MÁLAGA EN FLAMENCO
2007. RUBEM DANTAS, ‘FESTEJO’
La fiesta de lo impuro
Silvia Calado. Málaga, 31 de agosto de 2007
‘Festejo’. Rubem
Dantas: percusión, voz, dirección.
Rubem Dantas Group. Israel Sandoval: guitarra. Yrvis Méndez:
bajo, voz. Eduardo Dorda: piano. Joaquín Galindo:
saxos. Ove Larsson: trombón. Irapoan Freire: trompeta.
José Luis Calandra: batería. Paquito Baeza:
percusión/ Quinteto de voces flamencas. La Nitra:
cante. Diego Guerrero: guitarra, voz. El Pirata: guitarra,
voz. Sergio el Colorao: cante. Alex Oliveira: voz. Dan
Ben Lior: guitarra. Benjamín el Moreno: baile.
Málaga en Flamenco 2007. Playa del Palo (Málaga),
31 de agosto de 2007. 20 horas

Eduardo Dorda y Rubem Dantas
(Foto Daniel Muñoz)
Cuenta que su relación con el
flamenco es como la del justiciero con la chica. Que se
pone el antifaz y no duda en defenderla cuando la siente
en aprietos. Al flamenco y a sus fantasías, “que
vienen ya desde hace muchos años, pero queda en
pocas personas... gracias al trabajo que se hizo en la
banda del maestro Paco de Lucía”. Rubem
Dantas vino a “aclarar ciertos puntos que en
el flamenco necesitaban aclaración”. Y el
arma fue el cajón, que apareció para quedarse
en una gira por Perú, “cuando aún
yo era puro. Pero me tiré al flamenco y perdí
la pureza”. Bendita impureza. El percusionista brasileño
es un auténtico ejemplo de mestizaje. Tiene el
flamenco, pero mucha otra música. Y para él
la música es la mejor manera para unir a la gente.
Sólo hay que echar un vistazo
a su grupo para apreciar que es absolutamente cierto.
Al escenario playero de Málaga en Flamenco subió
primero a nueve músicos de las nacionalidades más
dispersas (desde Brasil a Venezuela, pasando por los Países
Escandinavos, Uruguay o España). Con ellos adelantó
varios temas de su nuevo disco ‘Festejo’,
a punto de salir al mercado. En la segunda parte, completó
la formación hasta los diecisiete integrantes para
rendir tributo a Paco de Lucía e, indisociablemente,
a Camarón. Y en ambos ratos, logró hacer
de la música una celebración compartida
y lista para compartir, transfronteriza, libre y ancha
como el mismo mar que hacía de fondo (aunque tantos
instrumentos y micros lo taparan) por última vez
en esta edición del festival malagueño.
Para la primera entrega, eligió
cuatro temas de ‘Festejo’. El primero, que
ni pintado para esta tierra, la pieza por verdiales ‘Canelo’.
Rubem se definió como director de orquesta, marcando
con los pies desnudos y con las palmas de las manos, tempos,
turnos e intensidades. También sonó su voz
pero, sobre todo, su son. Que no hay que olvidar, por
cierto, que nos encontramos ante uno de los mejores percusionistas
del mundo. Todo lo que tocan sus manos de este espécimen
de selvático músico es pura maravilla, por
modesto que sea el instrumento. Como un chamán
que a su alrededor, sabe invocar lo mejor de quienes se
le acercan. ‘Al sur de tu cintura’, ‘Pixinguinha’
y ‘Nasdrovie’ fueron los conjuros, espacios
de una suerte de world jazz de inabarcable energía.
La Nitra (Foto Daniel Muñoz)
‘Su homenaje’ se concretó
en la segunda parte. Con el grupo inicial hizo primero
una rumba. El homenajeado se entreveía, pero no
necesariamente. Libre la versión. Libre la música.
Después, Falla. Y es que la primera toma de contacto
de Dantas con De Lucía fue en el disco ‘Paco
de Lucía interpreta a Manuel de Falla’. Y
se marcaron una exquisita variante de ‘El amor brujo’,
plagada de magia, sutileza y nomadismo. El maestro de
ceremonias hizo entonces subir a cantaores, vocalistas,
bailaor y más guitarristas a regocijarse todos
en los cantes del de La Isla y en ‘biblias’
como ‘Ziryab’.
Los cantes no fueron al uso, pues varias voces foráneas
las armonizaban dándoles colores nuevos. Y la visita
a la magna composición del guitarrista algecireño
tampoco fue ortodoxa. He ahí el don de este mundano
sonero, que toma la música como música.
Al final, ‘Ziryab’ se juntó con la
‘Canastera’ y el festejo llegó a su
cenit. El público fue escasísimo, pero igual
de entregado que si hubiera llenado a rebosar el auditorio.
Y es que quienes estaban sabían la suerte de la
que gozaban. Bendita impureza. Bendita fantasía.
Por cierto que el festival debe reflexionar
y buscar soluciones ya a la falta de público, ahora
que acaba de empezar. Es palpable que Málaga no
ha hecho aún suya esta hiperbólica cita
con el flamenco y quizás sea aún corregible
la notable falta de comunicación entre el festival
y la gente. Los músicos dan cada noche lo mejor
de sí mismos. Y hasta el 30 de septiembre les queda
mucho aún por dar, preferiblemente, a la mayor
cantidad de público posible.