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MARINA HEREDIA.
FESTIVAL DE POESÍA DE GRANADA
Marina Heredia mece
la palabra
G. Cappa. Granada, 12 de mayo de 2005
Marina Heredia: cante. Bolita, Luis
Mariano: guitarras. Carlos Grilo, Manuel Salvo: palmas. Paquito
González: percusión. Clausura del Festival Internacional
de Poesía. Teatro Isabel la Católica. Granada
(España), 12 de mayo de 2005
Marina Heredia en la clausura
del Festival Internacional de Poesía de Granada
(Foto: Pepe Torres)
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Una mesa de escritor donde no existe más métrica
que el compás. Con este decorado comenzó ayer
el concierto de Marina
Heredia en el Teatro Isabel la Católica de Granada
que sirvió para clausurar el Festival Internacional
de Poesía y, de paso, para avanzar el contenido de
su esperado nuevo disco. La cantaora granadina se sentó
y comenzó a escribir en el aire lo que acabó
siendo un poemario de éxito. La primera línea
fue la ‘Soleá del amor desprendío’,
para completar después el párrafo con una seguiriya.
Delante de ella, un público mixto de flamencos y poetas
comenzó a desdibujar fronteras. Los poetas, algo más
tímidos, aún tenían que disimular el
ole espontáneo. Los flamencos no. “Reza por mí
todos los días, me dijo mi madre al morir”, cantaba
Marina, ya por Huelva. “Gloria a ti”, le respondían
desde el patio de butacas. Junto a la cantaora, Luis Mariano
y El
Bolita de Jerez afilaban metáforas en sus guitarras
junto a las palmas de Carlos Grilo y Manuel Salvo y la percusión
milimétrica de Paquito González. Marina se iba
entonando y acabó esta primera parte levantándose
de su silla para no volver ya a sentarse en el resto de la
actuación. Dio una última palma y se perdió
entre las cortinas.
Salió otra Marina, y no sólo por haber cambiado
el traje blanco de volantes por uno negro con un chal rosa.
A su espalda, una silla huérfana se daba cuenta que
el torrente también se cansa de estar estancado. La
cantaora se desperezó con elegancia, sin salpicar.
Así que, por tangos, la voz de Marina comenzó
a coger su tono característico, flamenco, con un amago
de desgarro silueteando cada letra. Aquí, el suelo
de butacas era ya una improvisada percusión y los pies
de poetas y de flamencos se dejaban llevar al unísono.
El hermanamiento total del público llegó con
‘Nunca fui a Granada’, el texto que Alberti dedicó
a Lorca tras ser fusilado y que la cantaora incluirá
en su próximo disco, ‘La voz del agua’.
Para este cuplé se hizo acompañar de un contrabajo
y un violín que permanecerían ya en el resto
del concierto. Le siguió el ‘Tango de las madres
locas’, canción de Carlos Cano que fue “un
homenaje a mí misma como madre”, dijo la cantaora
como presentación. Y la homenajeada homenajeó
al público, que recibió la canción como
un regalo de los que no se esperan, como hacen los enamorados
sin más motivo que celebrar la vida. “Con Maldivas
y sin Maldivas, grito tu nombre por las esquinas”, cantaba
Marina con su voz rajada abriendo un tajo en los espectadores.
Estaba a gusto. De ello daban fe sus caderas, que insinuaban
un amago de baile sutil. “Esta canción debería
ser el primer single del disco”, decían en el
patio de butacas.

Marina Heredia en el Festival
Internacional de
Poesía de Granada (Foto: Pepe Torres)
Después llegó el poema ‘La gran faena’,
del poeta granadino Manuel Benítez Carrasco, otro gran
cuplé. Acabó con un poema de José Bergamín
que dedicó a su nieto, Carlos Bergamín, que
participó en el Festival de Poesía. “Bueno,
con esto terminamos”, dijo Marina. “De eso nada”,
dijo un espectador haciéndose portavoz de todo el público
mientras la cantaora se retiraba del escenario. Cuando volvió,
miró a su guitarrista El Bolita con cara de interrogante.
“No sé qué podemos tocar porque hemos
agotado el repertorio hasta el año que viene”.
Así que se arrancaron por bulerías para dar
por terminado el concierto y el Festival de Poesía.
Al terminar, de entre la oscuridad, apareció otro
puente entre literatura y flamenco, sólo que a la inversa:
el poeta Félix Grande. “Ha sido emocionante y
Marina se ha entregado”. Poco más que decir.
revista@flamenco-world.com
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