|
CLAUSURA DEL CICLO 'MÚSICA
DEL AGUA'. EL LEBRIJANO
Memoria actual. Lazos estrechos
Silvia Calado Olivo. Madrid, 25 de octubre de 2002
Música del agua. Concierto de clausura. Cante: El
Lebrijano. Toque: Pedro María Peña. Cajón: Tete Peña.
Violín: Faïcal Kourrich. Teclado y voz: Reduan Kourrich. Fundación
Canal Isabel II. Madrid, 25 de octubre de 2002. 21:30 horas.

Lebrijano (Foto: Leandro Betancor)
|
|
| |
|
Las aguas del Lozoya y el cante de Juan Peña, El Lebrijano, desembocan
en un mismo mar, el de la pureza. 'Música del agua. Cauces y encuentros
para la creación 2002' eligió, por ello, al cantaor sevillano para,
con homenaje al afluente del Jarama, cerrar un ciclo que, en el apartado flamenco,
también ha contado con Sorderita, con Raimundo Amador y con Ojos de Brujo.
Respondiendo a ese nexo común, la pureza, El Lebrijano tiró de ortodoxia
para abrir el recital. Con la sola compañía de una guitarra y un
cajón, el vástago de los Perrate entró en faena con el atronador
'En el soto'. La pizquita de 'Sueños en el aire' (Senador, 2001) no fue
sino un precalentamiento, pues enseguida se desvió hacia el camino de la
memoria para, tornándose rancio y antiguo, acometer ya a pulmón
abierto unas cantiñas gaditanas. Poniendo al respetable sobre aviso, "esta
primera parte mía va a ser un poco más seria, pero luego invitaré
a mis amigos los árabes que nos pondrán muy contentos", continuó
por senderos soleareros. Dijo la letra, alzó los brazos mientras ascendía,
se recogió la orondez, se recostó en el trono. "Cómo
quieres comparar, un charco con una fuente, sale el sol y seca el charco y la
fuente prevalece". Serneta pasó el testigo a Pastora Pavón,
La Niña de los Peines, "ya sabéis que fue la cantaora más
grande de la historia". Y se dejó llevar por tientos tangos, meloso
y profundo, como trazando el curso del límpido afluente.
Ya el ritmo enjaretado, tribilitrabilitrantrán, una bulería
fue puente hacia esa anunciada segunda parte en la que pasaban a incorporarse
al escenario los hermanos Faïcal y Reduan Kourrich, músicos de la
Orquesta Arábigo Andalusí con la que El Lebrijano lleva casi quince
años en tan bien avenido 'Encuentro'. Sobre compás por bulerías,
el conjunto despega a una, sonando ancho: el violín tomando protagonismo
melódico, la guitarra rasgueando, el cante poderoso relatando en los silencios...
"Ay, estos niños". El Lebrijano rebosa bienestar, pide interacción,
reclama palmas a ese público que, por birlibirloques de la arquitectura
contemporánea, se aposta a izquierda y a derecha en sendos graderíos
laterales. Faïcal saca su voz de arabescos: habibi, amor mío. El Lebrijano
entresaca la suya, estribillero, que "coge la onda, la onda, la onda...",
anunciando sangre mora. "Vamos a complicarnos". Y se pone a hilar un
cuentecillo, replicado por Reduan al violín, con aire de zambomba jerezana.
El más difícil todavía en la preciosa forma de decir la letra,
en la sabijonda melodía del cante. "A pesar de mi abolengo, de prostituta
tuve que servir". Echándose cada vez más en falta una derbuka,
el grupo prosigue acercando las orillas de Tarifa y Tánger. Lebrijano,
apuntando al respetable una doble palmada, se afandanga y despacito, sentando
autoridad, continúa aleccionando, seguro que sin querer... Si cuando despliega
la garganta estremece, más aún lo hace cuando deliciosamente corta.
Nadie se resiste a 'Dame la libertad', que suena a presente siendo ya moza. Calma,
tensión, vibración, intensidad. Sin quebrar el clima, acomete 'El
anillo'... y todo sabe a poco. Unánimemente se pide, ya como segundo bis,
'Un cuento de hadas', "pero no me acuerdo de la letra, es que lo hicimos
hace quince años". Se oyen réplicas: "¡Tú
puedes!". Pero se decanta por la carta segura, los tangos de sabor granadino
que presentan el último álbum, los 'Veinticinco faroles'. Y así
fue cómo el recital acabó resultando circular, con embarque y desembarque
en el presente, pero haciendo presente la historia.
revista@flamenco-world.com
|