JUEVES FLAMENCOS 2007/2008. MANUELA CARRASCO

Un sorbito... de flamenco puro

Susana Muñoz Bolaños. Sevilla, 25 de octubre de 2007

‘Un sorbito de lo sublime’. Manuela Carrasco: baile. La Tana, Samara Amador, El Simón, Antonio Zúñiga: cante. Torombo: baile. Román Vicenti, Joaquín Amador, Ramón Amador: guitarras. Ciclo Jueves Flamencos de Sevilla 2007/2008. Centro Cultural Cajasol (Sala Joaquín Turina). Sevilla, 25 de octubre de 2007. 21 horas

 

Manuela Carrasco
(Foto archivo Daniel Muñoz)
   

Como en familia, con calidez y cercanía. Así interpretó Manuela Carrasco su espectáculo ‘Un sorbito de lo sublime’, dentro del ciclo Jueves Flamencos 2007/2008 de Cajasol, un montaje que lleva cosechando éxitos desde 2005. Acompañada de todo su elenco, la artista trianera salía a un sobrio escenario enfundada en un vestido negro con lunares blancos, chaquetilla torera y complementos magenta, para interpretar una bulería al golpe. Y lo hizo con la fuerza y el temperamento que la caracteriza, calentando rápidamente a un teatro lleno a rebosar, que la despedía de su primera faena con grandes aplausos. Pañuelo rojo al cuello, Torombo continuaba por alegrías, acompañado por las voces agudas y potentes de El Simón y Antonio Zúñiga, en un baile eléctrico e intenso, con el que recorrió el escenario de un extremo al otro, en una suerte tras otra de zapateados y giros, levantando los gritos de un patio de butacas lleno de público nipón y anglosajón.

Envueltas en sendos mantones de Manila, las niñas -como las llama Manuela- Samara y La Tana, saltaban más tarde al escenario para interpretar a dúo, cara a cara, unas bulerías llenas de sensualidad, en una compenetración de voces que fue premiada con aplausos. Ante un público entregado, regresaba Manuela Carrasco para interpretar unas alegrías, con la compañía de todas las voces de su elenco y las guitarras de Román Vicenti y de Joaquín y Ramón Amador. Brindó un baile elegante con el que recorrió el escenario, en una concentración máxima en los zapateados y un final de corte que levantó los olés del respetable. Después, las voces de Antonio Zúñiga y El Simón por martinetes, con una interpretación intensa y profunda, afeada por un sonido que dejaba mucho que desear. Y tras el silencio musical, la intensidad de las bulerías por soleá de Torombo, con una interpretación llena de genio y fuerza, que volvió a levantar los gritos y el aplauso continuo y apasionado de un público más que entregado incluso antes de concluir.

Las voces de Samara y La Tana regresaban, antes del cierre, para interpretar unos tangos, en un mano a mano elegante y dulce, en el que los cantes y los bailes se mezclaban con letras llenas de calor y amor. Como acompañantes, la interpretación de los tres guitarristas fue, a pesar de las dificultades de sonido, largamente aplaudida. El broche final lo ponía la bailaora sevillana con su elegante soleá, interpretada con serenidad y sentimiento. Movimientos lentos, naturales, profundos, con brazos al cielo y ojos cerrados, que concluía con un zapateado espectacular entre palmas, hasta convertirla en unas bulerías sin medida. Manuela se despedía de un público totalmente entregado con una verónica torera con su mantón malva. El teatro, puesto en pie, zapateaba y ovacionaba pidiendo más, mucho más que este ‘Sorbito de lo sublime’ que supo a poco. La próxima cita: su espectáculo ‘Romalí’ el 9 de noviembre en la Fundación Tres Culturas.

 
 
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