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MARÍA PAGÉS.
'CANCIONES ANTES DE UNA GUERRA'
La reflexión y el juego
Silvia Calado. Madrid, 30 de abril de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
'Canciones antes de una guerra'. Compañía
María Pagés. Bailaores: María Pagés, María
Morales, Sonia Fernández, Mar Jurado, Leticia Calatayud, Emilio Herrera,
Abel Harana, Alberto Ruiz. Músicos: Ana Ramón, cante; José
A. Carrillo y Luis Miguel Manzano, guitarra; Francisco Alcaide, percusión.
Teatro Bulevar. Torrelodones (Madrid, España), 30 de abril de 2004.
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María Pagés

María Pagés y Emilio Herrera
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María
Pagés rebosa creatividad. La bailaora y coreógrafa sevillana
entró hace unos meses en el 'Bazar de las ideas' y salió con una
ristra de canciones viejas que la inspiraron para mover y moverse. Y reunidas,
engarzadas, bailadas y encajadas en un escenario gritan paz, gritan juego, gritan
justicia, gritan música y también silencio. 'Canciones antes de
una guerra' es una reflexión danzada, que navega entre el divertimento
y la reivindicación, mostrando las dos caras del flamenco -la exterior
y la interior- y muchos otros colores del abanico cromático musical.
Antes de que el telón fuera descorrido, María Pagés, vestida
con un kimono, salió a saludar al público de su casa y a contarles
unas cuantas cositas. Explicó cómo surgió 'Canciones
antes de una guerra', la obra que iba a preestrenar en este teatro donde reside
la compañía, antes de volar hacia Japón. Y sucedió
que "las coreografías tienen su vida propia y sugieren otras ideas".
Leyó el comunicado de Alicia Alonso con motivo del Día Internacional
de la Danza... para invitar a la reflexión. "La danza, como lenguaje
del cuerpo humano en silencio, es armonía, es equilibrio, es paz. La danza
nos une, nos hace más humanos". Y quiso referir esas palabras al trabajo
que se presentaba, "a este experimento coreográfico".
Comienzan jugando... con el compás, con el ritmo. La música es
la que los bailaores provocan en cajones que hacen las veces de 'mini tablaos',
en el quicio de la boca del escenario. Se percute con nudillos y pies, los pies
contra el suelo, una palma contra la otra. Ahora suena la música, un coqueteo
del francés Henri Salvador con el blues, una canción burlona con
sabor a garito nocturno. Los chicos y las chicas -todos vestidos como de calle-
se retan, se persiguen, se hacen desaires, como en un particular 'West Side Story'.
La coreografía lleva el sello 'pagés', con un resultado gracioso,
vivo, visual.
El tono cambia. María Pagés aparece sentada en un hueco central
del versátil telón de fondo, recogida sobre sí misma, a punto
de ser la Venus que emerge de la concha. Baila sola las 'Nanas de la cebolla'
de Miguel Hernández que el cantautor Joan Manuel Serrat grabó en
un álbum homenaje al poeta en 1972, con música de Alberto Cortez.
Movimiento divino, los brazos kilométricos que envuelven y desenvuelven,
la danza esencial, interna. La lágrima que aflora.
Los números son cortos, pero con sustancia. Ahora se prueba una combinación
de trío femenino. Suena una guitarra y cada una a lo suyo, asimetría
de tres miradas que acabarán confluyendo, con un esbozo de farruca. El
baile tiene matices, atiende al control del ritmo y de la intensidad del sonido.
El baile se hace escuchar. Ahora viene... ¡un corte publicitario! A María
Pagés, que es de las pocas que muestra la vis cómica del flamenco,
se le ha ocurrido coreografiar la canción del Cola-Cao. Y la presenta bailada
a seis: ellos, con pajarita, como los cantantes de los años 50; ellas,
con vestidos negros de lunares blancos. Claro, en blanco y negro. Divertidísimo.
Vaya ocurrencia... y qué sentido del gusto. Cuando la música cesa,
los bailaores ofrecen otro entretenimiento basado en el compás, el silencio
y las luces.
El telón de fondo abre ahora su boca por el lateral izquierdo, para
dar abrigo al cante y al toque en directo. María está sola por soleá.
La espiral de su cuerpo serpentino. La luz anaranjada es tan tenue, que desluce.
Quiero verte. Y se da luz a sí misma por bulerías, pero por bulerías
de esas añejas, con saborcito. Ora coge la tabla entera, ora casi no se
mueve, minimizando el pellizco. También hay juego con la música,
con las gradaciones rítmicas, también hay risas con los compañeros.
El tono festivo se torna más dulce, quizás más sensual, con
otra canción coreografiada para tres mujeres... con mantón. 'La
flor de la canela', con letra de Chabuca Granda, cuenta un cuento al limeño,
que María Pagés y dos bailaoras más, se encargan de colorear
con mantones de manila. Los flecos trazan brochazos de color, como un cuadro abstracto
que se crea y se 'descrea' sobre la marcha.
Tras otra pausa publicitaria, esta vez para el jabón de lavar, se hace
de nuevo el silencio. Son movimientos que siguen una música interior, para
que se oigan los brazos, las manos, las cabezas... Tinaja, palmas y cante. La
bulería lenta o los aires de ida y vuelta, ¿qué más
da? Todos en escena. Combinaciones de seis, dinamismo, asimetrías. El final
está próximo y María vuelve a la concha. Suena un 'Imagine'
de John Lennon encargado 'ex profeso' para la ocasión, con una desgarrada
voz de mujer, con guitarra flamenca y con tinaja. María despliega sus alas
y echa a volar por todo el mapamundi que hace de fondo. Un 'crescendo' emocional
invade la sala, danza de tensión y de intención. "I hope some
day you'll join us and the world will live as one".

Compañía María Pagés
revista@flamenco-world.com
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