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Jerez desborda la tercera edición de
'Les voix du cante flamenco' de Grenoble
Isidoro Cascajo de la Barrera. Grenoble (Francia), noviembre
de 2002
La tercera edición del festival de flamenco organizado por un grupo
de aficionados de la ciudad francesa de Grenoble, 'Les Voix du Cante Flamenco'
ha tenido que torear con calidad la merma de cantidad provocada por la retirada
de la Unión Europea como entidad financiadora. Con un presupuesto sensiblemente
inferior -de trescientos mil euros se ha pasado a doscientos mil euros, es decir,
un treinta por ciento menos- y un certamen recortado -de catorce días se
baja a cuatro-, el producto final ha mantenido el listón bien alto, por
obra y gracia de la treintena de artistas gaditanos -noventa por ciento jerezanos-
que entre los días 30 de octubre y 3 de noviembre de 2002 ha pasado por
la ciudad alpina... y el altruista esfuerzo de la organización.
La dimensión que alcanzó 'Les
voix du cante flamenco' en 2001 "fue muy arriesgado, demasiado trabajo para
tan poca gente", como asegura el secretario de la organización, David.
Y, por tanto, el recorte ha redundado positivamente en la organización
que, salvo alguna excepción que otra, ha funcionado mucho mejor. Por el
contrario, a pesar de reducirse de catorce a cuatro días, el festival ha
logrado recibir un mayor número de asistentes proporcionalmente. Si el
año pasado asistieron un total de siete mil personas en catorce días,
este año fueron alrededor de tres mil quinientas en tan sólo cuatro.
Jerez mandaba. Los cantaores Ezequiel Benítez y Lorenzo Ginés,
el toque de Alberto Torres y el baile de Ángel López dieron color
a la inauguración de la tercera edición de 'Les Voix du Cante Flamenco'
en el consistorio de la localidad alpina ante unos mil aficionados galos que afianzaban
su fe flamenca. Y es que este es el principal objetivo de la persona que dio y
da forma al festival, Dominique Jegou: "Queremos crear una buena afición
a este arte y no una imagen folclórica".
Actuación de El Torta
Y de eso se trata. El plantel anunciado en el cartel quitaba el sentío.
Y uno de los principales ejemplares que tuvo la culpa del levante gaditano que
azotó Grenoble fue el genial e inigualable El Torta, de la familia de los
Moneo. Ante unas doscientas personas derrochó todo ese arte con el que
se mete en el bolsillo al público, ya sea de Grenoble, de Pekín
o de Trebujena. No se escuchaba unanimidad entre el público, pues discutían
a la salida del Consevatorie National de Región de Grenoble si había
estado mejor en la soleá, la seguiriya o el fandango. Lo que sí
fue unánime fueron las cuatro vueltas al tablao que tuvo que dar. Ante
lo que el jerezano, con su arte, apuntó: "Así, con ese arte
y ese corazón, to el mundo al cajón". Y es que alucinaba con
la entrega del público galo, a quien dedicó otra sentencia: "Si
todo el público fuera como éste, no habría artistas albañiles".
Actuación de Fernando Terremoto y Moraíto

Fernando Terremoto
(Foto: Javier Hurtado)
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El conservatorio de música clásica de la Región de Grenoble
volvió a abrir las puertas al arte gitano andaluz. Qué prestigio
tiene el flamenco en Europa, parece mentira hasta dónde llega la afición
de un respetable que aprecia más que entiende. El siguiente espectáculo
fue el de los también jerezanos de familia "aristocrática gitana"
Terremoto Hijo y Moraíto. El festival se encontraba en pleno clímax.
El conservatorio no daba abasto (colgaron el "No hay billetes"): algo
más de trescientas personas abarrotaron la sala de conciertos para presenciar
a estas dos figuras indiscutibles del flamenco del siglo XXI. Y volvieron a dejar
el pabellón alto. La cosa iba encarrilada. Fernando Terremoto entró
al público con unos tientos tangos, Moraíto hacía el soniquete.
Ambos rememoraban a sus progenitores. El tocaor no paraba de bromear, a lo que
rápidamente se apuntó Fernando, el público se deleitaba con
el arte y disfrutaba de la chanza. Saber estar, se le dice a eso. Y ambos se llevaron
el respetable al huerto jerezano con unas bulerías por soleá. Toque
para minorías, al compás de Moraíto, hijo y padre de figura.
'Les Voix du Cante Flamenco' estaba en un momento álgido. "Esto
ya no hay quien lo pare", comentaba David. Y mientras Moraíto echaba
las "culpas" de la poca afinación de la bajañí
a su antigüedad. "Es de mi padre", decía orgulloso. Y Fernando
que ponía el grito en el cielo mientras Morao dejaba la mano tonta. Fue
en la malagueña donde flaqueó Fernando, no echó todo el carbón
a la maquinaria. Aunque gustaba, el quejío se transformaba en melodía.
El tocaor se dejaba llevar por su mano derecha... armonía que parecía
salir de esas barricas centenarias de las bodegas de su tierra. Algo había
ahí para darle sentido a cada nota. Tras unas bulerías, con las
palmas excelentes de Kini y Macano, en las que no hizo falta micrófono,
comenzó la segunda parte por seguiriyas, con el corazón en la mano.
Gustaron los silencios, eternos, pues daba tiempo a recapacitar, a degustar. Morao
engrasaba el engranaje. Y todo sonaba a la perfección, el público
no abría la boca, respetuoso cual si estuviera frente al púlpito
profesando otra religión. Y la devoción de esta parroquia es mérito
de esos diez o doce grenobleses que conforman la organización del festival.
El público tuvo que dejar de tocar las palmas para que los jerezanos se
encarrilaran por fandangos, aires onubenses a los que Terremoto sacó el
máximo rendimiento. Aquí el vello de los brazos comenzaba a enervarse.
Moraíto aprovechaba el aire con su mástil. Remataron la faena como
no podía ser de otra forma, por bulerías. Manuel Moreno Junquera
mandaba. Y no se fue sin dejarnos verle dar sus genuinas pataítas.
La tercera edición de 'Les Voix du Cante Flamenco' seguía imparable,
ya podía arder Troya. Entrábamos ya en la noche del sábado
2 de noviembre. Alrededor de unas ochocientas personas esperaban impacientes a
las puertas del Teatro de Grenoble, a pie de la cordillera de los Alpes. Audiencia
variada: emigrantes españoles que llegaron hace décadas, jóvenes
ya de segunda generación, mucho aficionado suizo, grenoblés y de
toda Francia... El ambiente se palpaba cual si estuviéramos en otra provincia
andaluza. En Grenoble hay afición, respeto.
Actuación de Melchora Ortega
La también jerezana Melchora Ortega, acompañada de Pascual de Lorca, arrancó
con la voz templada, seria. La joven cantaora estuvo a la altura de las circunstancias,
al igual que su acompañante, quien tuvo momentos estelares con la mano izquierda.
Por soleá ambos mostraron su valía. Melchora se arriesgó, echó su voz al pozo
de la pena, aguantó el tercio. Y aunque no estuvo sobrada, cumplió con la faena.
Y siguió con el luto, por seguiriyas. El ayeo fue creíble, mejor que en la soleá.
Pascual embobaba con las falsetas. A pesar de que Melchora es jerezana, el palo
que mejor bordó fue el fandango, aprovechando el momento más caliente para ejecutar
este palo, estaba segura. Y por bulerías se despidió, justo cuando el público
más entregado estaba. Ante la insistencia del público salió sola. "Que Dios nos
coja confesaos", dijo la jerezana. Y calentó la garganta para encaminar la toná.
Digna y cabal, llegó al fondo del pozo, vimos la pena.
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