Especial. Extracto del libro ‘Manuel Gerena. La voz prohibida’,
por Manuel Bohórquez

Treinta preguntas necesarias

Flamenco-world.com, enero de 2008

Extracto del libro ‘Manuel Gerena. La voz prohibida’ de Manuel Bohórquez,
editado en 2007 por Pozo Nuevo (*)


Manuel Gerena. Foto extraída del libro ‘Manuel Gerena. La voz prohibida’
 
   

¿Tuvo una infancia feliz?

Dentro de lo que cabe, sí. Me tocó ser hombre antes de lo que me correspondía y tuve que trabajar para sobrevivir, como un niño yuntero, renunciando a cosas que eran fundamentales para un niño. Era un chaval rebelde, inquieto, y ahí basé mi felicidad.

¿Recuerda si vio alguna vez un libro de poesía en su casa?

No lo recuerdo. Creo que no, porque lo recordaría sin ningún problema. En aquellos años, en la década de los 50, solía haber pocos libros de poesía en las casas de los pobres. Algún libro de Lorca o de Miguel Hernández, por ejemplo. Eso era difícil. Como mucho, algún que otro tebeo del Capitán Trueno.

¿Llegó a pasar hambre en su niñez?

Bastante. Fue muy duro trabajar tanto, con tan pocos años y, en muchas ocasiones, sin nada en el estómago. Mi madre me mandaba algunas veces en la Fonda del Ocho, de doña Adela, a por comida caliente, porque era un lugar donde paraban los camioneros a comer. Como veníamos tarde del campo y había que levantarse temprano, apenas si había tiempo para preparar la cena.

¿Sus padres eran cariñosos?

Por supuesto que sí. Me daban mucha libertad. Mi madre, como sabía que era muy rebelde e inquieto, dejaba por las noches la puerta abierta, sujeta con una silla, porque sabía que llegaba tarde. Fueron duros también cuando tuvieron que serlo, pero poco.

¿Qué le aportó La Puebla en su formación cultural?

En el sentido intelectual, poco. Me fui pronto a vivir a la capital, con 13 ó 14 años de edad. Me formé en Sevilla, que no era mal sitio para impregnarse de cultura popular, de música, de cante, de teatro, de cine...

¿Qué imagen tenía de Franco cuando estaba en el colegio?

Su fotografía estaba en todas las aulas y, como es lógico, a veces me preguntaba que qué hacía ese gachó allí. No sabía quién era, de verdad. Ya peleaba contra aquel individuo y no sabía nada de él. ¿Este qué cojones hace aquí?, me preguntaba.

¿Cantaba en las tabernas cuando era un muchacho?

Claro, como todos los chavales andaluces de aquella época. En el Bar Pachón, de La Puebla, o en El Central, el de Fernando, se echaban muy buenos ratos. Yo cantaba entonces los fandangos de Antonio Pérez ‘El Sevillano’, que eran muy difíciles. Pero a diferencia de otros aficionados de mi pueblo, entonces no pensaba para nada en dedicarme al cante como profesional. Escribía ya letrillas, y lo que quería era ser poeta, escribir letras para que las cantaran otros.


Manuel Gerena. Foto extraída del libro ‘Manuel Gerena. La voz prohibida’

¿Iba mucho a misa los domingos?

Poco. Nos obligan a ir dándonos una cartilla en la que te ponían un sello cada vez que ibas. Y cuando llenabas la cartilla de sellos te regalaban una camisa o un pantalón. Fíjese qué listos eran los curas de entonces.

¿Cómo recuerda el día de su primera comunión?

No lo recuerdo. Y me alegro de no tener ese episodio de mi vida en la memoria, porque no me interesa para nada. Yo no obligué a mis hijos ni a bautizarse ni a hacer la primera Comunión; son ya mayores y pueden hacerlo cuando quieran. Son libres.

¿Quién le animó a cantar en los escenarios?

En La Puebla, nadie. Fue ya en Sevilla, concretamente en Carmona, donde dormí muchas noches, en la Pensión Carmelo. Trabajaba allí de electricista y en los ratos libres toreaba y cantaba. Allí me animaron a concursar en Cabra y en Mairena del Alcor.

¿A qué cantaor de La Puebla admiraba más cuando era adolescente?

Siempre le tuve una gran admiración a La Niña de La Puebla. No era un espejo en el que yo me mirara, porque a mí me interesaba más Antonio Mairena, por ejemplo, que era de otra escuela. Pero el que más me ha gustado de La Puebla ha sido Joselero, al que llaman Joselero de Morón, pero que nació en mi pueblo. Lo conocí precisamente en Morón cuando yo trabajaba allí de electricista, en la fábrica de cemento. Joselero era un cantaor corto, de una personalidad y un metal de voz que me encantaban.

¿Se hizo cantaor por la influencia de Pepe Menese o por la de Francisco Moreno Galván?

Ni por uno ni por otro. Yo empecé a escribir letras antes de que Menese comenzara a cantar. Cuando yo salí y empezaron a prohibirme en toda Andalucía, donde se pusieron de acuerdo los ocho gobernadores para no dejarme cantar, Pepe Menese era ya bastante famoso y había grabado sus primeros discos, que causaron sensación entre los aficionados. Cantaba en los mejores festivales andaluces y era una de las voces nuevas con más fuerza. Pero yo escribía desde mucho tiempo antes, cuando ni siquiera pensaba en ser cantaor. Yo quería ser el letrista de Miguel Vargas, otro gran cantaor de mi pueblo, pero no pudo ser. Entre otras cosas, porque era también de la línea de Paco Moreno Galván.

¿A qué edad escribió su primera copla protesta?

Con 13 ó 14 años. Trabajaba ya de electricista en los cortijos de Sevilla y Huelva, llevándoles la luz. Recuerdo que los gañanes me ponían a mi servicio a los propios trabajadores del cortijo para que abrieran los agujeros en la tierra, para los postes. A la hora de dormir, como tenía que quedarme obligatoriamente en el cortijo, porque era difícil irse todos los días a Sevilla, dormía en la parte señorial, y los peones, en uno de los soberaos, en sacos de paja y vestidos con la misma ropa con la que habían trabajado de sol a sol. Estampas como aquella me animaron a escribir poesía, letras de cante, para denunciar a tanto panzón explotador como había en Andalucía.

¿Recuerda alguna de esas primeras letrillas?

A duras penas. Recuerdo una: Carreterita los Santos/ cómo te voy a olvidar yo/ si en ti pasé más fatigas/ que en la Tierra pasó nuestro Dios. Era una carretera que iba de La Puebla a Morón, de diez kilómetros, por la que anduve muchas veces para ir y venir del trabajo, a una finca que llamaban Morcillo. Esta letra la cantaban mis amiguetes y eso, pero en las tabernas y en la calle.

¿De adolescente ya quería ser como el poeta comunista Miguel Hernández?

Con esa edad de la que le hablo ya había pasado por mis manos Viento del pueblo, de Miguel Hernández, un libro fundamental en mi vida. Me impresionó El niño yuntero, porque yo fui un niño yuntero, un niño que hacía en el campo un trabajo de hombre, pero que ganaba como un niño. O sea, una miseria.

¿Cómo y cuándo supo que era comunista?

Desde que tengo uso de razón. Comencé muy pronto a rebelarme contra las injusticias, contra los explotadores, contra los panzones del mundo, contra los señoritos, contra el beatismo interesado, que estaba constantemente pisándonos. Y le digo una cosa: hoy soy más de izquierda que nunca.

¿Qué buscaba cuando entró en el PCE?

Acabar con todo lo que ha dicho. Yo militaba en el PCE antes de ser cantaor, en la clandestinidad, cuando era electricista. Estuve en las comisiones del campo, en las del metal. Era un comunista convencido, de los que las daban todas por la causa.

¿Influyeron sus ganas de ganar dinero en la elección de su línea cantaora contestataria?

Ni mucho menos. Al contrario. Tengo tres mil conciertos en el pellejo, he vendido miles de discos y de libros, y vivo de una manera humilde; digamos que sigo buscándome la vida en los escenarios. Cuando dejé mi trabajo de electricista y me puse a cantar, pasé muchas necesidades económicas, porque me dedicaba a estudiar, a estar con los viejos para aprender de ellos. Nunca he pensado en el dinero, sino en hacer lo que me gusta, que es cantar y luchar por los más débiles.

¿Qué postura tomó la iglesia con su lucha?

Había curas rojos, claro, que estaban en la misma lucha que yo. Algunos seminaristas hicieron su Tesis Doctoral con mis letras. Yo no soy cristiano, pero tuve mucha relación con ese sector de la Iglesia que estaba con los pobres, con los más débiles. El Correo de Andalucía, que entonces era de la Iglesia, estuvo siempre de mi parte y me ayudó mucho.


Manuel Gerena. Foto extraída del libro ‘Manuel Gerena. La voz prohibida’

¿Se sintió utilizado de alguna manera por el movimiento antifranquista?

Nunca. Eso es algo que quiero dejar claro, porque el asunto ha estado siempre ahí. Siempre hice lo que quería hacer y lo hacía convencido, porque quería aportar mi granito de arena a la causa. Yo llenaba plazas de toros y campos de fútbol y, con millones de pesetas recogidos en taquillas, sólo cobraba setenta mil pesetas por actuación. El resto del dinero era para ayudar a los presos, a las familias de los presos y, en definitiva, al partido, al pueblo.

¿Por qué abandonó el PCE?

Abandoné el PCE por coherencia, y estuve años sin ser militante y sin decir que lo había dejado, por no desencantar a las bases del partido. Todavía me llaman camarada muchos comunistas cuando voy a cantar a los pueblos de nuestro país. Hay personas que no se han olvidado de lo que hice, y eso es bueno. Me preocupa la falta de memoria de algunos.

¿Qué le llevó a hacer campaña por el PSOE en 1982?

Era un profesional de la música y me contrataron para dar conciertos.

¿Ha pasado factura alguna vez por los servicios prestados a la democracia?

Jamás. Y aprovecho para decir que hay mucha gente que ha perdido la memoria, que se ha olvidado de lo importante que fuimos algunos para la llegada de la libertad y la democracia a España. Pero nunca he pasado factura por esa labor. Sin embargo algunos, que no han sido nunca de izquierdas, sí han pasado factura. Incluso dándoles vergüenza decir públicamente que son de izquierdas. Yo soy un artista y trabajo, como los demás, con ayudas públicas y sin ellas. Le puedo asegurar que soy el cantaor menos subvencionado de Andalucía. He estado muchos años sin cantar en Andalucía y he procurado no quejarme.

¿Por qué es tan ingrata Andalucía? Sobre todo con Manuel Gerena...

También es verdad que yo me alejé demasiado, porque no soy un artista ni localista ni regionalista; siempre he tenido una visión universal del arte y de la vida y no podría estar viviendo en Sevilla a la espera de que suene el teléfono para que me den un festival. Voy a mi aire. Mi tierra no es sólo Andalucía, porque soy andaluz hasta la médula y ahora vivo en el Puerto de Santa María. Y mañana, si me apetece o se encarta, por las circunstancias que sean, a lo mejor me afinco en Valencia. Pero respondiendo a su pregunta, creo que sí, que Andalucía está siendo ingrata con algunos de sus artistas.

¿Sigue resentido con los flamencólogos?

Me rebelé contra la flamencología de derechas, pero con la interesada. La hubo y la hay, como la hubo y la hay en el mundo del toro. El señorito sigue existiendo en el flamenco y en el toro, claro que sí. Ahora mantengo una buena relación con los flamencólogos, sobre todo con los que son serios. El flamenco ha cambiado bastante, esa es la verdad. Y me alegro mucho.

¿Por qué no ha ido nunca en las listas electorales? ¿No ha tenido ofertas?

Al principio de la democracia tuve posibilidades de ir en las listas electorales, sobre todo fuera de Andalucía, donde mi voz tenía mucha fuerza; por ejemplo, en el mundo de la inmigración andaluza. Como solía cantar en una de mis muchas letras, no quiero ser voz de mando, que soy voz de pregonero. A mí me ha interesado sólo cantar. Y nada más. Y he tenido mucha experiencia en cuestiones organizativas. Metí a mucha gente del mundo de la canción en el PCE y organicé muchos conciertos. Pero no me veo como concejal de un ayuntamiento.

¿De qué se arrepiente, con respecto a su carrera?

Creo que de nada. Si acaso, de haber hecho daño a alguien con alguna letra o alguna acción. Si lo he hecho ha sido involuntariamente. Estoy bastante satisfecho de cómo he actuado en cada momento, aunque reconozco que he podido equivocarme.

¿Sacrificó a su familia por su lucha personal?

Por supuesto. Me volqué demasiado con mi profesión y no le dediqué a mis hijos el tiempo que tenía que haberles dedicado. Ellos se han criado como los demás chavales de este tiempo, están muy preparados y saben perfectamente cómo eran mis tiempos y lo que tuve que hacer por la causa... y por ellos.

¿Se lo han reprochado alguna vez?

Nunca. Al menos que yo recuerde. Si me lo reprocharan lo entendería perfectamente.

¿Volvería a la lucha si llegara de nuevo a España un gobierno ilegítimo?

Sin dudarlo. Pero tengo que decirle que sigo en la lucha, aunque de otra manera. Ahora le canto a la paz, a la ecología, al amor, a los valores de siempre. No hay que bajar la guardia.

(*) Texto reproducido en enero de 2008 por Flamenco-world.com con el consentimiento expreso del autor. Todos los derechos reservados

 
 
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