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FLAMENCO FESTIVAL LONDRES 2006. ANDRÉS
MARÍN
Baile de metal
Silvia Calado. Londres, 14 de febrero
de 2006
‘Asimetrías’. Andrés
Marín: baile, dirección y coreografía.
Maribel Ramos, Marta Arias, Ana Morales: cuerpo de baile.
David Lagos, La Tremendita: cante. Antonio Rey, Salvador Gutiérrez:
guitarras. Antonio Coronel: percusión. Flamenco Festival
London 2006. Sadler’s Wells. Londres, 14 de febrero
de 2006. 19:30 horas
Andrés Marín
(Foto: Daniel Muñoz) |
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El festival flamenco de Londres apuesta por la variedad.
Incluida la vanguardia. Andrés
Marín llevó al majestuoso escenario del
Sadler’s Wells su espectáculo ‘Asimetrías’.
Madurado desde el estreno en la Bienal
de Flamenco de Sevilla 2004, el montaje expone una personal
propuesta sobre la danza en clave flamenca. Podría
tildarse de cubista, de minimal… si quisieran buscarse
adjetivos. El bailaor sevillano baila como si garabateara
sobre los renglones de una cuartilla, como experimentando
permanentemente. Jamás busca el aplauso y siempre parece
improvisar según la inspiración que le transmita,
sobre todo, el cante. Tampoco olvida la guitarra, pero éstas,
barrocas, están más alejadas de su concepto.
El montaje, de líneas frías y rectilíneas,
comienza con la batería marcando el compás de
seguiriyas. Baile de acero. Aristas. El cante de David
Lagos cobra, poco a poco, intensidad. Remite a los clásicos
jerezanos, a los patrones de la fragua. Tiene tres tablaos
de metal sobre los que taconear, todos aderezados con distintos
efectos de luz. Primeros oles. El público comprende.
Fundido a negro. No hay fluidez en la transición. Otro
episodio. Milonga. La
Tremendita al cante. Caracolea con su voz tostadita. Antonio
Rey al toque. Azul de fondo para los tanguillos ‘Luz
de Cádiz’. Coreografía a tres. En femenino.
Y en ‘andresmarín’. Todos sus rasgos aplicados
a la mujer y al movimiento coral. Imaginativo trabajo. Un
homenaje a Pepe
Marchena. Dulce musicalidad. El bailaor se centra en el
lado derecho de la escena. Traje de terciopelo negro. Precisión
extrema. Virtuosismo medido. La reiteración. El giro.
La equis. Y el bombo enfatizando la crudeza de este baile.
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Ensayo de la compañía
de Andrés Marín
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Cambio radical. Alegrías para tres batas de cola amarillas.
Nada desmentiría los cánones… salvo el
silencio. Pieza luminosa, sensual, coqueta. El público
queda más que complacido con esta dosis de clasicismo.
Vuelta al cante en pie. Tres sillas de nea asimétricas
en color y en postura. Cantes por fandangos llevados de dentro
a afuera por la cantaora sevillana. Las letras, tomadas de
los poetas del 27. El marinero en tierra visita la sierra
de Huelva. El cantaor jerezano va hacia otras serranías
más orientales. Quedan sus ecos aún de fondo
cuando comienzan a superponerse las tenebrosas voces de una
pieza de Ligeti. Andrés Marín baila con su sombra.
Inquieta la escena… por si uno decidiera escapar de
su destino. La soleá se superpone cantada a modo de
toná. Atmósfera densa hasta la llegada de las
bulerías. La batería, las guitarras, el baile
del grupo se sitúa arriba. Y caminar es también
parte del baile… es su silencio. Pataítas asimétricas,
de pulidísima técnica y, a su manera, sabor.
Ovación y pateo en un patio de butacas, hoy salpicado
de ramos de flores de los enamorados. ‘Asimetrías’
de Andrés Marín se ha mostrado, con éxito,
ante el público londinense. Original forma de celebrar
San Valentín.
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