Carlos Lencero
"Sobre Camarón. La leyenda del Cantaor solitario (LIBRO)"


Camarón de la Isla
"Camarón en la Venta de Vargas"

¡NOVEDAD! Grabación inédita

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Camarón de la Isla
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‘Sobre Camarón. La leyenda del cantaor solitario’ de Carlos Lencero

Un western flamenco

Carlos Lencero. Capítulo extraído de ‘Sobre Camarón. La leyenda del cantaor solitario’


Camarón de la Isla. Foto del libro 'Sobre Camarón. La leyenda del cantaor solitario' de Carlos Lencero
 
   

PERO CONTINUEMOS HABLANDO de la especial relación que existió desde el primer momento entre Caracol y Camarón. Félix Grande, en un largo artículo que escribió tras la muerte de José, cuenta una anécdota en la que creo dice no haber estado él presente, pero que le fue narrada por un espectador fiable.
La anécdota, contada un poco libremente y dándole unos ligeros toques narrativos, podría inaugurar un nuevo género cinematográfico: el western flamenco.
Es de noche cerrada. Sin luna. Una venta en el campo, alejada de la ciudad. Unas chumberas. En el amarradero, un bonito cartujano. Una voz y una guitarra surgen desde el interior de la venta. Una reluciente Harley Davidson, niquelada y silenciosa como la muerte, se detiene frente a la venta. El hombre que la conduce piensa que sólo Manolo Caracol puede estar haciendo aquello con el cante.
Sentado de espaldas a la puerta, un codo en la mesa, una copa de cazalla en la mano, la otra divagando por el espacio infinito, Caracol canta por fandangos. Es fácil reconocer el tono de la guitarra: el cuatro por medio. El cuatro por medio era el tono natural de Camarón y en la guitarra se corresponde con el do sostenido modal.
Las puertas abatibles de la venta se abren y un hombre joven, vestido de cuero negro con chapeados de níquel en la chupa, botos jerezanos negros, gafas negras y pelo rubio, aparece en escena. Se adelanta unos pasos y se coloca en un segundo plano, entre Caracol y el guitarrista. Cuando Caracol remata su fandango, el joven rubio le indica al tocaor que ponga la cejilla en el cinco por medio. Caracol vuelve un poco la cabeza, lo mira, y lo reconoce:

-¿Qué pasa, Camarón?
-Nada, maestro. Pasaba por aquí, le escuché y me tuve que parar. Además, la verdad, tenía ganas de cantar un rato.

Camarón cantó al cinco por medio y el silencio se espesó como la nata. Caracol remató la cazalla. Y pidió otra. Mientras se la servían, dijo: Ponla al seis por medio, muchacho. El guitarrista puso cara de estúpido. Camarón sonrió. Caracol arrancó muy fuerte y llegó justo al remate con las manos cerradas. Y dijo:

-¿Tú quieres tomar algo, José?
-Gracias, maestro. Pero no. Y tú, ponla al siete por arriba.

Caracol se aflojó el pañuelo florido que llevaba en el cuello. Mientras José cantaba, cerró los ojos. Vio al niño rubio, canijo, blanco, insignificante. Se vio a sí mismo, un rey viejo y borracho. Y escuchó.

En mi mente,
el orgullo y el querer
se pelean en mi mente;
una guerra sin cuartel
donde no existe la muerte;
sólo existe una mujer
  ANTONIO SÁNCHEZ PECINO

El silencio, ahora, se podía cortar con un cuchillo como se corta un queso de bola. Caracol se puso en pie, apretó los puños y salió a la arena del siete por medio:

Que me costó un dineral,
yo tenía un caballo bayo
que me costó un dineral,
y ahorita lo ando vendiendo
por lo que me quieran dar.
¡Esa es la pena que tengo!
  POPULAR

Y cayó reventado en la silla. Las venas del cuello y de la frente como enormes espaguetis azules. Sin aire. Casi sin vida, levantó la copa de cazalla al aire con la grandeza y el misterio de los perdedores. Y luego, siguiendo su costumbre, atornilló el aguardiente de un trago.
Antes de que pudiera dejar la copa sobre la mesa, Camarón dijo:

-Ahora le voy a cantar un fandango, que se lo dedico yo a usted... Pon la cejilla en el ocho, tío. Por Huelva.

María Picardo lloraba en un rincón de la cocina. No había querido verlo. Oírlo solamente ya le hacía llorar. Ella y Juan Vargas sabían, desde que vieron aparecer a Camarón, que la sangre de la música iba a brillar para siempre chorreando en las paredes de la Venta.

Malpago,
adiós, calle del Malpago,
cuántos paseos me debes,
cuántas veces me han tapao
la sombra de tus paredes,
las tejas de tus tejaos.
  POPULAR

Camarón apoyó una mano en un hombro de Caracol y le apretó suavemente. Luego, despacio, muy despacio, el hombre vestido de negro desapareció tal y como había venido.

Extracto del libro ‘Sobre Camarón. La leyenda del cantaor solitario’ de Carlos Lencero (© Carlos Lencero 2004 / © Alba Editorial, s.l.u.)

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Entrevista a Carlos Lencero, autor del libro ‘Sobre Camarón. La leyenda del cantaor solitario’

 

 
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