ESPECIAL. 100 AÑOS: MANOLO CARACOL, CANTAOR FLAMENCO
“Una escuela muy... muy
rara”
S.C./ Flamenco-world.com, julio de 2009
Todavía hay quien no entiende
por qué un cantaor como Arcángel, de voz acristalada,
decidió hace un par de años montar un espectáculo
dedicado a Manolo
Caracol. Y al preguntárselo contestó que
le movió la admiración: “A su pasión,
a su arrojo y a su verdad”. Temía entonces
el joven cantaor onubense que el César hubiera caído
en el olvido y creía que siempre era justo darle
lo que era suyo. Eso lo comprendió Camarón
aquella noche del 29 de agosto de 1969 en la Venta Vargas.
La noche del duelo que tan bellamente narró Félix
Grande en el libro ‘Rito y geografía del cante’
(Alga 1997). Sintetizando, contaba el poeta que cuando Manolo
Caracol escuchó cantar de niño a Camarón
lo ofendió para siempre con un “no está
mal”.
Y aquella madrugada quiso perpetrar su
venganza, retando al veterano cantaor a dispararse fandango
tras fandango con la cejilla trepando peligrosamente cuesta
arriba. “Camarón quería destrozar al
maestro por no haber sido elogiado años antes, cuando
más lo necesitaba. Y Caracol estaba siendo destrozado
y, como de rodillas, le estaba diciendo en secreto a Camarón:
aprende, chaval, hay que cantar desde el fondo del desamparo;
hay que cantar con orgullo, con resentimiento y con sabiduría,
como ya lo haces, pero además hay que cantar desde
el fondo del desamparo”.
El tiro de gracia lo dio, por supuesto,
el maestro al cantar el premonitorio fandango que dejó
grabado en su último disco, un año antes de
fallecer en accidente de tráfico un 24 de febrero
de 1973:
Me voy a morí
Gitanitos de la Cava
Me voy a morí
Venid gitanos, gitanas
Quiero que lloréis por mí
Mis gitanos, mis gitanitos de la Cava
Y murió y miles de personas -gitanos
o no- lloraron e hicieron multitudinario su entierro en
Madrid. Aunque ahora, en este año de 2009, es tiempo
de rememorar que nació hace nada menos que cien años.
Fue un 7 de julio en Sevilla, en la calle Lumbreras de la
Alameda de Hércules, en el seno de una familia de
flamencos y toreros; pariente de Ortegas y Gallos, y más
atrás en el tiempo, del tatarabuelo Planeta. Manuel
Ortega Juárez aprendió escuchando a su padre,
aficionado, conocedor y mozo de espadas; y a los que compartían
con su padre las míticas fiestas nocturnas de tan
flamenco vecindario. Al otro lado del quicio de la puerta
estarían las voces de La Niña de los Peines,
de Tomás Pavón, de Manuel Torres… o
de Antonio
Chacón. Precisamente, fue el mítico cantaor
jerezano el puente hacia su lanzamiento profesional. El
propio Manolo Caracol relató al periodista Ángel
Álvarez Caballero en 1972 que Chacón le contó
a su padre que andaban buscando jóvenes aficionados
para el Concurso de Cante Jondo de Granada, él se
enteró y se presentó al día siguiente
en el Hotel Roma para ofrecerle su candidatura. “¿Y
tú, por qué cantas?”, le preguntó
el maestro. “Yo canto por tó”, le respondió
el chaval. Valga el doble sentido.
Ganador ‘ex
aequo’
Corría el mes de junio y allá
que fue a La Alhambra a tomar parte de aquella competición
de cantaores de fuera del circuito comercial que impulsaron,
entre otros, Federico García Lorca y Manuel de Falla.
El Niño Caracol resultó ganador del premio
extraordinario, pero compartido con un cantaor anciano,
Diego Bermúdez ‘El Tenazas’. Y dejando
a un lado el cachondeo que el veredicto suscitó en
la prensa nacional, lo cierto es que el hijo de Manuel Ortega
‘el del Bulto’ salió propulsado del Patio
de los Aljibes. La última noche del concurso se dio
una fiesta flamenca en el Hotel Washington Irving en la
que Antonia
Mercé ‘La Argentina’, además
de llevarse los zapatos aún calientes de La Macarrona
en señal de veneración, contrató al
jovencísimo cantaor para una tourné por Andalucía.
Concurso de Cante Jondo (Foto
Nuevo Mundo 1922)
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-¡Todavía
el cante jondo!... Tiene razón La Voz
de Granada; se sigue poniendo en ridículo
a nuestra ciudad en todas partes con motivo
del famoso Concurso de Granada y de su continuación
en todas. –“Hemos sido testigos
presenciales –dice el periódico-
en la Parisiana de la corte, de esas exhibiciones
y hemos quedado avergonzados”… Y
eso que no ha leído el articulito Una
aclaración: Los primeros premios del
concurso de cante jondo en Granada…, porque
es el caso que el “Niño Caracol”
y el viejo cantaor Diego Bermúdez se
declaran perjudicados por considerarse uno y
otro como primeros premios del Concurso, resultando
que el primer premio no se adjudicó y
que el Jurado dividió en dos el premio
extraordinario y los otorgó a los dos
cantaores que no se conforman, afirmando el
padre del Niño que tanto este como Bermúdez
“son primeros premios del concurso. Ni
uno antes ni otro después”…
¡Y para esto removió cielo y tierra
el maestro Falla!...-V.
La Alhambra,
revista quincenal de artes y letras
31 de agosto de 1922
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Pero para cuando se publicó este
artículo de la revista cultural ‘La Alhambra’
hacía ya casi un mes que “el Niño”
estaba cantando en la Terraza del Teatro Centro de Madrid
-actual Calderón Häagen-Dazs- anunciado en periódicos
de entonces como ‘La Época’ al grito
de “el famoso rey del cante jondo, niño Caracol,
que fue premiado en el concurso de Granada”. Eso sí,
iba precedido de “cinematógrafo y varietés”,
de Emilia Vez y de Amparito Medina. Además de cantar
para la aristocracia en privado, continuó en la década
de los 20 apareciendo en las carteleras teatrales junto
a algunos de sus maestros. Si en 1925 cantó en el
Teatro Pavón de Madrid, junto a La
Niña de los Peines, Pepe Marchena y El Cojo de
Málaga, en 1929 figuraba en un elenco con Manuel
Torre.
Un año después de establecerse
en Madrid, estalló la Guerra Civil. Y la coyuntura
no era en absoluto favorable para los jolgorios noctámbulos
de antaño. Así que Manolo Caracol de los 30
en adelante tendría que asentarse en el teatro, un
ecosistema por entonces dominado -flamencamente hablando-
por los espectáculos ‘operísticos’
de cantaores como Pepe Pinto o por los espectáculos
de danza teatral de bailaoras como Pastora
Imperio. Y ahí fue donde encontró las
mimbres de su creación estrella: la estampa escenificada.
Según relata Álvarez Caballero en ‘El
cante flamenco’, “fue un día cualquiera
en que Juan de Orduña invitó a Pastora Imperio
y a Manolo a su casa de la calle Ventura de la Vega. Allí
un pianista y un letrista presentaban una creación
destinada a Pastora y titulada Gitana blanca y querían
saber lo que les parecía a los artistas.
A Caracol se le meten los sones de
la zambra en los sentidos y empieza a pensar que no todo
puede ser cantar por seguiriyas a palo seco ni fandanguear
a todo pasto, como se está haciendo en eso de la
Ópera Flamenca”.
La idea la había materializado por
primera vez en el espectáculo ‘Luces de España’,
en la que intervinieron la pareja de bailaores formada por
Custodia Romero y Rafael
Ortega. “Y allí se puso en un escenario
la primera estampa escenificada: La romería del Rocío.
“En el fin de fiesta le digo a Melchor que “toque
por moro”, y a un compás pausado, como de zambra,
comienzo a cantar ar compá de un martillo, lo de
la Gitana blanca; se arrancaron Custodia y Rafael y aquello
fue el delirio”, declaró años después
al periodista. Manolo Caracol volvió loco de placer
al público y, a la vez, loco de rabia al purismo,
que no encajaba el cante acompañado de pianos ni
de orquestas.
El tándem Caracol-Flores
Manolo
Caracol y Lola Flores |
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Y aún habría de conocer a
Lola Flores. Unos dicen que fue en 1943 en Sevilla, en el
bar de Pinto, por donde pasaron en coche de caballos la
joven, su madre y su representante Arenzana estando allí
Caracol. La polémica biopic de Lola Flores sitúa
el encuentro en el Teatro Villamarta de Jerez. Sea como
fuere, el caso es que el empresario llamó al cantaor
desde Madrid para ofrecerle actuar con Lola, este le pidió
unas desorbitadas seis mil pesetas diarias, aquel aceptó,
este se despidió de Pinto y Pastora… y nació
la legendaria pareja Caracol-Flores. Se estrenaron juntos
con ‘Zambra 1944’, triunfaron con una segunda
versión de ‘La niña de fuego’
y hasta casi una década después no se les
resistieron ni los teatros, ni los cines. Juntos, mientras
alimentaban el morbo de un amor prohibido en el trasfondo
del hit ‘La Salvaora’ -como recuerda en su web
Antonio Burgos-, hicieron películas costumbristas
de éxito popular como ‘Embrujo’ (1947)
de Carlos Serrano de Osma o ‘La niña de la
Venta’ (1951), dirigida por Ramón Torrado y
que es, por cierto, un interesante documental sobre las
antiguas artes almadraberas. Y hasta la doble estampa quedó
inmortalizada como etiqueta y marca de un anís de
Cazalla. La intensa relación entre Lola y Manolo
-en la que se centra amplia y polémicamente ‘Lola:
la película’ (2007) de Miguel Hermoso, haciendo
un retrato de los artistas que molestó bastante a
sus descendientes- se rompió por una exclusiva de
dos años en América. Él no la aceptó.
Ella sí.
Aunque poco después Caracol aceptaría
la oferta de Pilar
López para cruzar el Atlántico con ‘La
copla nueva’, justo cuando se inauguraba el lanzamiento
artístico de su hija Luisa Ortega. Como ella misma
recordaba recientemente ante la prensa la víspera
del homenaje que se le tributó a Caracol el pasado
12 de junio de 2009 en el granadino y señalado Patio
de los Aljibes, debutó junto a él en 1951
en el Teatro Calderón de Madrid con un espectáculo
que se mantuvo dieciocho meses en cartel y que fue “una
verdadera locura”. La cantaora, en estas declaraciones
a la Agencia EFE, dio además las claves del sello
artístico de su padre:
“Era
un hombre adelantado a su tiempo”
“Vivía sólo
para el cante, algo que no podía evitar"
“El genio de artista
no le abandonó hasta su muerte"
“No había
cante grande ni chico, todo dependía
del momento de inspiración”
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Y lo cierto es que el cantaor Manolo Caracol
ha pasado a la historia del flamenco por su arrebatadora
personalidad. Se le criticó su heterodoxia, se le
criticó su irregularidad, pero nadie pone en entredicho
su individualidad artística. Ni él mismo.
Así se lo hizo saber a los entrevistadores: “No
he copiado a nadie. Yo he hecho un teatro, yo he creado
una escuela, y yo lo que canto es mío y no me parezco
a nadie. Malo, bueno, regular, peor, es de Manolo Caracol...
La escuela mía es una escuela muy... muy rara. Yo
he creado cosas muy difíciles, como, por ejemplo...
¿quién iba a decirle a Enrique
el Mellizo, ni a Silverio, ni a Chacón, ni a
Tomás el Nitri, que yo iba a cantar piano y que iba
a cantar ‘La Salvaora’ a la terminación
del cante por malagueñas?”.
Discografía caracolera,
hoy
El testimonio está, a falta de su
persona desde hace treinta y seis años, en los registros
sonoros y audiovisuales. Grabó en pizarra y en vinilo,
sobresaliendo en su discografía la antología
‘Una historia del cante’, comentada por el musicólogo
García Matos, de 1958; y el último disco,
que conmemoraba en 1972 el cincuentenario de su vida artística.
Aquel ‘Mis bodas de oro con el cante’ contenía
el ya mentado fandango de despedida. En los últimos
años, nos referimos a esta primera década
de siglo y milenio, distintas discográficas han ido
desempolvando y reeditando parte de su legado sonoro, estando
a la venta distintos títulos de calidad. En 2002
Discmedi recopiló más de veinte cantes de
entre sus grabaciones
de pizarra datadas de los años 20, 30 y 40, con
las guitarras de Niño Ricardo, Melchor de Marchena,
Manuel Morao y Manolo Badajoz acompañando, sobre
todo, sus fandangos, zambras y carceleras.
Dos años después, salió
del archivo de la casa Philips un CD titulado sencillamente
‘Manolo
Caracol’ que reunía diecinueve cantes registrados
entre 1962 y 1968, entre ellos, piezas tan curiosas como
fantasía por malagueñas, poesía-seguiriyas
o bulerías al golpe, acompañado por Melchor,
Juan Habichuela y el pianista Arturo Pavón. También
es completa la recopilación de dieciséis cantes
procedentes de cuatro
EP’s, entre ellos, 'Juerga gitana' y 'Una historia
del cante flamenco' que en 2007 confeccionó Music
Ages. Por cierto que muestra las carátulas originales.
A los que se suma el volumen séptimo de la prestigiosa
colección ‘Grandes
figuras del flamenco’ del sello Le Chant du Monde
de la casa francesa Harmonia Mundi, un álbum que
pone el acento en cantes como la seguiriya, la soleá
y los martinetes. Discos a los que el pasado año
se sumó el libro biográfico ‘Manolo
Caracol. Cante y pasión’ de Catalina León.
Aunque si un documento tiene actualmente
valor para rememorar la figura de Manolo Caracol es el capítulo
que en 1972 le dedicó la serie televisiva ‘Rito
y Geografía del Cante’ de la televisión
pública española. Actualmente, se trata del
volumen noveno de la reedición en formato libro-DVD.
Y así explica lo que fue y lo que hoy significa el
periodista José María Velázquez-Gaztelu
en la introducción del mismo: “A principios
de los años setenta, poco antes de su fallecimiento,
Caracol ya estaba iniciando la retirada y, aunque personajes
como él nunca acaban de irse, hacía años
que había abandonado su actividad teatral, ocupado
sólo en dirigir su tablao madrileño Los Canasteros
y en saborear el triunfo que logró con la entrega
discográfica ‘Mis bodas de oro con el cante’,
publicada en 1972”. Por cierto que, aunque tenga otros
usos musicales, aún es posible entrar a imaginar
cómo fue el famoso tablao con forma de cueva en la
calle Barbieri, donde en aquellos dorados 60 relucieron
artistas como La
Paquera, Gaspar de Utrera, Manuela Carrasco, Manuel
Soler, Manzanita, Merche Esmeralda, Paco Cepero… y
hasta los Ketama antes de serlo. Y, siguiendo con el DVD
en cuestión, el propio Velázquez-Gaztelu,
quien aparece jovencísimo entrevistándolo
en su nueva casa, considera que fue su testamento artístico:
“Aún
le quedaba una carta escondida e intuyó
que era el momento de sacarla, retando a la
muerte en ese envite. Esperó la llegada
de la fértil inspiración, del
duende, como él llamaba a esa ocasión
tan mágica como imprevisible, pero en
la que creía ciegamente, ya que se trataba
de un torbellino que no tardó en aparecer,
arrasando lo que encontraba a su paso. Y entonces,
sin esperar un instante, se lo jugó todo.
Y ganó. Por eso, este programa es el
verdadero testamento de Caracol, su último
suspiro flamenco, que no es más que una
magistral lección de cante, la rotundidad
expresiva de un artista iluminado, mientras
nos dejaba, en el postrer latido de su vida,
los gloriosos retazos de una música eterna”.
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En su cante está su verdad. La verdad
de un cantaor que este 2009 se recuerda con distintos actos
impulsados por administraciones públicas andaluzas,
por mor del cante de algunos de los que se consideran sus
herederos. Ya fue el que el pasado junio recordó
su prematuro triunfo en el Concurso de Cante Jondo, al que
no faltó uno de sus seguidores más fieles,
el cordobés Manuel Moreno Maya ‘El
Pele’. Ya tuvo lugar un sesudo congreso el pasado
mayo en la Universidad de Sevilla. Y ya está programada
la próxima cita para el 10 de diciembre, cuando se
lleve a cabo un curioso doble homenaje compartido entre
Caracol y Mairena, cara y cruz del arte, en el teatro de
la Maestranza de Sevilla (de momento, están confirmados
Fernando Terremoto y José Valencia). Pero el mejor
homenaje que se le pueda ofrecer al ya mítico cantaor
sevillano un siglo después de su nacimiento, es el
que haga cada aficionado por su cuenta, escuchando, explorando
y degustando por siempre los cantes de Manolo Caracol, ese
cantaor raro… muy raro.