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FLAMENCO FESTIVAL LONDON 2006. ENRIQUE
MORENTE
Sentir
Silvia Calado. Londres, 16 de febrero
de 2006
Enrique Morente: cante. Niño
Josele: guitarra. Bandolero: percusión. Ángel
Gabarre, Pepe Luis Carmona: coros y palmas. Flamenco Festival
London 2006. Sadler’s Wells. Londres, 16 de febrero
de 2006. 19:30 horas

Enrique Morente y Niño
Josele (Foto: Daniel Muñoz)
Quiso convencer al público londinense con cante clásico.
Y lo consiguió. Cuando empezó a cantar temas
como ‘Generalife’, ‘La aurora de Nueva York’,
la canción del bongó y hasta el ‘Summertime’
por bulerías, ya era el momento de los bises. Hasta
entonces, había logrado enloquecer a la audiencia que
llenaba tres cuartos del Sadler’s Wells con un estricto
repertorio jondo hecho a base de bulerías, malagueñas,
cabales, soleá, cantiñas, seguiriyas. Enrique
Morente, en esta segunda visita a la ciudad del Támesis,
demostró que el cante, como toda la música,
“no hay que entenderla, hay que sentirla”.
Bajo una luz cenital, un corro de hombres. Tocan las palmas
como en un ceremonial. Y el gurú, en medio, templa
la garganta por bulerías con un poema. Esta manera
de prologar el recital, impacta. Los acompañantes van
a sus puestos. Enrique Morente continúa en pie en el
centro. “No tienes quien bese tus labios de grana”.
Manuel Machado. Va lentamente cobrando intensidad su cantar.
Y el público interrumpe tras un escalofriante ayeo
con la primera ovación. Todo acaba con un crescendo
de voces cruzadas. Rasgueo y parches secos de Niño
Josele y Bandolero.
“Empieza el llanto de la guitarra”. Usa el tempo
y el clima de las cabales para ahondar sin drama en el poema
lorquiano. Sus manos mecen lo versos, tanto como su voz. Ahora
sólo necesita al guitarrista. El dulce quejío
esboza una malagueña. Canta a la desesperanza, al son
de las campanas del convento. Cante de siempre que nunca hará
igual. Cada tercio cantado por el granadino es una búsqueda,
un salto al vacío cuyo aterrizaje apenas se intuye.
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Enrique Morente y Niño
Josele (Foto: Daniel Muñoz) |
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Deja un instante el escenario para proteger su garganta del
frío de la sala con un echarpe de color morado. La
sonanta lo espera templando la soleá con enjundia,
con peso. La primera letra va apenas susurrada. Progresivamente,
su garganta se ensancha. Las letras las dice para que se entiendan…
aunque lo que importe es el sentimiento. De ahí su
lirismo, su compromiso con la inspiración. Aprovecha
el macho por alegrías para asomarse a tierras gaditanas.
El juguetillo con el ‘taratatrón’ hace
reír al público. La complicidad entre ambos
lados de la tabla es ya irrompible, incluso cuando da un vuelco
al clima del recital y vuelve a la sobriedad de un estilo
como la seguiriya. El trovador del Albaicín se muestra
entonces rotundo y dramático, interior y existencialista.
Doblando los tercios magistralmente, sale de escena.
La petición de bis no se hace esperar. Y responde
volviendo al principio, con un corro esta vez por tonás.
Un cante. Unas palmas. Sólo pitos. Un crescendo de
voces que se mezclan en el aire. Y el quejío final.
Londres grita de placer, en pie, ante esta experiencia fuerte,
cruda, inmensa. Los españoles en la sala le gritan
de todo. De ole a guapo, pasando por una insistente petición:
‘Omega’.
Y los complace cantando sólo con guitarra y percusión
‘La aurora de Nueva York’, como hizo en Madrid
hace apenas unas semanas. Sublime. La temperatura del tema
es aprovechada para el bellísimo tema ‘Generalife’
del álbum nuevo ‘Morente sueña La Alhambra’.
Con extrema suavidad y delicadeza Niño Josele y Bandolero
dan cuerpo al tema, que Morente canta con una sutileza estremecedora.
Parecía que iba a acabar con las bulerías del
‘tambaleándose’, pero la reacción
del público es increíble. Y no duda en regalarles
otro poquito de su inconmensurable arte. Elige los aires latinoamericanos
de ‘La canción del bongó’, un canto
a la hermandad entre pueblos. ¿No está cantando
‘Summertime’? El público no se lo puede
creer. Ante ‘los fandangos de Picadilly’ ya está
en éxtasis. Enrique Morente lo ha demostrado. Sólo
hay que sentir…
revista@flamenco-world.com
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