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ESPECIALES. OBITUARIO
Manuel Soler, llanto por alegrías
Silvia Calado Olivo, junio de 2003
Tum, tum... Tum, tum... El latido del corazón que marcaba el compás
de la soleá salía del cajón de Manuel
Soler. María Pagés iniciaba así ese particular buceo
en los orígenes del flamenco que constituye 'Flamenco Republic', convencida
de la maternidad de la soleá, tan básica ella, que entronca con
el propio motor de la vida. Pero dejó de latir.
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Paco de Lucía firma un cajón a Manuel
Soler
(Foto: Daniel Muñoz)
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El corazón de Manuel Soler hacía años que estaba resentido.
De hecho, fue su debilidad lo que le obligó a renunciar a formar parte
del primer sexteto de Paco de Lucía. El bailaor sevillano -que tras trabajar
en México en los sesenta y setenta, compartió el escenario del tablao
Los Canasteros con Enrique Morente o Diego Carrasco- hubo de reciclarse. Comenzó
por la guitarra pero sería la percusión, entonces una recién
llegada al género, la faceta en la que desarrollaría su carrera
posterior, alcanzando el grado de maestría y la categoría de imprescindible
tanto en grabaciones discográficas, como en espectáculos de baile.
De un lado, su nombre puede encontrarse -con o sin diminutivo, como sesionista
o como productor- en trabajos como 'Soy gitano' de Camarón, 'Borboreo'
de Juan Carmona, 'De la lírica al cante' de Calixto Sánchez, 'Eres
luz' de Niña Pastori, 'Un diálogo sin artificios' de El Cabrero,
'Rincones de sueños puros' de La Tobala, 'Inquilino del mundo' de Diego
Carrasco, 'Azúcar Candé' de Chano Lobato, 'Sueños en el aire'
de El Lebrijano, 'Sur' de Dorantes, 'Pasajes' de, entre otros, Gerardo Núñez
y Perico Sambeat... y un largo etcétera de colaboraciones a las palmas,
la percusión y el zapateado.

Manuel Soler con Diego Carrasco (Foto: Daniel Muñoz)
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Del otro lado, Manuel Soler -además de montar espectáculos propios
como 'Por aquí te quiero ver', presentado en la Bienal de Sevilla 1996-
desempeñó papeles protagonistas como artista invitado en obras de
figuras punteras del baile flamenco de creación, siempre sorprendiendo
por su calidad, por su sabiduría y, ¿por qué no?, también
por su sentido del humor. Participó de la revolución que en 1998
supuso el vanguardista '¡Mira!' de Israel Galván, reencarnó
al provocador duende del compás en el posterior 'Los zapatos rojos'; derrochó
madurez, con 'm' de minotauro, en 'Abecedario', el homenaje que el baile flamenco
hizo al poeta Jorge Luis Borges en el Teatro de la Maestranza de Sevilla en 1999;
desató admiración y carcajadas en 'Flamenco Republic', donde protagonizaba
un histórico duelo a castañuelas y bastones con María Pagés;
encantó su fino paladar musical con tinaja, con cajón, con pies
y consigo, volviéndola a armar en el papel de uno de los 'Lorcas' que departían,
hasta hace poquísimos días, en la Huerta de San Vicente recreada
en el 'Dime' de Javier Barón... Hasta hace tan pocos días
Y como entonces relatábamos, "desde dentro de la tinaja, Soler
transforma en duendes sus manos. Desde fuera de la tinaja, Carrasco recita por
bulerías. Quien canta, baila; quien baila, toca; quien toca, canta. Todos
se meten en la cueva de barro cocido para salir "un poquito más serios".
Alegrías para llorar que se cantan, que se dicen, que se recitan, que se
dibujan, que se mascan... y el verso, y el grito, y el compás, y la música,
y el sentimiento, y el juego, y la vida, y el baile, ¡y la muerte! Trantrán
trabilitrán trantero". Alegrías para llorar la muerte. Trantrán...
Manuel Soler falleció en Sevilla el día 5 de junio de 2003
a los 60 años de edad

Curso de percusión de Manuel Soler
revista@flamenco-world.com
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