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FESTIVAL MUNDIAL DE FLAMENCO
DE MARBELLA 2002
Incompatibilidades del ole y el eagle
Silvia Calado Olivo. Marbella (Málaga), enero de 2003
"Hoy es un día muy especial".
Con esta frase inició Antonio Canales la presentación de cada una
de las cinco noches durante las que se desarrolló el Festival Mundial de
Flamenco, un ciclo organizado por la empresa pública Turismo Andaluz, Bienal
de Flamenco de Sevilla y la asociación hotelera Selected Hotels entre los
días 27 y 31 de diciembre de 2002 en el Hotel Don Miguel de Marbella. Un
análisis a posteriori de este festival invita a la reflexión sobre
la idoneidad de utilizar el flamenco como recurso turístico andaluz...
o sobre cómo hacer idónea tal mixtura. Cuestión de contexto.
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Antonio Canales con los Giraldillos Jóvenes (Foto:
Daniel Muñoz)
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El millar de personas alojado en el hotel -la mayoría participantes
en el II Festival de Golf Selected Hotels- conformaba el público potencial
de un cartel que reunía a los artistas a los que el grupo de críticos
designados por la Bienal concedió los nuevos premios Giraldillo (es decir,
Gerardo Núñez, Dorantes, Arcángel y Manuela Carrasco), así
como los ganadores del Concurso de Jóvenes Intérpretes (ahora, Giraldillos
Jóvenes). Pero no sólo ellos. El certamen no es si no el Festival
de Flamenco de la Costa del Sol (que celebró en 2001 su primera edición)
en otras manos. Y el traspaso tenía su precio: que el grupo local Solera
de Jerez -encargado de amenizar el hotel marbellí habitualmente y creador
de aquella primera edición que llevó al epicentro de la costa malagueña
a, entre otros, José Mercé y Aurora Vargas- abriera el festival.
Lo positivo es que ofreció un referente comparativo que daba la razón
a los escépticos en el resort destacados: un elevadísimo porcentaje
de ese millar no distingue entre la primera y la segunda fila... y tampoco tiene
por qué. Bastante tiene ya con perfeccionar su swing en las paradisíacas
instalaciones golfistas de Atalaya Golf & Country Club.
El hecho es que, si bien la respuesta al segundón show inaugural
fue rotunda, la sala Jacaranda no dejó de despejarse mientras duró
el recital de piano de Dorantes. Y sólo es un ejemplo. Las sesiones de
Gerardo Núñez Quinteto en el piano bar a eso de la medianoche aún
fueron tratadas con mayor vilipendio. Quienes se asomaban al I Love the Golf Café
llegada esa hora ni abandonaban la plática ni el alargamiento de bebidas.
¿Quién podía hacerles entender la diferencia entre el teclista
de plantilla y uno de los primeros músicos del panorama musical español,
además de primerísima figura de la guitarra flamenca?
No era el marco. El flamenco ya pasó por este trance antaño.
Véase la cartelería setentera de Iberia: ¡menudas morenas
con trajes de lunares anunciaban las aerolíneas españolas! Antonio
Canales no puede hacer de showman con un discurso cansinamente repetido
noche tras noche. Manuela Carrasco no puede rellenar el impass entre la
cena de Nochevieja y las doce campanadas -con todo lo que ello conlleva- por mucho
café de Puerto Rico que acune el foie... o por muy buenas intenciones que
tuviera la organización, que de ello no cabe duda (ni tampoco de su buen
hacer).
La propuesta de esta entente tripartita era "mostrar al público
internacional la cultura flamenca" -y no el flamenco "de pandereta",
especificó-, pero quizás el matiz erróneo fuera no contar
con un público internacional homólogo. Desafortunadamente, el alemán
o el italiano que adquiere un paquete por unos mil euros para pasar los últimos
días del año a veinte grados (malos tiempos para la jet)
no tiene por qué estar interesado en ese excepcional flamenco que se le
ofrece gratuitamente por ser cliente de Don Miguel, ni siquiera en la música
y, si apuramos, ni siquiera en la cultura. Ojalá. Las exigencias acababan
en la puntualidad. Y, por el contrario, sí que es factible encontrar a
un público alérgico a la pandereta en los circuitos internacionales
de la música culta, que es donde el flamenco (con toda su infraestructura)
y las instituciones públicas a las que concierne su promoción podrían
dedicar sus esfuerzos económicos. El coste de este ensayo, por cierto,
no ha sido desvelado, pero se presupone contundente.
Y si la buena voluntad de la organización no está en entredicho,
menos aún la altísima calidad artística del cartel (restando,
con todos los respetos, el pórtico). Por orden.
Dorantes fue el primero. El pianista de Lebrija presentó 'Sur' en pequeño
formato y con Tomás de Perrate poniendo las pinceladas de voz del disco.
Cierto es que en el Alcázar sevillano con orquesta completa, con Tino di
Geraldo, con Esperanza Fernández, la obra fue de mayor lucimiento, pero
ni mucho menos desmerece comprimida. Esas músicas mucho-poco-o-nada flamencas
tienen las mismas evocaciones visuales, idéntico talante fílmico;
la misma clase, idéntico gusto. 'Sur', 'La danza de las sombras', 'Di,
di, Ana'. Lástima que mientras fluían estas hermosísimas
composiciones, filas enteras de la sala fueran quedando vacías...

Dorantes y Tomás de Perrate (Foto: Daniel Muñoz)
Todo lo contrario ocurrió la noche siguiente, pero aquello tenía
doble explicación. Por una parte, entre los ganadores del concurso del
festival sevillano se encontraba Rocío Bazán, cantaora de la tierra.
Traía cohorte de incondicionales. Por otra parte, Antonio Canales ofrecía
un avance de 'Ojos verdes', su próximo montaje. Tirón indiscutible.
Ante un abarrotado salón de congresos se presentaron los ganadores del
Concurso de Jóvenes Intérpretes de la Bienal de Flamenco de Sevilla
2002, a quienes el padrino del festival prologaba como "el futuro, con lo
cual el flamenco está bien abrigado". Rocío Bazán al
cante, Eduardo Trasierra al toque y Mercedes Ruiz al baile comenzaron por malagueñas
un recital que resultó falto de ritmo y excesivamente extenso. Los jóvenes
artistas tuvieron oportunidad, por tanto y como contrapartida, de abrir el abanico
estilístico tanto como quisieron (trilla, taranta, alegrías, tientos,
zapateado...) y de demostrar que la parte del premio concedida en concepto de
galas redunda en tablas. La cantaora gana en comedimiento y el guitarrista en
justeza. La bailaora venía hecha, como demostró a lo largo del recital,
incluida la pataíta final compartiendo glorias con Antonio Canales y Juan
de Juan. Ambos ofrecieron, como estaba anunciado, un fragmento de la obra que
la compañía dedicará próximamente al poeta Fernando
Villalón, acompañados por Rafael de Utrera y Londro al cante, y
Daniel Méndez a la guitarra. "Ojos verdes, verdes como..." los
de aquel toro utópico que buscaba el poeta, ese imposible universal.

Arcángel ensaya 'Desde la tierra' (Foto: Daniel Muñoz)
Arcángel volvió a situar al flamenco en la cúspide del
antipanderetismo la penúltima noche del año. El joven cantaor
onubense traía al hotel marbellí 'Desde la tierra', un espectáculo
de cante con pinceladas corales. Tenía razón el presentador al decir
que "su arte y su garganta son instrumentos privilegiados", al igual
que lo son la guitarra y la música de Juan Carlos Romero, piedra angular
de la obra. Cante tradicional refrescado, ecos morentianos, espíritu alosnero,
los ojos negros en doble pantalla gigante ("ay, el negro de tu mirar").
Y el coro de voces blancas del Teatro de la Maestranza de Sevilla, dándole
profundidad; y Bobote y Eléctrico, dándole compás; y el vello
de los sensibles, enhiesto. "¡Ole los grandes!", dijo Estrella
Morente al recibir el brindis. Y el grande se hizo aún mayor, ebrio de
fandangos.
Manuela Carrasco fue la última. Con la cena recién deglutida
y a la espera de las uvas de la suerte, el público se lo ponía tan
difícil como a Gerardo Núñez y compañía en
el piano bar días atrás. Cumplió dignamente con su contrato,
toreando el entrechocar de cristales y el murmullo... pero pocos prestaban atención
a esa figura majestuosa que se tomaba tres compases para elevar los brazos. Acometió
su habitual repertorio, esta vez bajo la denominación 'Jondo adonai' y
con Juan de Juan en los números de baile masculino. Sin comentarios.
El público se lo había puesto difícil a la bailaora sevillana...
tanto como a Gerardo Núñez y compañía las cuatro noches
anteriores en I Love the Golf Café. La oscura experiencia de la primera
noche permitió poner remedio al despropósito en las tres sesiones
sucesivas. Y ellos eran los primeros sorprendidos, músicos acostumbrados
a un respeto cuasi litúrgico. A pesar de las vicisitudes, Gerardo Núñez
(guitarra), Perico Sambeat (saxo), Pablo Martín (bajo), Rafael de Utrera
(cante), Cepillo (percusión) y Carmen Cortés (palmas) ofrecieron
cuatro sesiones magistrales de flamenco-oxigenado-vía-jazz que el grupo
materializaba en composiciones del tocaor jerezano incluidas en 'Calima' (Karonte,
1999), en el disco de Carmen Linares 'Un ramito de locura' (Universal, 2002) o
en encargos para espectáculos dramáticos como 'Yerma'; en composiciones
de Sambeat como 'El misterio está en el aire', tema incluido en 'Cruce
de caminos' (Resistencia, 2001); o en revisiones guiadas por la garganta de Rafael
de Utrera como la del cruce Camarón-Lorca que resulta ser 'Nana del caballo
grande'. Afortunado de aquel que tuvo el privilegio de sentir la entrega total
de unos músicos para los que el coraje no está reñido con
la sensibilidad, para quienes están dispuestos a zamarrear al respetable
(aún cuando no merezca tal nombre) haciéndolo partícipe (aún
cuando inmerecedor) de su exquisito diálogo.

Perico Sambeat y Gerardo Núñez (Foto: Daniel Muñoz)
Pero es que aquel "escenario" rebosaba maestría... Tanto Gerardo
Núñez como Carmen Cortés habían estado dedicando las
tardes previas a los conciertos a enseñar sus respectivos know how
a sendos grupos de adolescentes del terruño (¿por qué no
al público extranjero del hotel?). Demasiada densidad demográfica
para las dimensiones de la improvisada aula. La bailaora catalana de nacimiento,
artífice de las certeras palmas y de alguna pataíta de las sesiones
noctámbulas, adiestraba en el dominio de la soleá por bulerías
profiriendo máximas del tipo: "El objetivo es que una vez asegurado
el paso, hay que expresar. El baile depende de quien lo haga, por ello tenéis
que sacar vuestra expresión, ser originales". O del tipo: "¡Quiero
energía! Hay que buscar el momento justo, esperar el último momento
para dar al flamenco esa energía que necesita". Y cada cual hacía
lo que podía, ante un mínimo público de curiosos, en los
pocos centímetros cuadrados de que disponía. Las clases magistrales
de Gerardo Núñez resultaron menos claustrofóbicas y, por
tanto, más placenteras para el oyente. "Silencio, por favor. Vámonos
con esta falseta de bulerías". Y allá que tran tran trrrraaaan.

Carmen Cortés en clase
(Foto: Daniel Muñoz)
¿Otros complementos aflamencando el hotel? Por una parte, la exposición
de las fotografías de Carlos Arbelos y las pinturas de Zaafra aunadas bajo
el epígrafe 'Son del sur. Primos y brothers'; y la de Jorge Arroyo, titulada
'Paraíso flamenco'. Por otra parte, el show room de diseños
flamencos de Paco Olea, muestra de los cuales daba la relaciones públicas
del hotel acompañando y traduciendo a Antonio Canales en las presentaciones.
"Hoy es un día muy especial. Today is a very special day". Todos
los días fueron muy especiales, razón tenía quien apadrinaba
el festival. El mínimo porcentaje de amantes del arte concentrados en el
hotel de la capital costasoleña sintiéronse privilegiados. La masa
sintióse masa.
revista@flamenco-world.com
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