MÁLAGA EN FLAMENCO
2007. ENCARNA ANILLO, ‘BARCAS DE PLATA’
Debut de veterana
Silvia Calado. Málaga, 31 de agosto de 2007
‘Barcas de plata’. Encarna
Anillo: cante. Juan Diego, José Manuel
León, Eduardo Pacheco: guitarras. Juan Peña
‘Chispa’: percusión. Marcelino Fernández,
El Canastero: coros, palmas. Carmelilla Montoya: artista
invitada (cante, baile). José Anillo: artista invitado
(cante). Málaga en Flamenco 2007. Castillo de Gibralfaro
(Málaga), 31 de agosto de 2007. 23 horas
Los muros del castillo acotando la escena.
Un ficus centenario haciendo de toma de tierra. Y la bruma
nocturna, adherente y olorosa, ambientando. Otro escenario
mágico el que propone Málaga en Flamenco
para degustar lo jondo, ya al borde de la madrugada, en
un apartado de la ciudad, sin sus ruidos ni su alborotado
tiempo. La noche anterior lo inauguró el homenaje
a La Repompa. Y hoy, abriendo el ciclo ‘Siete discos
nuevos’, lo visita Encarna
Anillo. La cantaora gaditana, perteneciente a la fructífera
generación post-ochenta, quiso adelantar en directo
el contenido de su disco debut ‘Barcas de plata’,
cuya edición promete para antes de que el año
del siete finalice. Y ella sintió la ocasión
como un sueño cumplido.

Encarna Anillo y Juan Diego
(Foto Daniel Muñoz)
Pero como un sueño, no como un
regalo. Nada en este concierto fue gratuito, sino todo
lo contrario. La artista dio una contundente lección
de madurez, de saber hacer y de saber estar. Para empezar,
defendió fielmente el repertorio de su disco, tema
por tema. Todos, los diez. Además, se rodeó
de dos de las mejores guitarras del panorama flamenco
actual, las de Juan
Diego y José
Manuel León. Y sin escatimar en acompañamiento
(percusión, coros, palmas, una tercera guitarra),
incluyendo como artista invitada nada menos que a Carmelilla
Montoya. Sumó a todo ello un brillante ejercicio
de diseño de espectáculo de cante: sencillo,
variado, dinámico. Y, por supuesto, la calidad
y la belleza de su cante, de los de mayor enjundia de
esta época.
Atacó, por supuesto, con una mirada
a La Caleta, la playita gaditana que inspira al disco
y a la artista. Por alegrías, se expresó
con contundencia tanto en la tesitura dulce, como en la
marejada. Y La
Perla, guiándola. De Cádiz a Málaga.
Cantó, mimada por el toque de Juan Diego, unas
malagueñas dichas con extrema delicadeza, creciéndose
en los verdiales, sin escatimar ni un detalle vocal. Todo
el grupo se cierra en torno a ella para la canción
por bulerías ‘No hay tiempo’, un tema
de fórmula actual pero de maneras limpias.
Entonces el grupo se minimiza, quedando
las dos guitarras principales en primer plano. Quien supo
escuchar, se dio cuenta de un hecho sorprendente para
la música jonda, de cómo estas dos guitarras
juntas se crecen en el diálogo, se estimulan recíprocamente,
creando un sonido inédito. Juan Diego y José
Manuel León (Jerez y Algeciras, por cierto) tienen
un algo inquietante que no hay que perder de vista. Andaban
dando forma a una zambra, ‘La Salvaora’, que
Encarnita quiso decir en pie, saliendo al encuentro de
su hermano, que subió a darle la réplica.
Paso a dos cantaor con su toquecito sentimental. Con ese
regusto emocional se quedó la cantaora para, alimentada
por el toque de León, cantar la milonga. El gusto
y el sentimiento, entre Chacón y Marchena.
Y quiso ahora quedarse en la esencia de la flamencura,
sacando ‘alante’ a Eduardo Pacheco, que pasó
de ser segunda a primera guitarra en una soleá
de tesitura añeja.

Carmelilla Montoya y Encarna
Anillo (Foto Daniel Muñoz)
Pero el recital no da tregua. Y la curva
de intensidad vuelve a repuntar con las alegrías
que dan título al disco, una composición
del guitarrista Juan Requena. La cantaora vuelve a izar
velas. Tiempo de la bulería, con todos en faena,
con letritas de Marcelino Fernández, de El Canastero
y de José Anillo. Y las guitarras se compenetran
y vibran. Llega el momento culmen, con su explicación:
“De pequeñita me quedaba alucinada viendo
los vídeos de la familia
Montoya, quería pertenecer a esa familia, a
sus fiestas. Y en mi disco les he querido rendir homenaje
con unos tangos de Carmen Montoya”. Entre aplausos,
entra en escena su hija Carmelilla, sentándose
a la vera de la anfitriona. Juntas despliegan la sensualidad
del son trianero, perfumado aquí de pinos y mar.
Y qué locura de guitarras. Y qué palmas
las de Carmelilla. El público está que no
cabe de gozo. Dice oles y piropos y aplaude con verdad.
Y la compañía lo agradece juntándose
alrededor de una mesa, todos los nudillos marcando el
compás, festejando por bulerías el debut
de una veterana. Encarna Anillo ya está delante.