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La fama y otras cuestiones del flamenco
(y tercera parte)

Mario Maya. Jerez, febrero de 2002

La multiplicidad de las corrientes que se conocen hoy en el flamenco, nos obliga a considerar su propia definición. ¿Cómo definir hoy a un artista flamenco? ¿Por las referencias clásicas, la sed de innovación, la madurez de la experiencia o el riesgo creador de la juventud? El hecho reconocido de que cada bailaor es único, nos pone frente a una dificultad a la hora de clasificar y dar nombre a diferentes bailaores y estilos. Con la intención de arrojar alguna luz sobre el tema, a continuación definimos tres estilos de baile que corresponden a tres formas de expresión, que hoy se puede reconocer en los diferentes artistas.


Mario Maya expone 'La fama y otras cuestiones del flamenco'
(Foto Silvia Calado)

Estilo primitivo: El que sigue la enseñanza flamenca dentro de los ambientes familiares.

Estilo tradicional: El que deriva de la práctica diaria, trabajando en locales y espectáculos tradicionales, y a través del estudio de los bailes y experiencias recogidas de los artistas que llevaron el flamenco a los escenarios.

Estilo académico: El que se enseña en las escuelas de baile y que sigue el aprendizaje a través de bailes coreografiados por una segunda persona.

También debemos nombrar las formar más genuinas de los temas o palos del flamenco:

Flamenco jondo. Manifestación artística en la que se interpreta el flamenco autóctono. Soleá, seguiriya, tangos y sus derivados.

Flamenco festivo. Es una manifestación artística que se caracteriza por lo rítmico de sus compases, en el baile y cante por bulerías, alegrías, rumbas...

Flamenco popular. El que se interpreta por bailes alegres, por ejemplo, sevillanas, fandangos de Huelva...

El baile flamenco no es sólo una incoherente secuencia de pasos. Este tiene un sentido estético musical y de buen gusto. Para que ese sentido fluya, hay que expresarse a través del lenguaje del cuerpo, con una disciplina rigurosa de ejercicios matrices que den claridad y flexibilidad de sincronización al movimiento, para así obtener todos y cuantos registros necesarios, como si de una voz se tratara.

Es importante que el bailaor o la bailaora, dedique su tiempo a profundizar en el estudio de los cantes y los toques tradicionales, para así, percibir las peculiaridades de los acentos y formas de interpretar un mismo baile en sus diferentes estilos... y así poder captar el aire y el soniquete de cada interpretación.

También hay que decir que la técnica es un medio, no un fin. No debe convertirse en un obstáculo que impida la erupción del volcán pasional. Al profesional le conviene sutilmente hacer uso de la técnica, ya que mientras más conocimiento tenga de ella, más seguridad tendrá a la hora de interpretar su baile. Ejemplo: la letra de cante, que en ese momento está interpretando el cantaor como apoyo al baile, corresponde a la acción del marcaje tradicional. El bailaor no debe en ningún caso interrumpir y sí respetar el clima entre guitarra y cante, ya que en este momento de la acción, el baile es el acompañante y tiene la obligación de conocer musicalmente la medida y el estilo, para así cerrar esta parte de la acción.

Hoy en día, cada vez hay un mayor desconocimiento de lo genuino, posiblemente, porque cada vez lo genuino está más oculto, más desvirtuado y apartado del original. Cada generación tiene menos oportunidad de conseguir unos conocimientos que sólo se transmiten in situ y que se adquiere a medida que se trabaja en los ambientes flamencos con los artistas tradicionales.

Pero también hay que tener en cuenta que reducir el cante a la mera afición es reducirlo a ser "compás más grito" o "grito al compás", síntesis abstracta del hombre y sus emociones. Por ello, el arte flamenco se ve obligado y resignado a una acción rebelde, tanto en la alegría como en el quejío. Expresión de la profunda alienación del hombre en una sociedad que lo acoge por su arte y lo rechaza por su medio social.

La crítica del pensamiento es, siempre, el punto de partida para la adquisición de nuevos conocimientos. Porque no hay arte sin reflexión de la realidad y no hay reflexión sin crítica. Anécdota: dice un aficionado al baile, al salir de ver la actuación de su admirado bailaor: "¡Qué fuerza, niño!" Pero yo les puedo jurar, que los que pisan la uva en Jerez también tienen mucha fuerza. El arte no es fuerza bruta, sino sensibilidad; no es virtuosismo facilón, sino gracia inesperada. Lo difícil del arte es hacer que parezca fácil, inexplicable... e indefinible.

revista@flamenco-world.com
 

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