JOSÉ MERCÉ, ‘RUIDO’. TEATRO DE
LA ZARZUELA DE MADRID
Por encima de todo
S.C. Madrid, 26 de octubre de 2009
‘Ruido’. José
Mercé, cante. Moraíto, guitarra.
Diego del Morao y Daniel Méndez, guitarras. Güito,
cajón. Marce, Negro y Rafa, coros y palmas. Teatro
de la Zarzuela. Madrid, 26 de octubre de 2009. 21:00 horas
Aunque presentar un disco sin tener disco
es, en apariencia, un contrasentido, hay artistas que están
por encima de su obra y hasta de las agendas del mercado.
Y ese es el caso de José
Mercé. Por circunstancias ajenas a su voluntad,
la salida al mercado de ‘Ruido’ se va retrasando
y retrasando, pero la gira de presentación estaba
cerrada y ya en marcha. Arrancó hace
un mes en Jerez y ahora tocaba parada en Madrid, y nada
menos que en el señero Teatro de la Zarzuela. Allí
le esperaba su público y tener público propio,
entregado y numeroso, es un factor capaz de desintegrar
cualquier contratiempo. Además, quienes pagaron la
entrada sabían que obtendrían recompensa extra,
es decir, serían de los primeros en escuchar parte
de ese nuevo repertorio que aún está por salir
del estudio. Y así, como todos ellos esperaban, fue.
Ante todo, el cante de raíz. Pero
apenas se terminó de sentir la última exhalación
de la seguiriya, el cantaor jerezano cambió drásticamente
las tornas para ir estrenando un puñadito de nuevas
canciones. La intimidad del cantaor y su guitarrista, Moraíto…
Grande, dio paso al bullicio de grupo, con cajón,
las sonantas de Diego del Morao y Dani de Morón,
y un trío de palmas y coros. Y la profundidad del
cante hondo, dio paso a lo liviano de la canción,
eso sí, a compás de bulerías, de alegrías
o de “tangos raros”. ‘Contigo’,
‘Fe’, ‘Amanecer’ y, para rematar,
‘Ruido’ fueron algunos de esos hits que se desvelaron
en el tramo final de la noche. Mucho de romanticón,
poca sustancia en las letras… pero todo engrandecido
con la capacidad para la interpretación y para el
escenario de José Mercé.
Y, por ese don suyo, lo mismo da que cante
una malagueña del Mellizo o una coplilla cotidiana
de esas que le compone Isidro Muñoz. Siempre está
su potente voz, su sólida presencia en la silla,
la personalidad que imprime a cada tercio, esa manera suya
de acompañarse con las manos, de cruzárselas
sobre el pecho, de extenderlas y abrazar, de sonreír
generosamente incluso cuando la soleá aprieta...
La palabra cariñosa, el solo de Morao, la bulería
y la vueltecita, el fandango a pelo, el guiño a Madrid
y a su real equipo... Y el constante aplauso del público
jaleándole lo mismo un tercio que un estribillo.
Está todo eso, y eso otro que no tiene traducción,
por encima de cualquier circunstancia, incluida la de no
tener aún disco que sus fans puedan llevarse a las
manos. Claro que lo aquí vivido, que eso ni se vende
ni se empaqueta, seguro les compensará la espera.