Obituario. Juan Santiago Maya, Marote

Adiós, Juanillo...

Zata para Flamenco-world.com

El flamenco vive un año de pérdidas importantes. Naranjito de Triana, Manuel Soto Sordera... y, en septiembre de 2002, el guitarrista granadino Juan Santiago Maya, Marote. La generación de la época dorada de los festivales se acaba y las primeras bajas duelen. Es necesario haber nacido antes de 1955 para recordar el reinado, tan corto como absoluto de Marote, el de la sonrisa fácil y deslumbrante, pelo azabache embrillantinao y esculpido hasta lo alto, cazadora de piel con las hombreras más grandes conocidas, esa voz de sapo ronco y, por encima de todo, esa flamencura innata.

"Era un guitarrista que aportó mucho al mundo de la guitarra y, sobre todo, en la forma de rasguear, que todos los guitarristas copiamos de él. Yo, personalmente, destacaría su simpatía y alegría. Pero lo que más envidié de él fue su frondosa melena". Paco de Lucía

La influencia directa de Marote en el toque contemporáneo es innegable, a pesar de que la nueva generación apenas conozca su nombre. Allá por finales de los sesenta, la aparición del joven fenómeno de Algeciras tuvo un impacto tan grande que hasta el mismo Marote declaró que "este Paquito de Lucía nos va a borrar a todos...". Juan Maya había cometido el error de nacer demasiado tarde, concretamente, en el barrio granadino del Sacromonte en 1936 en la cueva que su familia todavía mantiene. Ya con corta edad participaba en las zambras o cuadros flamencos como bailaor. Él mismo contaba cómo una mañana, cuando todos los demás habían ido de compras, llegó un grupo de turistas pidiendo flamenco. El adolescente fue a buscar una guitarra y con unos cuantos primos ofrecieron una zambra en condiciones para el asombro y deleite del dueño, que decidió que, a partir de entonces, Marote sería el tocaor de la casa. Todavía no había cumplido los catorce años.


Juan Maya "Marote". Agosto de 2001

Muy pronto la joven promesa descubrió que un defecto congénito de sus manos le impedía tocar un rasgueado redondo y prolongado, elemento esencial en el acompañamiento del baile. Para compensar la falta fisiológica desarrolló una revolucionaria e ingeniosa manera de rasguear. Al principio se decía que era "el rasgueao de Marote", pero hoy en día se ha convertido en una técnica tan básica e imprescindible que ya nadie se molesta en etiquetarla.

"Marote ha sido imprescindible para los grandes bailaores y cantaores... un guitarrista excepcional y un grandísimo amigo". Antonio Fernández, Fosforito

Con quince años Marote viajó a Madrid para realizar unas grabaciones históricas con los grupos de María la Canastera y Manolo Amaya, las zambras más importantes del Sacromonte de entonces. Aunque el estilo de toque todavía no sea totalmente reconocible en esos discos, la identidad del tocaor es inconfundible... una y otra vez se escucha gritar: "¡Maroteeeee!". El año pasado, Juan recordaba aquellos tiempos de penuria con profunda nostalgia.

La carrera del granadino avanzó rápidamente. Con dieciocho años se estableció en Madrid y llegó a prestar servicio en los tablaos más importantes, en particular, Torres Bermejas y Los Canasteros, donde compartía escenario con Paco de Antequera, Habichuela, Manolo Domínguez El Rubio y Paco del Gastor, un núcleo de tocaores representativos de la época moderna prepaco. Era de los primeros artistas en atreverse a viajar a Japón, un territorio virgen cuya sed de flamenco era, y sigue siendo, insaciable.

"Un tocaor de fuerza, un pulgar fenomenal y una gran persona". Juan Habichuela

Por mediación de Sabicas, Marote se incorporó a la compañía de la legendaria Carmen Amaya, bailaora por la que profesaba la adoración más absoluta y viajó por las Américas con el grupo. También figuró como acompañante de artistas tan importantes como Antonio Gades, Bambino, Chocolate, La Paquera, Rafael Farina y muchos otros.

Al incorporarse al grupo de la bailaora Manuela Vargas y grabar el espectáculo en disco junto con su paisano Juan Habichuela, efectuó una auténtica revolución en el acompañamiento del baile y el cante. La caña, las cantiñas, el taranto, la petenera... puso su sello a cada toque y sus falsetas llegaron a ser las que los bailaores querían escuchar. Fue entonces cuando su famoso rasgueado dejó marca definitivamente: en todos los estudios de ensayo y academias de baile, los jóvenes tocaores se enseñaban mutuamente cómo realizar el truco del rasgueado de Marote sin el cual no eras nadie.

Luego vinieron las grabaciones con Fernanda y Bernarda de Utrera, que para algunos aficionados representan lo mejor de las hermanas. Con un toque flamenquísimo y dinámico, a la vez que respetuoso con las sutilezas del cante, ese sonido aplastantemente flamenco se ha convertido en clásico.

Pues bien Juanillo, esta vez la turné será más larga, pero tamaña fiesta que vas a organizar ahora con tu Carmen...

revista@flamenco-world.com
 

Más información

Entrevista a Juan Santiago Maya, Marote

 

 
Para pertenecer a nuestra cyberpeña flamenca mándanos
tu e-mail y te informaremos de todas la novedades:

 Home | Contacto | Publicidad | Mapa web