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Los Amador. Flamenco en pretérito futuro. Especial
Los Amador. Flamenco
en pretérito futuro
Silvia Calado. Mont de Marsan, julio de
2006
Habría que inventar un nuevo tiempo verbal.
Situar a la familia Amador en el flamenco sería juntar
en un solo momento pasado, presente y futuro. Ramón,
Raimundo,
Juan José, Diego... Amador. Sabor, saber, creatividad,
inquietud, respeto, raíz y modernidad. Todos los ingredientes
que dan cuerpo a este guiso sevillano y gitano comparecen
cuando la familia se junta. Y lo hace en casa de vez en cuando
y más de tarde en tarde, en un escenario. Tan de tarde
en tarde, que lo mismo pasan treinta años. Afortunados
quienes asistieron a la reunión de Los Amador en el
Festival de Mont de Marsan 2006 pues, como dice el polifacético
Diego Amador, “lo más grande es hacer música
juntos”.
Minutos después de que acabara este excepcional concierto,
en la trastienda del Café Cantante de la Place Saint
Roch, Juan
José Amador se confesaba: “Tenía todo
el corazón puesto y viéndonos juntos estaba
cantando con las lágrimas saltadas”. Entre el
jaleo del ‘backstage’, las felicitaciones, las
fotos, los autógrafos y otra fiesta más por
bulerías, acertaban a hablar de “orgullo”
y de “placer” cuando se les preguntaba qué
habían sentido al juntarse de nuevo en un escenario.
Y es que fue un concierto con alma, un concierto consanguíneo.
El gen común está, como explicaba Juan José,
en la raíz: “Aunque hagan fusión y música
más moderna, las raíces y la formación
es flamenca cien por cien. Y eso nos une, nos une”.
Se nota en el respeto que todos profesan por el más
veterano de los convocados, el tío Ramón Amador,
que nunca antes había cogido un avión. De hecho,
lo escueto de esta entrevista se debe a que cuando Ramón
rompió a cantar y tocar por bulerías en el ‘backstage’
minutos después de la actuación, Raimundo, Juan
José y Diego dejaron la grabadora sola y salieron disparados
a unirse a la fiesta. “¡Vamos a escuchar al tío
Ramón!”.
Ramón Amador (Sevilla, 1955) es un sólido acompañante
al baile y al cante. Aunque tiene cuartel general en el tablao
sevillano Los Gallos, ha acompañado a bailaores como
Angelita Vargas y El Biencasao, y a cantaores como Curro Fernández
y Remedios Amaya. Y no sólo toca la guitarra, sino
que canta con voz grave y cantidad de pellizco. Aunque el
especialista en garganta es Juan José Amador, el artífice
del encuentro. “¡El promotor, el promotor!”,
le gritaba Raimundo entre risas. La responsabilidad y los
problemillas técnicos -inevitables al juntar a tantas
guitarras, tantas voces y hasta piano de cola- le hizo “sufrir
un poquillo más durante la actuación, pero ha
sido tan gratificante”. Entre tanto, le dio lugar a
cantar por seguiriyas, por soleá, por taranta a piano,
por tangos... Y es que a completo y a versátil pocos
le ganan. Por algo será que resulta interminable la
lista de bailaores a los que ha acompañado y acompaña.
De Manuela Carrasco a Isabel Bayón, de Antonio a Javier
Barón, de Farruco a Matilde Coral. Y, de paso, presentó
en sociedad a su hijo, con el mismo nombre y casi el mismo
eco de cristal.

Raimundo Amador (Foto: Daniel
Muñoz)
Durante la breve conversación, Juan José no
pudo dejar de echar la vista atrás lo menos treinta
años, cuando hacía sus primeros pinitos artísticos
por los tablaos de Sevilla con su primo Raimundo. “¡Sargento
Platillo!”, le recordaba riéndose. Y a cualquiera
que lo hubiera visto, se le venían las imágenes
del concierto de Pata Negra grabado en 1984 por la serie
documental ‘El Ángel’ (recién reeditado
en DVD). Cantaba Juan José por bulerías,
tocaban las guitarras enchufadas Raimundo y Rafael, bailaban
Bobote y Eléctrico. Pura fiesta. Puro rock jondo. Algo
así es eso que inventaron los hermanos Pata Negra allá
por los ochenta. Ricardo Pachón, que junto con Carlos
Lencero estaba a cargo de la serie, explica que “en
1984, fecha del rodaje de este documental, los hermanos Amador
ya eran unos expertos guitarristas de blues y rock y habían
introducido la técnica de la púa en la guitarra
flamenca. También podemos atribuir a esta familia la
introducción de la batería, el bajo y la guitarra
eléctrica en la interpretación de los ritmos
básicos del flamenco”.
Y contemplar hoy en día a Raimundo Amador alternando
las uñas y la púa en la guitarra de palo, resulta
un espectáculo dentro del espectáculo. La naturalidad
de la fusión que propugnó con su hermano Rafael
en los trabajos discográficos de Veneno, primero, y
de Pata
Negra, después, es incuestionable. Habían
crecido entre familias procedentes de la vieja Triana, pero
en un barrio de bloques de pisos del extrarradio de la ciudad.
‘Et voilà!’ Las raíces y la modernidad.
El flamenco y el rock.
Lole y Manuel, la familia Montoya, Kiko Veneno, Camarón,
B.B. King, Max Roach, Björk... A la extensa nómina
de artistas con los que ha colaborado Raimundo Amador, ahora
se suman Ramón, Juan José, Diego, Juan José
Jr., Carmen, Raimundo Jr. y Luis, todo ellos Amador. Ya lo
contamos desde el lugar de los hechos: “Pata Negra no
podía faltar a la fiesta. Ni tampoco Camarón.
‘Ay, José’. Raimundo se pone flamencorockero,
turnando dedos y púa. La sala siente una especie de
agitación. Y Raimundo sigue flamencorockero pero mirando
para Morón, para Diego del Gastor. Por bulerías,
contundente y rítmico abrazado a su ‘gerundina’.
Vuelve a tomar asiento en el piano El Churri. Vuelve para
compartir taranta con Juan José Amador. Piano de acompañamiento...
para su primo cantaor y para sí mismo, también
cantaor. Ya por bulerías, piano y guitarra, la de Raimundo,
juguetean a cuatro manos. Ole” (leer
reseña completa).
Y otra mirada a ese documental de 1984. Raimundo Amador,
igual que esa noche en Mont de Marsan, salta de un registro
a otro. Toca por bulerías - ¡hasta rasgueando
con la pezuña de un cerdo!- en una reunión familiar
entre olivos. Pero en el siguiente capítulo blande,
como su hermano Rafael, guitarra enchufada para desenvolverse
sin problemas entre el rock, el blues, el pop y el flamenco
más tradicional. Y es que a este camaleónico
artista le gusta “mirar para atrás, es importante
no olvidar lo que has pasado, lo que has disfrutado, todo
lo que ha ocurrido”. Pero, a la vez, “la fusión
sale sola”. A veces, reconoce tener que esforzarse cuando
quiere volver a la guitarra flamenca de toda la vida, “al
ventilador, como yo digo”.

Diego Amador (Foto: Daniel Muñoz)
Diego
Amador es lo que ha mamado en casa. “Aprendí
escuchando a Raimundo, a Rafael, a Juan José, a mi
padre, a mis primos, a mis tíos. Así se aprende
mucho, sale todo de ahí”. No hay más que
darle otra vez al ‘play’ y ver en el documental
de ‘El Ángel’ esa simpática escena
en la que, ante un público de chiquillos, con once
años, toca a la batería el ‘Maniac’
de ‘Flashdance’. Ya lo dice en una entrevista,
que un instrumento no es flamenco ‘per se, sino que
flamenco es “el que lo toca... ya puede tocar piano,
una lata o lo que sea”. Y él hace flamenco todo
lo que pasa por sus manos: de la guitarra al piano, pasando
por el bajo y la mandola. Y eso sin citar a su garganta, con
genuino rajo flamenco.
Inevitablemente, también en él está
la fusión o el encuentro o la mezcla. De ida, fue hacia
el jazz y de vuelta, hacia el flamenco, al que ha vuelto para
reescribir al piano. Y la contienda queda en tablas: “El
piano, flamencamente, lo entiendo como la guitarra. Jazzísticamente,
lo entiendo como los jazzistas clásicos: Bill Evans,
Monk, Hancock, ese ritmo, ese rollo. A cada cosa hay que darle
su sitio”. Aunque a la hora de lo jondo, reconoce que
“entiendo el piano como la guitarra, pero como la guitarra
flamenca moderna, la de Paco
de Lucía o de Tomatito”. Y así la
entendió cuando le tocó acompañar la
taranta que le cantó en el festival francés
Juan José Amador o cuando, como los instrumentistas
transfronterizos, conversó con la guitarra de Raimundo
Amador por bulerías. Y la familia, la artística,
sigue aumentando con los ‘junior’. Al cante, Juan
José. Al cajón, Raimundo. A los coros, Carmen.
‘Amador, Amador’. La música que fue, que
será, que es.
* El espectáculo ‘Amador, Amador’
podrá verse de nuevo el próximo 16 de septiembre
en el Hotel Triana de Sevilla, dentro de la Bienal de Sevilla
2006 (más
información)
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