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O cómo contar sin palabras un drama lorquiano
Silvia Calado Olivo. Madrid, marzo de 2003
Mariana Pineda fue, como es bien sabido, una heroína liberal cuya
historia quedó reflejada en un romance popular a partir del cual Federico
García Lorca labró el conocido drama teatral. Despojando la historia
de connotaciones políticas para dar primacía al tema amoroso, el
trío formado por Sara Baras, Manolo Sanlúcar y Lluís Pasqual
lleva a Mariana Pineda al plano de la danza flamenca. De cómo se gestó
esta obra habla el trío creador: coreógrafa, compositor y director
escénico.
Como cuenta el director teatral catalán, todo surgió de forma
sencilla: "Sara y su productora vinieron a plantearme el proyecto. Como todo
hay que pensarlo, aunque sea veinticuatro horas, me tomé un tiempo para
ver si eso que es literatura podía contarse más allá de las
palabras". Y Pasqual elaboró un guión en el que "intenté
extraer los sentimientos del texto para, saltándome el orden cronológico,
tomar a Mariana Pineda en el momento antes de su ejecución. Así,
se le presenta su vida en flash back, con los tres hombres que la marcaron".
Pero entendió que para llevarlo a cabo "necesitaba un filtro: la música
de Manolo Sanlúcar". A partir de ahí, vinieron las excursiones
a Sanlúcar de Barrameda, "para escuchar la música de cinco
en cinco minutos".

Sara Baras en 'Mariana Pineda' (Foto: Daniel Muñoz)
El compositor y guitarrista, por su parte, hacía frente a la dificultad
de expresar una historia con música, "que es una de las artes más
abstractas". Pero logró concretarla: "Creo que cada historia
puede tener su propia música, la música más cercana. En el
caso de los ballets, de los caracteres emotivos que contengan las historias hay
que hacer traducción en sonidos, de modo que tenga autenticidad. Y trato
de respetar al máximo la idea que me dan, si no me piden que la cree. Me
esfuerzo en servir a esa idea, en potenciarla". Evidentemente, si acuden
a Manolo Sanlúcar, es porque se requiere flamenco, pero el maestro fue
más allá: "La música debe tener características
propicias para el baile. Los estilos flamencos tienen sus características
rítmicas y tonales, pero desde ellos había que crear una historia
musical. Así que no es flamenco tradicional; me he extendido a la música
andaluza, que son primos hermanos y nacen desde un mismo punto de partida".
El modus operandi fue el suiguiente: "Cojía un tema, exponiéndolo
y desarrollándolo, de modo que no resultara una sucesión de falsetas,
sino historias musicales para contar lo mismo que el libreto".
¿Y Sara Baras? Además de la creación de la coreografía,
asume el papel protagonista de la historia como ya hiciera en 'Juana la Loca',
pues "me encantan los personajes con fuerza, pasión y entrega, que
es algo que el flamenco antepone siempre a la técnica". La diferencia
es que si entonces decía tener miedo a interpretar, ahora va con la lección
sabida: "Con Juana aprendí muchísimo, pues era la primera vez
que hacía un guión y el concepto es diferente a cuando interpretas
una soleá. No se trata de interpretar como una actriz, sino como una bailaora,
con el cuerpo. Tengo la suerte de rodearme de gente que me ayuda muchísimo...
El primer día que vino Lluis, todos intentábamos llorar, reirnos
y poner caras para interpretar. Sin embargo, él dijo que bailáramos
y se acabó. Aunque sigo un guión, intento sentir como si fuera Mariana.
Pienso qué haría ella". Y de esa tarea las enseñanzas
han sido muchas: "Lo primero que he aprendido es a dosificarme sabiendo cuándo
hay un momento para la cara, cuándo para el hombro, cuándo para
la cadera, cuándo un momento de tranquilidad". Y, quizás dando
por superada una etapa, critica que "los jóvenes vienen corriendo,
hacen el más difícil todavía, y esta obra me ha hecho comprender
que el baile tiene cosas más bonitas que correr. No quieres darlo todo
en cuanto sube el telón". Y lo mismo en el plano personal: "No
hay que ir corriendo por la vida". Reflexiona que, "con la edad que
tengo, no imaginaba que iba a estar al lado de esta gente que ya era figura cuando
yo era una niña", gente que le ha enseñado a "valorar
cada cosa, una nota o un silencio... pues igual en la vida".
Música para contar
Hablando de notas y silencios, matiza que la música ha sido una guía
fundamental. La bailaora cuenta que el baile "va pasando por muchos palos,
pero no puede distinguirse una alegría o una soleá habitual. La
música cuenta una historia y, por ello, no fijé unos palos de antemano,
sino que Manolo Sanlúcar creó la música. Y sí, hay
soleá, tangos, soleá por bulerías... pero como melodías
que van cambiando según un guión". El compositor apostilla
que ya descubrió su manera de hacer música hace años: "Veía
que los guitarristas al hacer una soleá, avisaban, la definían y
después tocaban falsetas: una de Niño Ricardo, otra Sabicas, otra
de Borrull, otra de Molina... Y me preguntaba que cómo se podía
hacer una obra con pedazos, que cuál era el entendimiento musical, que
cuál era la filosofía. Pero también había creadores
que construían una idea que exponían, desarrollaban y construían.
Ya con dieciocho años hacía mi música así". Así
hizo también este encargo: "Pensaba en lo que esa mujer podía
estar sintiendo, entonces la melodía asomaba y veía qué cara
tenía, después si era soleá o seguiriya o... Y esa construcción,
por ser andaluz de cuna musical, difícilmente va a salir oliendo a Toronto
o a Washington", sino a flamenco y cadencia andaluza. De este modo fue como
encontró la música justa para la historia dada: "Jamás
daré una opinión sobre mí, pero sí puedo decir que
soy honesto, tanto que ni un trozo de una obra me sirve para otra. Aunque quisiera,
no podría coger ni un fragmento para un concierto de mi repertorio. Me
cuesta más volver atrás y retomar que seguir creando. Crear es un
estado hipnótico".

Manolo Sanlúcar y Sara Baras (Foto: Daniel
Muñoz)
A propósito de la creación y ese antagonista que es el oportunismo,
el tocaor niega que sea un mal contemporáneo. Y pone un ejemplo de hace
más de cuatro décadas: "En un concierto, tocaban uno muy modesto,
cuyo nombre no voy a decir, y el genio Niño Ricardo. El más modesto
hacía un solo de guitarra, se soltaba de una mano y con la izquierda tocaba
un fandango. Eso es de circo, pero puso al público en pie. Después
tocó Niño Ricardo y la gente no se enteró de nada. Y hoy
ocurre lo mismo... o peor. Antes había gente que se esforzaba en comprender
un libro, hoy lo que no sea placer no interesa, no interesa la elevación
espiritual. Lo que ocurre hoy es lo que la gente permite".
Por ello, respecto a la experiencia de 'Mariana Pineda', destaca la cara amable
del trabajo en equipo: "Ha sido hermoso sentirse potenciado por los compañeros.
Uno es como una planta, que necesita que la rieguen". De hecho, no escatima
en elogios, con especial énfasis en la bailaora isleña: "Me
ha impactado la grandeza y la actitud de Sara Baras por desprenderse de ella misma
para situarse en un vacío de personalidad y asumir la de Mariana. Eso lo
he visto en muy pocos artistas. Lo normal es que, más que interpretar personajes,
hagan que los personajes se parezcan a ellos. En ningún momento he pensado
en hacer diez compases para que se luzca de pies, ni ella me lo ha pedido... y
eso es muy noble. He hecho la música adecuada a un personaje, con la idea
de hacer un ballet para Mariana Pineda, no para Sara Baras, y es lo que me ha
permitido buscar la música".
Esta actitud es lo que, a juicio de Sanlúcar, ha permitido que 'Mariana
Pineda' fuera "un trabajo más grato, extrañamente fluido para
ser una experiencia dividida entre artistas. En lugar de choques, he visto compenetración
de ideas. Cada idea que uno expresaba, los otros dos la sentíamos como
nuestra". Por ello comenta que "más que crear, parecía
recordar, como si fuéramos tirando del hilo de una madeja". Manolo
Sanlúcar, Lluis Pasqual, Sara Baras... y, como asegura el director escénico,
un cuarto personaje que permitía que "la mayonesa no se cortara":
Federico García Lorca.
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EL EJEMPLAR 'NO A LA GUERRA' DE MANOLO SANLÚCAR
Lluis Pasqual declinó, con tono defensivo, la invitación
del periodista a posicionarse contra el "ataque preventivo" a Irak orquestado
por el gobierno de Estados Unidos blandiendo un "no es momento de hablar de eso".
Separándose del compromiso de tantos otros artistas españoles, tampoco le pareció
momento oportuno a Sara Baras. Sólo Manolo Sanlúcar ejerció su derecho a opinar.
Y no se andó con rodeos. "Imagino que lo que nos pide el compañero es el compromiso
de expresarnos. Entiendo la posición de Lluis y de Sara, pero no la comparto.
Me expreso, no porque tenga las ideas más claras sino porque, como individuo que
pienso y tengo identidad como ser humano, siento ese compromiso". Y, dicho esto,
dio lecciones de elocuencia a más de un profesional de la política: "Lo que está
ocurriendo en el mundo es tan tremendo que como las personas no intervengamos
una a una, va a ser un desastre absoluto porque estamos dejando de tener opinión,
de tener tiempo para pensar, nos dejamos absorber por cualquier idea de turno
que emita un grupo". El compositor aseguró que "intervenir en la vida social es
lo único que podemos hacer en democracia, por medio de la palabra". Y alineándose
con el mundo de la cultura española dio su "apoyo a la gente del teatro que se
ha estado expresando contra la guerra porque aún hay mucho camino por recorrer.
Hay que dar más oportunidades a la vida de esas personas que pueden sufrir una
guerra y a algo más importante que a sus vidas, que es al respeto a la dignidad
humana, a la dignidad de los pueblos. Intervengo con énfasis porque el futuro
de los pueblos depende de que las personas podamos pensar y opinar". Se emocionó
y nos emocionó a aquellos que aún tenemos esperanzas en el pensamiento.
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