MÁLAGA EN FLAMENCO
2007. 'A LAS SEIS Y SIETE EN PUNTO DE LA TARDE'
Una tarde redonda
Julián Benavides, Plaza de Toros de Ronda,
15 de agosto de 2007
'A las seis y siete en punto de la
tarde'. Idea original, guión y dirección:
José Luis Ortiz Nuevo. Baile: Manolete, Javier
Barón, Isabel Bayón, Rafael Campallo, Rocío
Molina. Cante: Chano Lobato, Carmen Linares, Calixto Sánchez,
“El Pele”, Bonela Hijo, Juan José Amador,
Miguel Ortega. Guitarras: Manolo Franco, Gaspar Rodríguez,
Manuel Silverio, Felipe Maya, Juan Diego, Javier Patino,
Jesús Torres, Basilio García, Juan Campillo.
Saxo y flauta: Jorge Pardo, Violonchelo: Nicasio Moreno.
Actores: Juanma Lara, Kity Manver. Música de la
plaza: Banda de Ntra. Sra. de la Paz (Málaga)

Isabel Bayón en la
Plaza de Toros de Ronda (Foto Quino Castro)
Ha habido otros momentos en los que el
flamenco ha estado en las plazas de toros, en algunos
casos con lidia incluida; pero el espectáculo del
pasado sábado, que supuso el cierre del ciclo “Siete
Maravillas” de esta bienal, fue algo especial. En
primer lugar estaba la misma plaza de Ronda, un lujo escénico
donde se habría de dar toda una conjunción
estelar para la originalísima propuesta de José
Luis Ortiz Nuevo. Resultado: una tarde redonda, irrepetible
y que no olvidarán los que la vivieron. Y no por
lo que se vio o escuchó –que fue mucho y
bueno-, sino más bien por lo que se vivió
y se sintió: una autentica celebración que
se extendió por toda la anchura del coso, del albero,
de los tendidos, de la puerta de toriles… Cante,
toque y baile con el añadido de la palabra, de
la banda con sus pasodobles, del saxo, la flauta y el
violonchelo. Todos sonando con un regusto flamenco de
tinte añejo, tal como las piedras de esa hermosa
plaza.
La función se compuso de casi
docena y media de actuaciones que se fueron ofreciendo
desde distintos ángulos del coso y desde el centro
mismo de su albero donde, sobre un tablao, se habían
dibujado los círculos concéntricos de la
lidia. Allí fue el baile: farruca para Manolete,
elegante y señorial; el mirabrás ofrecido
por Chano
Lobato para Javier Barón, suelto y vivaz; la
caña para Rafael Campillo, brioso y desparpajado
y el taranto de Carmen
Linares para Isabel Bayón, inspirada
y gustosa en el remate por tangos. Los cuatro, ya al final,
brindarían un martinete singular (firma de Manolete)
multiplicado por cuatro. Justo al principio, Rocío
Molina había establecido un delicado diálogo
por malagueñas con la guitarra de Manolo Franco,
que la miraba desde el tendido opuesto. Diferentes inspiraciones
para recordar a Antonio Ruiz Soler. También desde
el albero, Jorge
Pardo –un polo al saxo barítono con la
guitarra de Juan
Diego- y, sobre todo, un impresionante solo de flauta
en el que cantó a Falla y a Ravel con el apoyo
a compás de unas antiguas bulerías de Cádiz.
También desde la arena, el chelo de Nicasio Moreno
cantó la serrana.

Jorge Pardo en la Plaza de
Toros de Ronda (Foto Quino Castro)
El cante se fue desde el principio por
las alturas. Desde los tendidos, Calixto, El Pele y Bonela
hijo rivalizaron por fandangos y, desde la puerta de toriles,
Carmen Linares recordó a Paca Aguilera por malagueñas.
Mucho de este cante tuvo como referencia –como era
debido- a la plaza, al toreo y al lugar desde el que se
evocaba un tiempo pasado.
La tarde fue larga en cuadros y movimientos
pero, con un gran trabajo en la regiduría, todo
fluyó para que nada fuera cansino. Cosas del arte.
La vuelta al ruedo fue el principio. Un singular paseíllo
de todos los artistas fue recibido con clamor. Ya al final
–después de que Chano, desde el coche de
caballos, le contara al respetable cómo Espeleta,
en una borrachera muy gorda, creó el tiritritán-,
los mismos artistas participantes crearían su propio
ruedo, un círculo interior para la reunión
final de un espectáculo que los llevó por
todos los ángulos posibles del coso taurino. Hubo
que estar allí para verlo. Los que así lo
hicieron conservarán los ecos en sus oídos,
las irrepetibles imágenes en la memoria.

Isabel Bayón en
la Plaza de Toros de Ronda (Foto Quino Castro)