias
con Antonio Gades y Cristina Hoyos, los miembros del grupo que financia la Junta
de Andalucía, resolvieron con dignidad una pieza plagada de genialidades
posteriormente asimiladas por unos y otros. Tensión, silencio, dramatismo,
estética... y sorprendente vigencia de una creación que, a pesar
de haber cumplido la treintena, sigue estando a la vanguardia de la creación
en danza flamenca. Gran acierto el de la CAD por mantener vivo este legado. En
segundo lugar y a continuación del trágico desenlace, José
Antonio, actual director de la compañía y ex director de Ballet
Nacional de España, leyó la carta remitida por el laureado. El texto,
además de pedir larga vida al festival, guardaba una dedicatoria que enraizó
en el corazón de La Unión: "Quiero dedicar este premio con
todo mi respeto a la memoria de todos los mineros fallecidos en sus puestos de
trabajo y a sus familiares, y al hombre de alma minera, mi amigo Paco Rabal, al
cual pensaba mañana ir a visitar, que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero". Y el antiguo mercado lloró.
revista@flamenco-world.com
|